lunes, 6 de septiembre de 2021

65. EL JARDÍN DE LOS ALONSO. De Sir Edgar Grey

 

 

La familia Alonso llevaba siglos afincada en Hontoria. La manera tan digna en que habían vivido por muchas generaciones les había granjeado el respeto de los ecinos del lugar e incluso de las poblaciones aledañas.

No en vano, su apellido rivalizaba con la Casa de Lara, originaria de la próxima localidad de Lara de los Infantes y conocida en la comarca de Sierra de la Demanda. Los Lara habían sido miembros de la aristocracia desde tiempos inmemoriales, Grandes de España y famosos, entre otras cosas, por ayudar a los Reyes Católicos en la guerra contra los seguidores de Juana de Castilla. Otra rama de la familia, los Manrique de Lara, había dejado grandes literatos como Gómez Manrique y Jorge Manrique, sobrino del anterior y célebre autor de las Coplas a la muerte de su padre.

Los Alonso, sin embargo, carecían de consideración nobiliaria o talento para la literatura. Sus ancestros eran trabajadores, simples carreteros, agentes de transporte de mercancías que hicieron fortuna gracias a las cualidades de sus bueyes, criados por ellos mismos. Luego llegó la residencia, Pinar Norte, edificada con esfuerzo y sacrificio por los tatarabuelos de los actuales propietarios: los hermanos Gonzalo y Adolfo Alonso.

Pinar Norte tardó poco en hacerse un nombre y se convirtió en parada obligatoria de los peregrinos que recorrían el Camino de Santiago de Soria. Los frondosos jardines que rodean el feudo se convirtieron en un poderoso atractivo, un vergel en el que convivían orquídeas, rosas, dalias, lavandas y girasoles, formando un abanico de infinitas tonalidades. Las preciadas flores no se marchitaban nunca y cientos de viajeros llegados de mil confines hacían cola para solicitar hospedaje y poder contemplar el maravilloso edén de los Alonso, sin saber que sus cadáveres putrefactos constituirían el principal abono.

Seudónimo: Sir Edgar Grey

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