viernes, 2 de julio de 2021

22. LA CONFESIÓN DEL PROFESOR LIDENBROCK. De Hans Islander

 

 

Persuadir a mi sobrino Axel no fue fácil. La idea de entrar por el cráter de un volcán hasta las entrañas más profundas de la Tierra le aterraba y, además, su enamoramiento de la hermosa Grauben lo retenía en Hamburgo. Mis argumentos no le convencían: que Arne Saknussemm ya lo había hecho; que nos haríamos célebres; que la bella virlandesa le abriría sus brazos al regreso… Nada era eficaz. Al fin logré su aceptación cuando acudí a la hipótesis de Humphrey Davy quien sostenía que la Tierra se había calentado por la combustión de su superficie compuesta principalmente de potasio y sodio, metales propensos a inflamarse al contacto del aire y el agua. Durante la formación del globo –conjeturaba el sabio–, estos metales habían ardido al precipitarse los vapores atmosféricos en forma de lluvias incesantes que, al penetrar por las fisuras de la corteza terrestre, causaron conflagraciones y explosiones subterráneas determinantes de la formación de los volcanes como salidas de esas fuerzas internas. La corteza exterior se había enfriado primero; el interior se enfriaba (de ahí que los volcanes ya no fueran tan numerosos como en los primeros días del mundo). Lo que no le dije entonces fue la conclusión de Davy: "Si mi hipótesis es exacta, la superficie actual del globo apenas es una costra delgada alrededor de un núcleo de materia fluida ígnea".  

Seudónimo: Hans Islander

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