domingo, 5 de agosto de 2018

163. RAIMUNDO. De Patemar



El sol es cubierto por las opacas nubes que se acercan sigilosamente, sin titubear. La localidad queda a oscuras cuando esto sucede; sólo dura unos minutos, en los cuales puede acontecer cualquier cosa.
Nadie se atreve si quiera a encender velas en el temor de que el visitante acceda a su hogar y se instale o peor aún, les agreda. En esos instantes todo el pueblo queda paralizado e impregnado de un silencio sepulcral salvo en la cueva de la montaña que lo rodea, y desde la que se propaga un repetido lamento convertido en un contundente eco: "¡No fui yo quien la asesinó, no fui yo quien la asesinó!"
Según la leyenda transmitida en generaciones pues hasta ahora nadie ha descubierto la razón de este hecho, Raimundo fue un fabricante de ungüentos para enfermedades nacido en 1583 que con los años, creó uno al que denominó Verdad. Tenía por costumbre comprobar en su propia persona los efectos de los mismos y al impregnarse de este último, comenzó a propagar la verdad de cada acontecimiento en el que intervenía. Una mañana en que acudió a esa localidad para vender su producto, vio cómo el joven confidente del rey mataba a la benjamina de las princesas pues ésta le rechazaba y al denunciar lo acaecido, nadie le creyó. Por el contrario, él fue acusado de asesinato pero antes de que lo encerraran en la mazmorra, logró escapar escondiéndose hasta su muerte en la referida cueva. Desde entonces y un día al año, la guarida se ilumina inexplicablemente y escuchándose por cada rincón del pueblo, esa repetida frase."
Y mientras las personas perecen y la tecnología se transforma, el espectro de Raimundo vaga indefinidamente para instalarse unos minutos, como siempre, cada 13 de julio…
Seudónimo: Patemar

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