sábado, 4 de agosto de 2018

149. UN BESO DE DESPEDIDA. De Membrillo Verde



Antes de ocultarse el Sol, sentía cómo su cuerpo ardía de indignación. Frente a sus ojos, aquella chica que tanto amaba, besándose con un cualquiera.
Y qué más puedo hacer, un pobre indigente como yo, frente a una elegante dama, quién había escogido a un iluso como pareja
Gritando de ira, se acercó a ellos, arruinándoles la escena. Con un brutal golpe en el rostro, agredió a su enemigo, quién tras el dolor en su mejilla izquierda, se lo devolvió sin percances.
"Entonces habrá que utilizar la fuerza bruta para arreglar asuntos", pensó.
Mientras todo se volvía oscuro, corría frente a la pareja para propinarles una patada en el abdomen, cosa que falló en el intento.
Su prometida, con cara de espanto, se acercó a él y le pidió que se retirara. Sin dar explicaciones suficientes, entendió que debía marcharse, aunque con indignación por la traición que sufrió.
Al llegar a casa, se acostó sin apuros. Creyó ya era de noche y no había nada que hacer.  Con mucho dolor en su rostro y algo hinchada la mejilla derecha, se durmió.
"Mañana será otro día", pensó.
Al día siguiente, se despertó, abriendo las cortinas de su alcoba de par en par, encontrando a su amada desnuda en el jardín. Pero aquella dama no estaba sola, sino diez hombres acompañándola.  Fue una locura, una experiencia que jamás pudo olvidar.
Bajó las escaleras y salió al jardín. La brutal paliza que recibió y un beso en la mejilla que su amada le dio de despedida. Creyó, fue un desenlace romántico y fatal a la vez.
Seudónimo: Membrillo Verde

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