jueves, 2 de agosto de 2018

130. EL ENGRAMA. De Wilhuff



Si… Entiendo que ahora es como otra persona, pero ¿qué pueden saber los demás; si él es o no diferente al que percibimos hoy? El único que lo conoce bien desde hace tanto tiempo soy yo.
—Que letrero tan pintoresco —le comento a Nattie; "Transferencia de memoria canina¨. Caminamos por el bulevar y vimos a la gente con sus nuevas mascotas de transferencia, es interesante, por lo menos a ellos no los juzgan.
Nattie y yo entramos a la nueva librería Engrama. Los libros en físico tienen un nuevo auge, hace mucho que casi nadie los compra de papel, solo algunos coleccionistas o entusiastas de la lectura, la mayoría los lee en virtual o los escucha. Me deslizo con cuidado por el pasillo posterior de la librería, entro a un área de madera muy bella con un toque de antigüedad, — Nattie, sal a buscar a tu abuelo —le digo.
Nattie suspira y piensa —mi padre siempre se pone melancólico cuando salimos; además, es fastidioso cuando tengo que estar pendiente del abuelo Arnaldo, él siempre está absorto entre libros, imagino que le gustará entrar en la librería.
—Papá, que bueno que llegaron rápido. Mira, encontré una parte completa del ¨Museo hermético filosófico¨, quien diría, Paracelso y Kant uno al lado del otro. Por lo menos mírame…
— ¿Qué puedo entender de tu trabajo y de algo que yo nunca tendré? —responde mi padre.
Seudónimo: Wilhuff

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