domingo, 29 de agosto de 2021

59. ÉXIT-O. De Habitante del mar

 

 

Había en el costado izquierdo del living de su casa una puerta clausurada. Una abertura sellada que no conducía a ningún sitio, presente desde que se había mudado allí. Una entrada a una no habitación, porque de ese lado de la propiedad se erigía una medianera lindante con la casa vecina, donde sus vecinos tenían un jardín con rosas y malvones. Y así el misterio de esa abertura sin sentido era incapaz de ser resuelto. Probablemente los dueños anteriores de la casa hubiesen sabido algo al respecto, pero estaban muertos. Y esa puerta era como una entrada a ningún sitio, un acceso a lugares inciertos y ausentes, a cosas que no fueron y personas que no estaban. Un domingo, harto de dudas, Ariel tomó un machete y golpeó el batiente, rompiéndolo y permitiéndole ver lo que había detrás. Era una entrada a la vida que quería, lo que anhelaba desde que era niño, y ese lugar no se comunicaba con la casa vecina sino con un universo más cándido y bello, donde no se hallaba solo mirando puertas misteriosas. Ariel decidió que no volvería a la sala, se quedaría de ese lado de la puerta.

Seudónimo: Habitante del mar

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