jueves, 9 de agosto de 2018

235. MALOS TIEMPOS. De Raíz de Ceibo



En las calles de la ciudad apenas se escuchaban los ruidos del viento siseante de febrero. Roger había adquirido la habilidad de dormir con un ojo abierto, y los sentidos alertas, porque en cualquier momento el fuerte  podía ser atacado. La mayoría de los zombies se habían  marchado hacia comunidades más populosas, pero aún quedaban algunos solitarios que sorprendían en una esquina  oscura, o se lanzaban al cuello desde una ventana rota. De pronto Roger  escuchó algo. En un reflejo agarró el mango de su machete y lo apretó con fuerza. A la linterna apenas le quedaban baterías. El ruido llegaba desde el comedor. Roger se escabulló entre las sombras y divisó el cuerpo grueso con las manos extendidas y un andar errático y pesado. No lo pensó dos veces. Una pequeña carrera lo colocó ante el monstruo y el machete hizo lo suyo haciendo caer de un solo tajo  la cabeza ensangrentada sobre la alfombra. Unas manos temblorosas encendieron la lámpara de keroseno. La pequeña Marie asomó el rostro detrás de las cortinas.
─Mamá… ¿Qué sucede? ─preguntó la niña en un sollozo.
─Vuelve a la cama ─dijo la mujer a la pequeña.  Luego miró a su padre decapitado en el suelo y a su esposo  que escondía el rostro tras unas  manos  inseguras. ─No te castigues, amor. Son malos tiempos para ser sonámbulo.
Seudónimo: Raíz de Ceibo

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