martes, 14 de septiembre de 2021

80. PARADA TREINTA Y TRES. De Sauce maduro

 

 

Hay días en los que me canso de ser lista y decido ir a la estación de autobuses a hacerme la distraída mirando las hojas de los árboles caer en otoño. Me lo puedo permitir por mi aspecto de extranjera. Pregunto si el treinta y tres me llevará a mi zona aburrida y monótona del vivir. En la cuarenta y cuatro, una joven con aspecto de recién universitaria me hace entender que sabe más de autobuses que yo aun guardando expresión inocente. La acompañaba una chica suspicaz de mi apariencia a la que no hice caso. Nos deshicimos discretamente de su amiga y al poco intercambio de palabras, me permití colocar mi brazo en su hombro protegiendo su cuello sensible a los movimientos bruscos. No nos atrevíamos a mirarnos y consideré la mejor vía invitarla a mi casa a unos vasos de agua. Cogimos el primer autobús, se acurró a mi lado y la rodeé con mis brazos. Una vez en casa, de forma irónica se fijó en mis plantas secas de la terraza y se rio. Me sentí incómoda pero la acompañé en la paradoja. Me convencí de que sería distinto con ella. Suelo poner a prueba a las mujeres y esta vez, me era suficiente rozar sus mejillas con el dorso de mi mano. No quería perderla.

Seudónimo: Sauce maduro

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.