miércoles, 1 de agosto de 2018

114. INYECCIONES DE MIEDO. De Caminante



Llegué creyendo que era un paraíso, o al menos que sería el mío; estaba aburrida de tanto descanso obligado, y vine a colaborar con su progreso, creí que podría aportar mis dos manos y el alma, participaría y sería parte.
Quienes aquí habitan observan permanentemente extasiados cómo se esconde en el horizonte el sol, dicen que en el lugar se dan las puestas más bellas del mundo. Pero cuando el cielo toma ese tono rojizo que se mezcla en su azul y pasa a ser cada día de un color más mágico y diverso…, en ese momento…, el monstruo penetra a través de sus ojos para quitarles lo más importante que puede tener una persona y cualquier núcleo de seres humanos: les extrae la voluntad, anula sus deseos…; éste proyecto lo concreta inyectándoles miedos, la mayoría totalmente absurdos, bueno, como sueles ser siempre los miedos…
Me fue revelada ésta práctica en la cueva que se halla debajo de una imagen de la Stella Maris, o Virgen de los pescadores, en la Gruta de los Patos, junto a la piedra fundacional de la ciudad, allí se me apareció un espectro y me lo narró. Casi todos sus residentes desconocen que éstas aplicaciones de terror son las culpable de que quienes algo hacen lo dejen a medias, que no se enfrenten a nada ni a nadie, ni luchen por sus derechos, y  mucho menos por los de los demás.
Solo se salvan parcial pero suficientemente: los que  no miran las puestas del astro rey; quienes saben hacer suyo el antídoto, la energía alucinante que proviene de la tierra y cuyos puntos máximos de exposición dejó señalados el creador de la aldea…; y las almas que cuidan los animales marinos, o, simplemente, los aman profundamente y defienden en lo que pueden a los que atienden, sanan y protegen éstas especies.
Nadie sabe el motivo de todo lo que allí sucede…, pero tampoco nadie lo puede negar.
Seudónimo: Caminante

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