domingo, 5 de agosto de 2018

153. TENGA UN BUEN DÍA. De Ekeko



Las puertas se abrieron. El vagón del metro no estaba lleno. Todos los viajeros nos podíamos mirar con aburrimiento. Una joven subió, sus manos delicadas sostenían un excesivo ramo de flores envuelto en un papel impreso con la frase: "Tenga un buen día"  La pareja cerca a la puerta se abrazaba y su postura no reflejaba ninguna incomodidad, ni siquiera para la anciana sentada frente a ellos, quien leía con serenidad su libro. Detrás de la pareja había un póster del museo con los nombres de Kandinsky, Mondrian y Pollock.  Al salir pasé cerca a la del ramo de flores quien miraba hacia la nada.
La explosión ocurrió cuando yo ya caminaba fuera del subterráneo. El remezón nos arrojó a los transeúntes en diferentes direcciones, mi cuerpo cayó a suelo y me golpeé la cabeza con un muro. Las sirenas ahogaron los gritos. Nadie allá abajo sobrevivió. La causa: Probablemente alguien tenía la bomba en uno de los vagones.
Meses después, ya algo recuperado, busqué la foto de la joven del ramo en los obituarios de las víctimas. No la hallé. Ni siquiera pude encontrar alguien que ligeramente se le pareciera. El golpe en la cabeza me dejó secuelas extrañas como un ligero crujir del cráneo, un miedo a viajar en subterráneo y un pequeño malestar cada vez que me cruzo con ramos de flores.
Seudónimo: Ekeko

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