lunes, 6 de agosto de 2018

179. OJOS ESTELARES. De Narsil



Nunca pensé que un hombre pudiera oler a animal asustado, a podredumbre, a muerte; pero así huelo. Tiemblo de pies a cabeza, presa de la fiebre. Desde hace tres días no duermo y esta comezón insoportable me arrastra poco a poco a la locura. Tengo la mano vendada pero aun así el escozor es muy fuerte y el sentimiento de ansiedad intenso.
Recuerdo con claridad esa calurosa noche de verano con el cielo lleno de estrellas; no podía dormir y salí al porche a fumar un cigarrillo cuando de pronto el cielo se iluminó y la oscuridad fue rota por una luminosidad cegadora. Fue la curiosidad, mi maldita curiosidad la que me arrastró a buscar el objeto que cayó del cielo creyendo que estaba por descubrir algo maravilloso, ¡estúpido que fui! Sólo encontré un pedazo de piedra espacial, aún caliente y hay voy a moverlo con los pies descalzos, a tocarlo con las manos, a cargarlo para después arrojarlo cuando vi que no era más que piedra del espacio, sin chiste alguno. Llegué a olvidar esa noche y el incidente, hasta hace dos meses que desperté con una horrible comezón en el tobillo izquierdo, tenía enrojecido y alrededor pequeñas ámpulas; la comezón se hacía insoportable y ninguna pomada mejoraba la sensación. Una noche mí visión se convirtió en mil y casi pierdo el equilibrio, vi con claridad el piso y las paredes de la casa aunque tenía los ojos cerrados debido al intenso mareo, las ámpulas se habían abierto y transformado en pequeños ojos. Me vendé el pie y la comezón se intensificó, aunado a la ansiedad de esos ojos deseosos por abrirse, hasta que con mi hacha corte de tajo el problema amputándome el pie; en ese momento creí haber ganado la partida. Pero llevo una semana lleno de miedo y desesperación, en la palma de la mano izquierda me aparecieron esas mismas ámpulas que me matan de comezón por ver, ya que las obligo a estar ciegas por la venda que me apliqué. Si esto continúa un día más, pondré la mano sobre la estufa con la hornilla encendida a máximo calor. Esos malditos ojos estelares no me van a ganar, juro que no permitiré que se salgan con la suya los malditos; aunque en ello se me vaya la vida.
Seudónimo: Narsil

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