lunes, 23 de julio de 2012

97. TRISTE SONATA PARA PIANO de Cortacuentos

97.  TRISTE SONATA PARA PIANO  (18 líneas)

Él desde pequeñito, en su Argentina natal, había demostrado interés hacía los instrumentos. Pero no fue hasta los 14 cuando tocó su primera tecla de piano. En ese mágico instante, quiso la casualidad (o el exceso de población) que cayera abatido al suelo un joven en China. 
A esa primera le siguieron decenas, cientos, miles, millones de teclas, llegando a  emular  complejas piezas de los clásicos: Chopin, Beethoven, Mozart...  Pendientes de cada una de esas teclas se descolgaba la vida de una persona en las antípodas. 
La afición, como cabía esperar, fue in crescendo a un ritmo vertiginoso, y el ímpetu de sus muñecas, el salto de sus falanges, el potente latido de su corazón cada vez que se sentaba frente al piano, actuaba como la más letal de armas a miles de kilómetros. 
Y así, en escasos trece años la extraña pandemia barrió, cuan fichas de dominó, cualquier resto de vida humana, desde China hasta el cuartucho donde parecía tocar el piano la propia muerte. No obstante la casualidad quiso que nuestro protagonista se salvara de ésta  tras ejecutar, sin saberlo, a su hija y a su mujer, con las dos últimas estocadas en Fa menor.
El trágico acontecimiento, y la ingenuidad que le arropaba, le hundió en una gran depresión. Enmudecido el piano, concluyó su longeva vida en la más triste de las soledades y con ella acabó la supremacía de una especie, ahora extinta.

Seudónimo: Cortacuentos

96. LA CICATRIZ DE LA CINTURA de Yarka

96. LA CICATRIZ DE LA CINTURA  (8 líneas)

Eran hermosas. Las caderas anchas, la mirada encendida, las bocas hambrientas. Sólo tenían un defecto: esa cicatriz abultada como un cordón que recorría sus cinturas. Por las noches, los niños desvelados las seguíamos hasta la Laguna Negra. Mecidos en sus regazos, nos contaban leyendas sobre las sirenas: esos seres salvajes con ojos de fuego y cola de pez, esos seres de agua, con escamas enormes como heridas, voraces, que se alimentan de las entrañas de los hombres, se comen los despojos de los niños ahogados, de los niños malos que no quieren dormir y que siguen a mujeres hermosas con cicatrices en la cintura hasta la Laguna Negra.

Seudónimo: Yarka

domingo, 22 de julio de 2012

95. LA FUERZA DE LA COSTUMBRE de Grim Reaper

95.  LA FUERZA DE LA COSTUMBRE  (9 líneas)

Cada  tarde, a las cinco en punto, se repite la misma historia.  Nuestro padre se detiene frente a la cerca, sin decidirse nunca a cruzarla. Se queda varios minutos así, inmóvil, con la mirada perdida, como si se negara a aceptar que ahora las cosas son diferentes. Los ojos de mamá se llenan de lágrimas. Sé, que en el fondo, todavía le quiere y que lo que desearía es correr a abrazarle, sin embargo se limita a llevarse el índice a los labios, para indicarnos que guardemos silencio. Todo es cuestión de tiempo, si no hacemos ruido, papá siempre termina por cansarse. Es entonces cuando mamá nos llama con un gesto de la mano y vemos a papá, con sus pasos lentos y torpes, alejarse hacia el resto de los zombis. 

