jueves, 12 de julio de 2018

62. INOCENTE. De Ortiga



Estalló en una crisis nerviosa al recordar lo que le hizo a esa pequeña niña.
En aquel estado, el monstruo resolvió expiar su inconfesable crimen agrediéndose. Después de todo, su cuerpo había sido la herramienta de aquella atrocidad.
Recordó las mentiras que le dijo para engañarla y con una navaja se cortó la lengua de un tajo. Recordó con todo detalle la violación y con lágrimas de culpa se castró a sí mismo, dejando un charco de sangre entre sus pies.
Antes de desmayarse, recordó sus manos presionando el frágil cuello hasta ahogarla. Por eso se abrió las venas de ambas muñecas con un último alarido.
Solo entonces, el brujo dejó el muñeco vudú y encaró a su circunstancial patrona.
—El trabajo está hecho señora. Un suicido por acceso de locura, sin motivo ni explicación. Ahora es una mujer libre, rica y poderosa. Y pagará este favor, ya lo creo...
Seudónimo: Ortiga

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