viernes, 25 de junio de 2021

19. EPIFANÍA. De Mardoso Taburu

 

 

Apuró el paso. Era tarde y quería llegar a tiempo para acabar de una vez con el negocio más sencillo de su vida. Tenía el dinero en el bolsillo y esa noche debía llevarlos con "él" para que lo aprehendieran.

-Lo que pase después, ya no es asunto mío –murmuró entre dientes.

Vio a lo lejos el palacio. En sus jardines le estarían esperando los sacerdotes y los guardias, tal como lo acordaron el día anterior. La rapidez con la que le habían soltado las monedas y el tono de alarma que en las palabras del líder no le hacían guardar ninguna duda de ello.

Estaba a unos metros de la entrada cuando se detuvo repentinamente. Sintió como si un rayo le hubiese atravesado el cuerpo desde la coronilla hasta los pies, y, de pronto, lo vio todo con claridad.

-¡Estúpido! –se golpeó la sien con la mano derecha–. Te obsesionaste tanto con este trabajo de mierda que estuviste a punto de arruinar el negocio de tu vida.

Después de permanecer un rato de pie, se enjugó el sudor de la frente, tomó una bocanada fuerte de aire y se dio la media vuelta con un andar despreocupado. La suerte empezaba a sonreírle.

El local era un verdadero éxito en la ciudad. Los hombres lo abarrotaban todos los días y confirmaban asombrados que el letrero de la entrada no mentía. Escrito en arameo, griego y latín, decía: "Taberna de Judas. Tenemos los mejores vinos del imperio a los precios más bajos. Usted trae el agua y nosotros la convertimos en vino".

Seudónimo: Mardoso Taburu

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