Seudónimo: Grim Reaper

viernes, 20 de julio de 2012

91. ERRATA MUNDI de Cejota

91.  ERRATA MUNDI  (20 líneas)

Las erratas se pusieron de acuerdo. Hartas de ser despreciadas por el mundo ortográfico, decidieron organizarse para vengar los ultrajes a las que continuamente se enfrentaban. Sometidas a persecuciones implacables, eran víctimas de programas informáticos que las rastreaban y suprimían. Su innato instinto de supervivencia las hacía multiplicarse aprovechando cualquier recodo documental. Intentaban pasar desapercibidas, pero cuando eran descubiertas, sus creadores las repudiaban haciéndolas agonizar tras la impuesta perfección.
Su sed de venganza las llevó primero a boicotear las instituciones culturales, las que más reclamaban su eliminación. Se infiltraron en artículos, ensayos, exámenes y obras literarias de academias, escuelas de idiomas, universidades, centros educativos y organismos docentes. Después penetraron las redes administrativas a través de despachos, expedientes, actas, certificaciones y atestados. Finalmente atacaron las empresas y los particulares sembrando el caos en mensajes, pedidos, gestiones y órdenes de pago. Las cartas de amor nunca llegaban. Los encargos no se procesaban. Las noticias se contradecían. Los viajeros se perdían. La confusión se apoderó del planeta.
Cuando un grupo de líderes mundiales les propuso negociar el fin de las hostilidades, las erratas se sintieron reivindicadas.
Desde entonces son respetadas, ensalzadas, veneradas. Yo se entiende ninguna obra maestra sin su presencia. ¡Komprendes?

Seudónimo: Cejota

jueves, 19 de julio de 2012

90. TIME MACHINE XII de Ulises Terranova

90. TIME MACHINE XII  (12 líneas)

El 7 de abril de 2067 un físico que daba clases en el normal Mariano Acosta construye una máquina del Tiempo, muy parecida a la de H. G. Wells.
Viaja al pasado, a la Antigua Grecia. Quiere conocer a los grandes filósofos. Desea tener una charla como nunca antes tuvo con ningún ser humano (para esto había aprendido casi a la perfección griego antiguo). Se materializa en una barranca a la vera de un río. Allí, bañándose, está Heráclito. Lo saluda y comienza a charlar con él. El devaneo se extiende por un par de horas. Tocan temas diversos, desde la concepción del mundo hasta la naturaleza del viaje temporal. Finalmente, el viajero se despide, contento, satisfecho de haber hablado con un maestro en toda su plenitud, y enfila hacia la máquina. Pero no llega. Una piedra de río le anula la existencia. Heráclito, entonces, sale de las aguas y se dirige hacia la máquina. Piensa: por fin voy a poder bañarme dos veces en un mismo río…     

Seudónimo: Ulises Terranova

domingo, 15 de julio de 2012

81. LOS PRIMEROS HABITANTES DE MARINA DUVOBNA de Robotnik

81.  LOS PRIMEROS HABITANTES DE MARINA DUVOBNA  (25 líneas)

Los primeros habitantes del cuerpo de Marina Dubovna accedieron por una brecha en la escafandra producida tras la explosión del módulo. Apenas eran unas esporas, de origen inescrutable, lo bastante diligentes para modificar los componentes químicos del cuerpo y proporcionarse un hábitat adecuado. Les fueron propicias las condiciones ambientales del planeta donde cayó la astronauta, que impidieron la corrupción del cadáver. Pasaron algunos eones; las esporas alcanzaron un grado álgido de existencia que obligó a evolucionar y distinguirse en dos clases diferentes de seres capaces de migrar y colonizar zonas vírgenes. Al contacto con los microbios primigenios, las bisoñas especies enfrentaron su más dramática prueba hasta entonces, viéndose obligadas a mutar otra vez. No todas sobrevivieron, pero aquellas capaces fueron bendecidas con nuevos mecanismos de defensa y ataque. Por mucho tiempo no se registraron acontecimientos reseñables; en equilibrio de fuerzas, viejos y nuevos seres convivieron en el elemento que generosamente los albergaba. Entonces, las circunstancias cambiaron a una velocidad impredecible: por un lado, individuos aislados descubrieron la ganancia de asociarse y dar lugar a un macroorganismo superior, por otro, las condiciones del terreno cambiaron cuando amplias zonas del tejido del traje espacial cedieron, modificando el clima interno. Hubo auténticas guerras intestinas por el dominio del espacio que bordearon la extinción de toda forma de vida. Ningún recurso disponible fue excluido: tóxicos, flagelos, apéndices o mandíbulas. Las mutaciones se sucedían sin fin en un frenesí de supervivencia, ensayando y corrigiendo nuevas y más asombrosas variantes. Por último, el mismo instinto, la misma fuerza que les había llevado allí  comprendió los límites a los que les abocaba la hasta entonces protectora concha y, en un esfuerzo final de adaptación, las criaturas capacitadas desarrollaron espinas queratinosas para abrirse camino más allá del cuerpo de Marina Dubovna y, con un triunfal berrido de parto, se lanzaron a la conquista de otros territorios.

