domingo, 22 de agosto de 2021

13. FUEGUITO FATUO. De Adbekunkus

 

 

¡Yo la he visto!

¡Amalaya me persigno

cuando pienso en la luz mala!

Fascinadora y acojonante,

brilló en la madrugada

de un seis de enero

día de mi onomástico,

¿señal de que estoy marcado

como el ganado por mi nombre?

La tierra quedó maculada

con un escupitajo negro

y ahora me ordenan arar

justo allí, sobre la tumba

donde yació Mandinga.

¿Quieren que abra un surco

para que crezca la mala yerba

sobre la semilla del Maligno?

Resplandecía en plateada impulsión

titilaba mandando señales

a lo oscuro, a las estrellas, ¡a mí!

Ya adivino por esas sonrisitas

que me están tomando

por gaucho camandulero

¡y encima sotreta!

Pero fue este aparcero

el que salió a la intemperie

para enfrentar a Gualicho

con la sal en una mano

y el crucifijo en la otra.

Me beso el índice y el pulgar

haciendo una cruz

 (se lo tendrán que imaginar)

porque Aparicio antes

de faltar a la verdad

preferiría zambullirse

en esa luz sonambúlica.

Y no me vengan a mí

con supersticiones urbanas

sobre osamentas en descomposición

que hacen reaccionar la química

bajo los microscopios capitalinos.

Acá en el campo la realidad

no tiene lente de aumento:

se cree o no se cree.

Y yo elegí creer.

Seudónimo: Adbekunkus

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