jueves, 9 de agosto de 2018

241. EL FOSIL. De El Fósil



Coleccionista compulsivo de amonitas, Primitivo Pedraza se sentía orgulloso mientras contemplaba la mejor pieza de su pasatiempo. Se trataba de un espécimen de tres metros de diámetro y sin ninguna fractura en su armazón. No obstante, lo más particular era la consistencia de su estructura, que en lugar de arcilla endurecida, parecía hecha de nácar. Diríase que aquel ejemplar estaba vivo.
Por ser el mejor hallazgo de su colección, conformada por más de dos mil piezas, con magnitudes inferiores a los quince centímetros de radio, el fósil ocupaba la mejor alcoba de su casa, rodeado de luces, dentro de una enorme vitrina. Primitivo por su lado, dormía incomodo, en la sala, felizmente inmerso en su fantasía jurásica.
Una noche, Primitivo escuchó ruidos en la recamara. Intrigado por el arcano decidió adentrarse al interior pensando en la posibilidad de que su objeto preferido fuera dañado por algún ladrón o algún animal, ignorante de su valor. Al abrir la puerta se encontró con una visión espantosa: El molusco se había desenrollado, cambiando su forma de caracol, metamorfoseándose en un enorme gusano surgido de la capa irisada, crisálida de la bestial criatura. Primitivo, incapaz de  reaccionar, fue atrapado por el verme, que poniendo una asquerosa ventosa sobre su rostro, a través de la cual expulsaba una baba corrosiva, lo fue succionando, hasta que tan solo quedaron los zapatos, impregnados de un asqueroso líquido verde.
Seudónimo: El Fósil

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