domingo, 12 de septiembre de 2021

73. BAJO LA TAPICERÍA. De El sillón

 

 

Enseguida supe que eras tú, cómo olvidar tu roce cálido y tu cabello enrollado sobre mi pecho; pero nunca advertiste que se trataba de mí.

Palmeaste la piel de mis brazos, acariciaste los surcos de mis palmas una última vez, mas no te diste cuenta. Quise llorar, pero las lágrimas no volverán a salir.

Te asombraste de la calidad con que fui construida, de los finos aditamentos en el espaldar, tejidos con las hebras de mis negros cabellos, de lo mullido que era el cojín, relleno con mis órganos embalsamados. Te parecí hermosa de nuevo, como no lo había sido en mucho tiempo para ti. De eso no me arrepiento. Ojalá hubiese podido sonreír.

Te recostaste sobre mi pecho, aún cálido, y te acurrucaste en mi interior, buscando una posición cómoda, y te alegraste al ver que era justo lo que querías; por supuesto, solo yo he podido entenderte siempre. Y aunque las cosas nunca podrían volver a ser como antes, me alegró estar ahí para ti en ese momento. Ahora, pensé, podría realmente serte útil, durante esas largas noches que pasabas sin dormir, en lugar de ser un estorbo para tu concentración, como antaño me criticaste.

Estuviste un tiempo sobre mí, dudando. De haber podido, hubiese gritado, sollozado, rabiado. Pero el silencio se impuso ante mis deseos. Te levantaste, preguntaste mi precio y, cabizbajo, te dirigiste hacia la salida.

Esa fue la última vez que te vi, al tú que aún se erguía sobre ambas piernas, al tú que sonreía y lloraba. Cuánto sufrí bajo la tapicería, al conocer tu destino inevitable, cuánto quise que el dueño de la tienda… que el asesino fallara, que lograras escapar. Si te hubiera criticado más ese carácter tacaño, quizás no habría terminado así.

Pero ya es tarde, ahora estás a mi lado, junto a todos los otros que se negaron a abrir los ojos para reconocer y comprar a sus seres queridos, para estar juntos una vez más; junto a todos los otros que, como tú y como yo, ya no podemos ver, y estamos condenados a ser piezas solitarias en un anaquel.

Seudónimo: El sillón

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.