domingo, 25 de julio de 2021

38. VIAJE. De Orzuelo

 

 

Una mañana la protagonista de esta historia recibio la señal: era ya el momento de emigrar hacia el sur. Sus congéneres hacía días que habían empezado a hacerlo, llegaban los meses fríos y su mente les indicaba que debían marchar.

Era una mañana fresca, con un sol tibio y unas nubes que no auguraban nada bueno. Un vientecillo empezó a soplar, anunciando una posible tormenta. Inició un movimiento rítmico y pausado con sus alas, preparándose para el largo trayecto que debía hacer.

El camino que tenía que seguir, o más bien el espacio, era muy largo y variado. Nada parecido a algo monótono; por el contrario, debería atravesar diversos valles y montañas y seguir el curso de distintos ríos, más o menos caudalosos. Algunos con un caudal importante, otros menos grandes, y debería dejar atrás desfiladeros, pasos estrechos entre montañas, donde ciertos ríos forman rápidos.

Y empezó la aventura: inició su marcha, cogiendo pronto una velocidad estable, ni demasiado rápida ni excesivamente lenta; justo en su medida. Junto a ella, cientos de lepidópteros Monarca hacían lo mismo.

Se dirigía en línea recta, directa hacia su destino, mucho más al sur. Concretamente, a unos cinco mil kilómetros.

Debía refugiarse a tiempo, antes de que bajara la temperatura. Un día decidio acercarse a una charca para beber y descansar un poco. En eso estaba, cuando se le acercó un joven moreno que la miró fijamente, con un cazamariposas en la mano.

Ella le dijo:

—¡Hola!

Y se lo tragó entero. Porque algunas mariposas hablan y son carnívoras.

Seudónimo: Orzuelo

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