jueves, 26 de julio de 2018

99. LOS HORRORES DEL ENCANTO. De Los Horrores Del Encanto



No entendía el encanto que me procuraba la vecina, pero su sonrisa era como un baúl de monedas de oro vigilado por serpientes venenosas.
El asunto es que un día, cansado del ruido ahogado del pájaro negro que cada noche emitía en el solar de la casa, de tener que esparcir sal en los rincones del patio y cruzar cuchillos cada tarde que caía con el sol de un atardecer que anuncia a los monstruos de la noche, salí con la escopeta y le atiné un plomazo en el lado derecho que hizo saltar por el espacio sus alas chamuscadas.
Dos días después y desde la acera de enfrente pude ver a mi vecina intentando barrer torpemente con una sola mano el frente de su casa mientras que un cabestrillo inmovilizaba su brazo derecho.
Algo similar al horror trepó con la velocidad del miedo por mi estómago y explotó como un pájaro negro en mi cabeza.
Seudónimo: Los Horrores Del Encanto

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