domingo, 1 de agosto de 2021

45. EL IMITADOR. De Orestes León

 

 

—Quizá se aburría —sugirió su compañero a través del intercomunicador del casco.

Marcos se encogió de hombros e hizo un barrido con la linterna por la falsa estancia. Podía haberlo hecho por aburrimiento, o como terapia, pero igualmente era perturbador. Quizá se volvió loco, pensó. Después de todo, el pobre técnico había descendido a la estación abandonada del planetoide (9334) Diana debido a una avería de su nave, lo que le había obligado a pasar diez años solo e incomunicado en aquel lugar.

Había sido entonces cuando ellos, tras localizar finalmente su posición, alcanzar la estación y buscar sin éxito al técnico, habían descubierto un túnel en el almacén que penetraba en la tierra. No se había hecho con un cortador de materiales, sino con las uñas. Rascando. Y, a seis metros de profundidad, el túnel empezaba a ensancharse, a imitar cada pared y mueble de la estación a escala natural, como un espejo subterráneo, reproduciéndolo todo en aquel barro apestoso y oscuro que parecía solidificarse al tacto.

Al final lo habían echado a suertes y su compañero se había quedado en la superficie, buscando alguna pista que les permitiera saber dónde estaba el técnico, mientras que a él le había tocado adentrarse solo en ese agujero. Pero aquello no tenía sentido. Nadie haría algo así, en la oscuridad, con sus propias manos, no importaba lo enajenado que estuviese... Mientras observaba con detenimiento el detalle enfermizo con el que había moldeado una consola de datos, el intercomunicador de su casco se volvió a encender con una explosión de estática y Marcos se puso en tensión al notar que la voz de su compañero temblaba:

—Lo he encontrado en un rincón, está muerto —afirmó—. Por el estado del cuerpo diría que se suicidó poco después de la avería... Mejor muerto que diez años solo, supongo.

Pero Marcos no respondió. Eso es imposible, pensó mientras retrocedía hacia la entrada. ¡Imposible! La cueva ocupaba lo mismo que la estación, más de veintidós estancias en total, y si no había sido el técnico… ¿Quién había excavado todo aquello?

Seudónimo: Orestes León

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