Seudónimo: Robotnik

80. EL FIN de Fermona

80. EL FIN  (18 líneas)

El eternauta estaba cansado de deambular por el espacio-tiempo, y programó sus últimas horas para descansar antes de la batalla, en la cancha de River Plate, en Buenos Aires. Era sábado, una mañana de invierno. Se acostó en el césped, en medio del estadio desierto, y bajo el sol del mediodía durmió una siesta que esperó se hiciera eterna, como se había hecho eterna para él la espera de asistir a su primer partido de fútbol con su padre, en ese mismo lugar, hacía ya casi 430 años. Pero el deber lo llamaba, y despertó nuevamente en el bunker γ-489 de Venus, el último reducto de la humanidad antes de su aniquilación definitiva.  Peleó hasta la última gota de sangre contra los invasores extra-solares, y cuando irremediablemente lo hirieron de muerte, en su agonía volvió a la cancha para extinguirse en la tribuna, contra un cielo azul, medio nublado, sentado justo detrás de su padre y el inocente ser que había sido cuando niño. Eran los últimos tres minutos del partido que Boca Juniors, con un penal mal cobrado por un inepto referí, ganaría sin merecerlo. El universo colapsaba finalmente en su primera gran decepción cuando era un niño, la amarga derrota de su equipo favorito un partido de fútbol, en una tarde fría de invierno, en un estadio lleno de gente acongojada que estaba tan concentrada en lo que sucedía esa fatídica tarde en la cancha que no advertía que él, y la esperanza de la raza humana, inexorablemente, se desangraban. El universo, y su eterno cansancio, por fin, se diluían.

Seudónimo: Fermona

martes, 3 de julio de 2012

58. NORMALIDAD de Walmar

58. NORMALIDAD   (15 líneas)
  
Lleva más de media hora esperando el autobús número 45, podría ir andando a su destino pero quiere gastar el bonobús, que está  punto de caducar. Mira la cartelera del cercano cine, ponen las mismas películas, entretenidas pero aún frescas en su memoria. A las siete de la tarde, partido de fútbol sala con los colegas, desde hace un tiempo no hay problemas en la reserva del campo. Antes piensa pasar por el supermercado, hay que llenar la despensa, está harto de comer de bote, pero es lo que tiene ser un solitario. Y aprovechar, porque esta de camino, para entrar a los grandes almacenes con sus eternas rebajas, reclamo ante la falta insistente  de público. Mañana comienza el puente de diciembre, pero no se esperan grandes desplazamientos como en otros años anteriores, y  la gasolina esta por los suelos, regalada. Gran ocasión para coger el coche y visitar, por fin, las cuevas de Altamira, después de tantos años en lista de espera. Duda si utilizar para el viaje,  el deportivo descapotable rojo, el monovolumen última generación, la ambulancia del Samur o el camión de la basura. Se esfuerza por mantener una normalidad en su vida, pero ser el único superviviente al holocausto vírico  también tiene sus prerrogativas.

