jueves, 9 de agosto de 2018

228. LA CASA. De Sorelestat Serna



Tomó el arma y decidió entrar al escuchar dos nuevos disparos y los gritos de una mujer.
—No vaya, ese lugar es peligroso —dijo una anciana detrás de él.
El joven policía no dijo nada y fue hacia la puerta.  Cuando su pie tocó el umbral de la puerta, sintió que algo le oprimía el pecho, por un instante quiso devolverse, pero al saber que había una persona en peligro le hizo seguir adelante.
Apretó el revolver con ambas mano y entró. Al tercer paso se encontró con el gato que había sido devorado hasta la mitad. El ambiente se enrareció y se le dificulto respirar. El sudor empezó a mojar su camisa. Continuó avanzando, la puerta se cerró con un golpe seco y él quiso gritar pero los sonidos no brotaron de su garganta. Con el zapato pisó una mancha de sangre que venía de la cabeza abierta de una anciana, el hacha aún estaba pegada al cuerpo. Pudo ver que el perro había sido despedazado parte por parte. El olor era insoportable, algunas moscas volaban los cadáveres, el policía vomitó.
Volvió a la sala y comenzó a subir al segundo piso... cada paso que daba pesaba más que el anterior, aun así logró llegar. Observó el cuarto del bebe abierto, de la cuna caía un chorro de sangre, así que no quiso mirar para no encontrarse con el horror que hubiera allí. En el pasillo estaba una mujer colgada con una cadena que le había destrozado el cuello.
—Tal vez fue ella la gritó —exclamó tratando de darse fuerza. Retrocedió, un paso, dos pasos, buscando la escalera, el pasillo parecía haber crecido y no tener fin. Algo se movió, él dejó caer su arma. Esta se disparó  y el proyectil le rozó la cara. Ese algo volvió a moverse, él se paralizo, lo que fuera saltó sobre el policía. Todo se oscureció…
Seudónimo: Sorelestat Serna

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