jueves, 9 de agosto de 2018

232. EL ÚLTIMO. De Álec



Escribo esto en mis últimos suspiros. Yo soy el último. El único que queda con vida, aunque sea por poco tiempo.
Pues él ya viene.
 Y acecha mi refugio día y noche, araña las portezuelas de metal. Le oigo reírse de mi desgracia, y del llanto que precede a ese pánico atroz que me corroe al verme atrapado cómo un cervatillo en una manada de lobos, sabedor de mi cruel destino.
Todo comenzó hace unos meses, cuando los muertos aparecieron ante nuestros ojos. Se levantaron de sus tumbas y fueron a nuestro encuentro, aterrados y despavoridos.
Aún recuerdo ese día y del horror que me invadió cuando vi a esos seres inmundos, con sus cuerpos putrefactos y las cuencas vacías, acercarse hacia nosotros, los vivos. Estábamos aterrados y la gente huyó despavorida. Pero sólo querían ayuda, buscaban que los protegiésemos de un peligro desconocido. Y, sin embargo, nosotros los recibimos con balazos y bombas. Les volamos la sesera y esparcimos sus jugos gástricos en mitad de la acera.
Y ahora ya no hay más muertos, ni más vivos. Todos han caído en el olvido. Pues acechante y desgarradora; estaba ella.
La sombra olvidada.
La Nada, que anhelante, esperaba en la ignorancia para atacarnos.  
Seudónimo: Álec

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