lunes, 30 de agosto de 2021

60. LO DE ODOROFF. De Teodoro Ramos

 

 

Al traspasar la puerta del número seis de la calle Arbada Carba me encontré en un largo pasillo construido por naipes de póquer. El piso y el techo estaban construidos por las barajas con el lomo hacia arriba y hacia abajo respectivamente. Piso negro, techo rojo. Las paredes en cambio formaban un tablero de ajedrez con cuadrados de tres por tres naipes, en rojo, corazones y diamantes, y en negro, tréboles y picas. A mitad del pasillo había un cartel colgando del suelo que decía: "Usted esta en la mitad del pasillo. Cuidado con la escalera". Tres pasos después los naipes del piso comenzaron a plegarse y desplegarse y volviéndose a plegar creando una sucesión de escalones que se dirigían hacia el techo y allí acababan. Con mucho cuidado, no dejaban de ser rectángulos de cartón impreso, apoyé primero mi pie derecho y recién cuando comprobé la resistencia del escalón, subí mi pie izquierdo al escalón siguiente. Los siguientes pasos fueron como cualquier otro, en definitiva era una escalera, de naipes, pero escalera al fin. Por precaución apoyaba las manos sobre los cuadros rojos de la pared. Mano derecha, cuadro rojo de pared derecha. Mano izquierda, cuadro rojo de pared izquierda. Lo hacia con sumo cuidado de no desprender ningún naipe.

No eran muchos escalones, o eso creía. En cierto punto, creo que después del sexto escalón, sentí que mi cabeza comenzaba a rozar contra el techo y aún faltaba un tramo por subir. Seguí subiendo pero debía ir flexionando las rodillas cada vez más a medida que avanzaba. Fue a partir del noveno escalón que subí gateando. Y desde el doce, subía arrastrándome con las manos. El último fue el número dieciocho y apenas me entraba la cabeza entre el piso y el techo. Giré noventa grados la cara, que me había quedado contra el escalón, y pude ver con el rabillo del ojo, una pequeña línea de luz que enmarcaba un rectángulo formado por seis naipes por el lado largo y tres por el corto. Con un razonamiento rápido y preciso, calculé que si podía golpear con la nuca esos dieciocho naipes podría pasar la cabeza y ver que había del otro lado.

Seudónimo: Teodoro Ramos

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