domingo, 5 de agosto de 2018

161. 12AM. De Maraquey



Medianoche, pintoresco marco de acontecimientos sobrecogedores, nada envidiable a esa noche tres meses atrás. Rebeca se desespera, el miedo se adueña de su cuerpo a medida que el cielo ensombrece, sabe cuando el día muere el perfil de esa mujer brota en su mollera.
Pero esta noche no, se prueba a sí misma, no debe persistir aferrada a un recuerdo confuso. Se dispone a desatender cualquier foso de sospecha, un par de ansiolíticos, deseable remedio para aliviar el yugo de la existencia.
Son las diez, hora de dormitar. La vida solitaria que la invade desde hace tiempo ha hecho mella en su ser, parte de sus emociones se han disipado por el camino, pero el miedo sigue turbando el instante en   el que ahoga el foco de luz.
Se nota modorra, las píldoras son la vía de fuga para las almas perturbadas.
Los ojos pesan, el torso emerge sobre un laxo jergón de saldos. Y una visión.
Un camposanto en jornada diluviosa, una lápida cubierta de madreselva, Rebeca Núñez, su referida tumba, se estremece con el pensamiento que bajo sus pies se haya su cadáver inerte, percibe una figura cerca, una garra en su hombro, la parca musita palabras ininteligibles.
Doce de la noche, la secuela paliativa parece haberse disipado, transpira por cada aterrado poro de su tez, abre la vista, totalidad opaca, calma Rebeca, capto una forma que curiosea desde la abertura del ropero, ni hablar, será un delirio, insiste en cerrar los ojos, pero no desaparece esa sensación de estar escoltada por alguien más en la alcoba. Más somníferos, evasión, siente un peso liviano sobre su cuerpo, la droga le hace tener alucinaciones, como esa mano que ahora mismo está percibiendo sobre su cuello, faz, entorna las retinas y aprecia impecable el rostro a penumbra de su hermana fallecida hace tres meses atrás, su aliento roza su oreja, nunca conseguirás escapar de tu pasado Rebeca.
Seudónimo: Maraquey

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