lunes, 6 de agosto de 2018

175. CRISTALINO. De Renata Tresdedos



Mi mala suerte se me cruzó en la AP46 cuando el tipo de la  Sportster 883 se estampó contra el cristal delantero de mi coche y lo pulverizo lanzando una lluvia de agujas a mis ojos.
Desde el día en que me desperté con sus ojos, he dejado de ver las cosas como antes. Mientras él descansa tranquilamente bajo tierra, con las cuencas vacías, sin que nada le perturbe, yo tengo que aguantar su mirada, que lo tiñe todo de rojo. El cielo rojo. La carretera roja. El volante rojo. ¿Quién sería ese tipo, y porqué se cruzó en mi camino a doscientos kilómetros por hora?
Las cosas que antes me gustaban ahora me aburren. Porque con mi cristalino se ha pulverizado mi memoria y lo que veo con sus ojos me resulta insoportable. Mujeres de uñas largas con sonrisas de serpientes. Bíceps abultados como huevos de avestruz. Risas y blasfemias durante toda la noche. Y luego una carretera obscura y negra hasta que aparecen las luces blancas de ese coche.
Hoy por fin me he decidido acabar de una vez por todas con esta pesadilla. Me los voy a despegar de la cara con una cuchara caliente y a tirarlos en la curva de la AP-46 donde empezó mi desgracia. Para que las motos los aplasten como a dos cucarachas. Y se peguen como una papilla a las ruedas de los coches. Así sus ojos dejaran de molestarme con todas esas cosas que no quiero ver. Maldita suerte. Ese tipo del Sportster se llevó la mejor parte.
Seudónimo: Renata Tresdedos

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