martes, 8 de junio de 2021

9. PESADILLA. De Chinaski

 

 

Fue terrible. Aceptablemente podría haber sido un proceso onírico que nos hiciera exclamar al despertar: ¡vaya pesadilla! Al principio aún la escuchábamos cuando venía con sus reclamos absurdos. Pasábamos minutos extenuantes resistiendo los delirios hostiles de un ser cuyos rasgos de persona se irían transformando precipitadamente hacia alguna forma de demonio.

Llegaba siempre obsesionada con legalidades incoherentes. Lucía y yo convivíamos en la mayor y más agradable armonía posible, pero en cuanto conversábamos un poco animadamente golpeaba nuestra puerta para recordarnos que después de las veintidós no estaban permitidos los ruidos molestos. La disposición de los departamentos y la estrechez del pasillo que nos separaba propiciaban que nuestra insólita vecina pudiera desarrollar su enérgica psicosis; era de esos individuos que, encerrados en su mundo, pretenden adueñarse de otras vidas mediante un contacto violento que haga realidad sus fantasías.

Cuando despertamos una mañana y hallamos la primera nota que nos había dejado, sentimos algo de comicidad; luego, con las siguientes, comenzamos a sentirnos verdaderamente atrapados en una trama sumamente trágica.

Una noche se acercó hasta nuestro umbral y balbuceó unas palabras inentendibles a modo de trampa para que le abriéramos.

─¡Andate! ─gritamos al unísono con Lucía.

Y hubo silencio hasta que sonó el teléfono.  

Seudónimo: Chinaski

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