viernes, 11 de junio de 2021

12. EL TREN DE LAS 8:15. De David

 

 

Los rayos y truenos se adueñaron del cielo mientras el agua caía a cántaros sobre las vías. Todo el mundo se apresuró a buscar refugio bajo el porche del andén de la estación. Sin embargo, el tren de las 8.15h llegó puntual. Subí al vagón adecuado. El tren se puso en marcha acelerando progresivamente, ajeno a las inclemencias del tiempo. Por mi parte permanecí en un rincón en tanto me dedicaba a observar los tejemanejes de los pasajeros. El joven que escuchaba música por los auriculares, una adolescente jugando con el móvil, el ciclista que no se había quitado el casco, un grupo de alegres excursionistas cargados de mochilas, el chico que lucía vaqueros gastados con un patinete eléctrico, una madre sudafricana cubierta con velo y ataviada con una llamativa túnica y su revoltoso crío, una señora que sonreía condescendiente mientras leía un libro, un friki con traje de ejecutivo trabajando en el portátil, la maestra que corregía hojas anotando garabatos en el borde de las páginas, la fogosa pareja que no paraba de hacer manitas. Y ahora perdonadme, ya que tengo que fijarme bien en los que han de salvarse, dado que dentro de poco el tren sufrirá un trágico accidente. Dilucidar quién merece vivir y a quien dejar morir, es un aprieto farragoso que entraña responsabilidad. Me limito a rozar a los afortunados con un etéreo contacto, que les hará salir indemnes del infausto descarrilamiento. Algunos alegarán que su salvación ha sido por gracias a la providencia, otros lo achacarán al milagroso capricho de los hados. Pocos acertarán la verdadera razón: cuestión de azar. Pues sí, ese soy yo. Después de todo, nadie ha dicho que mi profesión sea sencilla.

Seudónimo: David

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.