lunes, 19 de julio de 2021

34. EL MAESTRO. De Barlovento

 

 

—¡Escuchad y aprender! pues seréis los últimos en muchos siglos en saberlo!

Parece que lo puedo ver todavía. El maestro Adio, sentado en cuclillas en el centro que formábamos sus alumnos en la sombra de la reluciente Gran Pirámide.

Soy Bomani y después de muchos años, ya muerto nuestro maestro tengo el deber sagrado de esconder estos conocimientos grabados en oro para que traspasen los milenios hasta que el hombre los entienda.

—Mirad ese majestuoso punto rojo en el cielo, allí estuvieron antes estos Dioses que nos enseñaron la cultura y la construcción ciclópea, pero nunca quisieron enseñarnos las técnicas que destruyeron lo que fue un mundo precioso, por saber demasiado sus propios hijos.

En ese planeta corría el agua por limpios arroyos, grandes lagos eran el hogar de extraños animales y un inmenso mar suavizaba un benévolo clima.

 

Una raza de hombres muy sabios transformó su ecosistema para su beneficio aprovechando los conocimientos mal usados de sus maestros del espacio.

Cambiaron el clima, el agua se evaporo y las plantas se convirtieron en polvo, se refugiaron bajo tierra los mas afortunados, pero su orgullo les hizo luchar hasta que el último de ellos murió saliendo de su caverna a la planicie roja, todavía sus huesos están allí.

Siempre su enseñanza fue que nunca hiciésemos lo que ellos, por eso solo nos enseñaron una mínima parte de su sabiduría.

Hoy Cumplo su divino mandato ¡Puedo morir tranquilo!

Seudónimo: Barlovento

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