jueves, 9 de agosto de 2018

220. LA PRUEBA. De Celend



La tierra pasó por encima del hombro de Barti por decimotercera vez. El hoyo se había agrandado bastante y seguía sin encontrarlo.
—¿Seguro que está aquí?—preguntó Barti.
—Sí, vi como lo enterraban con mis propios ojos..., ¿por quién me tomas?—respondió el hombre bostezando.
El aire olía a tierra mojada. Había llovido y eso solo empeoraba el trabajo.
—¿Podrías ayudarme un poco?—pidió volviendo a cavar.
—Yo no fui quién se empeñó...
Barti suspiró fastidiado y escupió. Tenía tierra en la boca. Era granjero por lo que solía gustarle el sabor de la tierra húmeda, en esos momentos la odiaba.
Volvió a hundir la pala y la tierra le respondió con un fuerte <<clonk>>. Con una sonrisa, empezó a apartar la tierra con las manos hasta que asomó el ataúd, y lo abrió.
Allí estaba el cuerpo. Lívido, postrado sobre un lecho de madera. No había duda.
—Pues tenías razón—dijo Barti.
—Te lo dije, ¿podemos irnos ya? Se me acumula el trabajo.
Barti salió del hoyo y dio varios pasos alejándose antes de volverse preocupado.
—¿Se va a quedar todo así?—preguntó.
El hombre se giró y miró el desastre con sus cuencas oculares llenas de una luz verde. Chasqueó los dedos y todo regresó a como estaba antes.
—¿Te pasa muchas veces? La desconfianza sobre si has muerto.
—Te sorprenderías—dijo riendo—. Ayer me encontré con un mercader al que habían dejado empalado a su propio carruaje. Se mira y pregunta, <<¿estás seguro que ese soy yo?...>>
Los dos hombres se alejaron desapareciendo poco a poco al mismo tiempo que sus voces se elevaban en una conversación informal llena de carcajadas.
Seudónimo: Celend

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