martes, 7 de agosto de 2018

183. EL KARMA DE MARSHALL. De Diego Round



Lord Marshall III fue un tipo desalmado y temerario que dedicó gran parte de su vida a la cacería deportiva. De los murales de su castillo brotaban las cabezas de 95 especies, en su mayoría felinas: leones, tigres, leopardos, etc.
En aquella época, en Londres, había muchos ricachones aficionados a la caza, que se embarcaban hacia sitios recónditos en busca de nuevas especies. A Marshall le preocupaba la existencia de un cazador en especial: el conde Douglas Gordon I, quien tenía una colección mayor que la suya: 140 en total. Por eso tomó una decisión descabellada: se embarcó hacia América y peregrinó durante meses, de norte a sur, masacrando aborígenes a diestra y siniestra. Muchas veces fue agredido por integrantes de diferentes tribus, incluso llegó a recibir un flechazo que le atravesó una pierna. Pero eso no lo detuvo. Regresó a Inglaterra tras casi un año de travesía. Al llegar a Londres se encargó de hacer embalsamar 30 cabezas indias para exponerlas en un escaparate de oro y cristal. Quería que aquella pomposa vitrina fuese el plato fuerte de su colección.
El 13 de febrero de 1891, dos agentes de Scotland Yard acudieron al castillo tras ser notificados por el mayordomo sobre la desaparición de Marshall luego de ofrecer un banquete. Lo buscaron sin éxito durante semanas. Cuando ya casi habían perdido las esperanzas de encontrarlo, en una última inspección por el castillo, descubrieron la cabeza de Lord Marshall, expuesta en la vitrina junto a las indígenas, untada con betún y con una peluca negra que la hizo pasar desapercibida.
Seudónimo: Diego Round

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