sábado, 19 de junio de 2021

16. LUNA NUEVA. De Nahual Urbano

 

 

Nunca he buscado una cura para mi condición, no me interesa. En cambio, he desgastado los caminos en la búsqueda de mis congéneres. No somos salvajes, como insisten en retratarnos. No somos salvajes, pero, claro, tenemos necesidades. Decir que sufrimos de una maldición es una estupidez: Nada iguala la sensación victoriosa de quebrantar en las fauces los huesos de una presa viva, de la sangre corriendo caliente en la mandíbula, en la lengua, en la garganta. No es culpa nuestra que el mundo moderno, obcecado y suicida, haya acabado con los bosques y las selvas que habitábamos antaño, y los haya convertido en ciudades. La vida en las ciudades es ingrata para nosotros, los nahuales, sobre todo cuando nos convertimos en criaturas consideradas peligrosas. Es falso que sólo salgamos en la luna llena. Lo que pasa es que en la antigüedad esas noches de claridad eran las únicas en que los humanos, esas criaturas inferiores, podían descubrirnos, pues nuestro sigilo es legendario. Pero ahora, todo está impregnado de luz. De esa horrenda luz blanquecina, cuyo zumbido perpetuo se cuela de continuo en nuestros sensibles oídos. Tenemos que escondernos en las zonas solitarias de las ciudades, que normalmente también son las peores, camuflarnos en las sombras, disfrazarnos de la escoria que las puebla. Y entonces, cuando el momento es adecuado, devorar a los incautos.

Seudónimo: Nahual Urbano

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