lunes, 6 de agosto de 2018

166. FOBIA SOCIAL ANTE EL ESPEJO. De Henry Howard



Perdóname si te parezco borde o distante durante el trascurso de esta conversación. Si me conoces un poco sabrás que la retórica no es uno de mis puntos fuertes. Reniego de la gente pero, ¡espérame!, ¡no te vayas! Aunque ten presente que tu compañía no me es en especial grata, haré un esfuerzo por intentar entablar una conversación sin que el aburrimiento ni el tedio que seguramente vaya a sufrir mi espíritu, se refleje en mi cara. Entiéndeme si me distraigo, pues mi fobia social me invita constantemente a no escuchar cuando me hablan, y si alguna palabra o frase logra alcanzar mi conciencia, la interpreto como mejor me conviene y depende directamente de mi estado de ánimo. No te enfades. No es por ti. No te vayas y me dejes así, aunque es fácil deducir de mis palabras que me daría completamente igual. No tengo ningún interés en tu persona, pero ya que has venido a preguntar, voy a poner todo de mi parte por contestarte. Lo primero que quiero decirte es que no tengas miedo. Aun con mi grave trastorno, no soy peligroso. Pero espera. ¡Detente un momento! ¡Deja de imitarme! ¡Maldito loco! ¡No te aguantas ni a ti mismo!
Siempre le había gustado hablar solo. Mucho más de lo que se pueda considerar habitual. Todavía escurrían por el espejo los sesos cuando lo encontraron. Él mismo se había machacado la cabeza.
Seudónimo: Henry Howard

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