martes, 7 de agosto de 2018

185. EL ESPEJO. De Palmira de Pisán



Entré en aquella tienda atestada de muebles de estilo rústico, imitando a lo antiguo y decadente de siglos pasados. Buscaba una mesa consola auxiliar para el recibidor de casa, en realidad para la pared junto a la puerta de entrada, ya que en nuestro pequeño piso no había sitio para albergar ningún recibidor.
Pero ví ese espejo en la pared del fondo, me atrajeron sus volutas barrocas en madera ennegrecida pero cruda, y su reflejo oscuro, muy oscuro, tanto que brillaba como el metal, como la plata o como un charco de denso mercurio colgado en la pared, con sus bordes picados y oxidados, y el marco carcomido.
 --¿Qué precio tiene el espejo?—pregunté -- ¿Qué espejo? Nosotros no tenemos ni vendemos espejos.
Me quedé un poco perpleja, no sabía muy bien que decir, pero el espejo me tenía hipnotizada, así que insistí: --- Me refiero a ése. La dependienta se giró y lo vió, se quedó mirándolo fijamente, muy quieta. -- ¿De dónde ha salido eso?, oiga perdone—me dijo después de girarse bruscamente—es la primera vez que veo ese espejo, no sé quién lo ha traído ni que hace aquí, permítame que haga un par de llamadas y ya me pondré en contacto con usted. Le dejé mi número de teléfono a la espera de que me llamara, pero los días pasaron y no recibí llamada alguna.
Hay lugares que parecen malditos para los negocios, locales en los que rotan diversos y diferentes negocios unos tras otros pero ninguno termina de prosperar; ése era el caso de aquella esquina. Cuando un par de días más tarde volví a pasar por allí la tienda estaba cerrada, y vacía…. con un par de sillas en su interior y mucho polvo, restos de cartones y papeles de embalar por el suelo…. parecía que hacía años que fuera abandonado… Imaginé que el espejo misterioso tenía algo que ver en la liquidación misteriosa de la tienda, que lo engulló todo como un agujero negro, borrando su existencia y dejando un rastro polvoriento de tiempo pasado.
Seudónimo: Palmira de Pisán

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