Seudónimo: Walmar

domingo, 24 de junio de 2012

51. EL POZO DE LA VEJEZ de Ovidio Pescador

51. EL POZO DE LA VEJEZ  (24 líneas)

Cuentan los ancianos de Sefarad que había cierta moza toledana entre los judíos expulsados de la Península. Esta moza, que la historia sólo conoce con el nombre de Musilla, seguramente apócrifo, viajó de mar en mar y de país en país, como anduvieron muchos de aquel pueblo disperso, bien bajando al Levante o subiendo a los Países Bajos. Y en cada sitio Musilla iba probando pozos, buscando uno cuyos sabores y ecos le recordasen a los pozos de su querido hogar circundado por el Tajo: las aguas del Pozo Amargo, salobres pero vigorizantes, el tintineo de lejanas risas en el Pozo de El Salvador, la fresca lisura del brocal de Barrionuevo. Así, en los mismos años en los que el conquistador español buscó la fabulosa Fuente de la Juventud en ultramar, ella descubrió, en algún lugar de su tránsito por el Viejo Mundo, el Pozo de la Vejez. Las aguas de éste le concedieron una ancianidad prematura, y a grandes tragos, Musilla se llenó de vetustez. Es decir, se volvió vieja pero por dentro. Con cada sorbo manaban dentro de ella visiones nítidas del pasado de la humanidad como si todo ello hubiera sido suyo. Sus rasgos no se alteraron, salvo cierto fulgor en los ojos, pero iba recuperando siglos, descifrando siglas, hasta sondar la roca madre de la prehistoria. Tras esta extraña metamorfosis, llegó a ser tan sabia como el rey Salomón, aunque con una sabiduría distinta. Más maravilloso aún, acudían a ella, como un fino polvo de hierro atraído por un imán, restos de civilizaciones desaparecidas, bandadas de códices, una miríada de monedas y un enjambre de epígrafes. Formaban alrededor de la toledana algo como una falda ancha y neblinosa, cuyos hilos ella iba explicando a la gente que conocía en sus peregrinaciones. El final de la historia de Musilla queda perdido entre los oleajes de la diáspora, como tantos otros, pero en siglos más recientes se han fundado en su nombre colecciones de huellas humanas donde se conservan y exponen los vestigios del pasado, y se invita a la gente a zambullirse en su vieja sabiduría.

Seudónimo: Ovidio Pescador

jueves, 21 de junio de 2012

50. CAROLA NO ESTÁ de Kasumi

50. CAROLA NO ESTÁ  (22 líneas)

Últimamente suspiro mucho, aunque nadie parece notarlo. La casa, sucia y revuelta, me pone triste. La abuela está nerviosa y se desliza de puntillas por las habitaciones evitando cualquier ruido. A veces la observo y es como si flotase sobre los escombros. Talita, una prima de mi madre, ha venido a ayudarnos. Desde el huracán la vida en el barrio es un caos. Muchos edificios se han derrumbado y el ayuntamiento obliga a la gente a vivir prácticamente en la calle. Yo también prefiero estar afuera, en el jardín, al lado de la charca y de la tumba de mi gatito. La casa ya no es segura y el viento cruza las ventanas de cristales rotos y la cocina se llena de moscas que acuden al olor de la carne cocida. Algunas noches tengo pesadillas y me veo reflejada en el espejo de la entrada, con el pelo lleno de barro y la cara ensangrentada. Estiro los brazos para frotar con los puños esa imagen horrenda. Mis manos desaparecen tras el azogue y me quedo inmóvil, sin saber qué hacer, hasta que llega Talita con un manojo de hierbas y las sacude delante de mí, mojándome el vestido. Entonces me despierto y estoy de nuevo en el jardín, a salvo. Otros días es mamá la que no nos da tregua. Los médicos dicen que es fiebre de los pantanos, pero no pueden asegurarlo. Yo creo que está loca. De imprevisto  echa a correr hacia la charca, gritándome: ¡Carola, Carola!, pero Talita la agarra con fuerza y la acaricia con sus manos grandes y le susurra cosas como "la niña no está, no está". Sabe que yo  la escucho porque si intento abrir la boca para protestar clava sus ojos negros en mí y me amenaza con el rosario de cuentas y tengo que apretar los dientes y callarme. Junto a la charca el tiempo se detiene y yo espero y espero, muy quieta, y siento cómo me voy rompiendo a trocitos que caen en el agua turbia y vuelven los sueños raros y otra vez a empezar. Lo cierto es que ya no entiendo nada. 

Seudónimo: Kasumi