lunes, 30 de agosto de 2021

61. JUSTICIERO. De Rastreador de vertientes

 

 

Los delitos y las faltas que veía cometer a su alrededor lo indignaba profundamente. Esos comportamientos nocivos de las personas que causaban tanto daño a la sociedad le parecían escandalosos, y aborrecía a los que consideraba corruptos.

Veía que en todos los estamentos aparecían hechos confusos, ligados con la carencia de ética o de moral, y vivía maldiciendo a la gente y al mundo.

Si bien es cierto que el concepto de justicia podría no coincidir exactamente con lo que piensa o cree cada uno, él sostenía que, sin embargo, algunos criterios de base referentes a la dignidad humana, o al bien común o inclusive a la ley, tenían que ser generales y tendrían que llevar a rechazar a la corrupción.

Consideraba que mucha gente era cómplice y pensaba que era necesario una limpieza profunda de la sociedad, un saneamiento de todos aquellos que, en mayor o menor grado, cometían actos inmorales o delictivos. Decía que todos ellos merecerían ser limpiados de la faz de la tierra.

Se sentía impotente y pedía al cielo que envíe al Ángel Exterminador para que se lleve uno a uno a los corruptos.

Cada día reclamaba lo mismo luego de indignarse severamente. Insistía y sostenía que solo el Ángel Exterminador podría salvar a la Humanidad.

Un día aquel Ángel apareció en su entorno. Al principio se sintió atemorizado, pero luego se entusiasmó festejando cómo uno a uno los corruptos eran ajusticiados.

Estaba eufórico, desbordaba de alegría, pero pocos días después, su algarabía se transformó en pánico cuando vio por la ventana que el Ángel estaba golpeando a su puerta.

Seudónimo: Rastreador de vertientes

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