lunes, 27 de septiembre de 2021

57. CEMENTERIO DE ANIMALES. De Koana

 

 

Cucarachas con pelos

de aterradoras patas  

se esconden en el lago de huesos,

y una bruma asquerosa invade la noche debajo.

Ellas se someten al festín de la carne

se alimenta, se hinchan.

De los lechos de plantas artificiales,

se ríen las serpientes fétidas que los visita,

y como una rata sin cola con negras uñas,

la luna de acero se transforma en eterna noche fantasmal.

Esto termina cuando llegan a su casa

y entienden que ha muerto,

ha quedado atrás, todo,

incluso su rabo se ha desprendido de su cuerpo.

Y en ese cementerio lleno de animales, debajo de la tumba,

los gusanos cenan donde los llantos flotan,

y velas prendidas alumbran los nombres

la pútrida penumbra se desembra;

y los que estaban de pie tirando tierra, lloran

y el dolor de la tristeza los aprisiona.

Muy por el limo,

donde las pequeñas tumefactas almas

se mantiene en cajitas polares,

arañadas por dentro, descansan ahora.

Los cráneos desaparecen como por arte de magia

para llegar a través de la muerte al más allá,

y donde descansan sobre un verde limo nuevo,

reflorece en la tumba eternamente.

Su juguete preferido yace junto a su boca.

El gato ha muerto.

Ahora está durmiendo muy abajo

llegando al final del ovillo infernal.                                                                                                                                                                   

Seudónimo: Koana

56. CUANDO EN EL PARQUE SUEÑO CON LA MUERTA. De Nuna Katari

 

 

Cuando en el parque sueño con la muerta

Los graznidos de los latentes cuervos

me sobrevuelan nauseabundos y queridos.

Viven de muerte y recuerdos.

Como tú

o como yo, mejor dicho,

abrazando fúnebres brazos

ensombreciendo en el mar de las estrellas,

mi infancia hermosa.

¿La culpa es mía?

conocí la belleza en extrañas oraciones

cantos sonrientes con bocas marchitas

y con esa fría lengua ensombrecida

leía en voz alta cuentos de huraños fantasmas.

Tú que viviste un corazón navío,

hoy apareces desvergonzada

debajo de este árbol,

tierna y sonriendo

ojos de gloria

Tú que lo viste todo, muerta

osaste ser dichosa.

Seudónimo: Nuna Katari

153. ALAS NEGRAS. De Yayamarla

 

 

Ser yo nunca había sido fácil. Desde el momento en el que nací todos sabían que yo iba a ser diferente. Nací con alas negras en un lugar de alas blancas, fui una maldición para mi familia y un terror para mis vecinos. Pero yo no entendía nada, si yo jugaba, cantaba y vivía como ellos, ¿por qué no me invitaban nunca a las tardes de merienda y juegos? Lo distinto da miedo en este mundo, eso es lo que dicen siempre los adultos, y supongo que eso explica por qué mi padre no quiso verme crecer y por qué los demás niños se alejan cuando me acerco a ellos.

Mi madre solía consolarme y contarme cuentos por las noches antes de dormir cuando me encontraba llorando silenciosamente en la cama. Ella siempre decía que lo que me diferenciaba del resto de ángeles era lo que me hacía especial. Sin embargo, con el paso del tiempo dejé de sentirme así. Mis alas no eran especiales, sino una aberración, una condena que me acompañaría por el resto de mis días.

Intenté cortarlas, arrancarlas, quemarlas, pero siempre volvían a crecer majestuosas sobre mi espalda, cada vez con un negro más intenso y brillante. Las odiaba, me odiaba a mí mismo por no poder hacer nada, por haber nacido así, por no poder cambiarlo todo. Soñaba con poder cambiar el mundo. ¿Qué pasaría si todos tuvieran alas negras y las mías fueran blancas? ¿Qué pasaría si los prejuicios no existieran y todos pudiéramos sentirnos libres y queridos sin que el color de nuestras alas importara?

Tuve una infancia solitaria y triste, igual que mi alma. Pero un día, de pronto, todo cambió. Llegó a nuestro reino otro ángel que huía preso del pánico de las autoridades de su reino. Cuando lo vi llegar, el mundo se detuvo a mi alrededor. Una suave melodía de campanillas rozó mis oídos cuando nos miramos a los ojos. Sus alas eran negras y, por lo podía ver en sus ojos, compartían el mismo dolor que las mías.

Seudónimo: Yayamarla

55. SUEÑOS. De Marietek

 

 

Érase una vez, como suele decirse

al comenzar el cuento, vuela mi mente cual cisne

estancada en el estanque y el tanque ofuscado dispara al eclipse

pero tan solo es un sueño, dentro de otro sueño

que acompaña a un tercero y a infinitos de ellos.

Un sueño tan lúcido que se refleja en mis pupilas

en el Freddy Krueger es quien siente temor

y yo corro tras él

con chuchillas en las manos, escuchando como chilla

Un sueño tan mágico que puedo notar el olor

de las pociones de Hogwarts

olor a filtro de amor

y de las grageas el sabor

Un sueño tan macabro que me encuentro en una habitación

atado de pies y manos junto a una televisión

rodeado de sangre y fuego

un muñeco muy pequeño dice "que comience el juego"

Despierto y no recuerdo nada

pero me encuentro cansado

quemaduras y cortes envuelven mi ser

levanto la mirada

veo jeringuillas tiradas

veo cuchillas usadas

y pienso en que pude hacer

¿Será este el verdadero sueño?

Quizás aquello fuera real

y ahora estoy inmerso

en mundo ficticio

que me sabe a alcohol y sangre

ya no se ni distinguir

el apetito del hambre

ya no se ni discernir

lo oscuro de lo amable

tan solo me podré sumergir

en un sueño interminable.

Seudónimo: Marietek

152. PÁJAROS. De El Observador Radiante

 

 

El motor de la nave se paró justo antes de llegar, y así poder planear hasta alcanzar su objetivo. Si no fuera porque estaba cubierto de plumas, el roce del viento hubiera provocado que, al chocar éste sobre el metal, el sonido, como el que se obtiene al soplar en una botella, hubiera alertado a las demás aves.

RU753 era un pájaro robotizado de última generación. El alto mando había desarrollado el prototipo para poder aproximarse a las aves sin levantar sospechas.

Los militares habían constatado que los pájaros eran capaces de comunicarse entre ellos, utilizando un lenguaje propio, común e independiente del tipo de ave y canto.

¿Cómo habían llegado a esa conclusión? A través de la observación minuciosa del comportamiento de los individuos en cautividad. Estos eran capaces de misteriosamente sincronizar sus acciones incluso entre ejemplares que estuvieran en lugares diferentes y a gran distancia. Y este comportamiento se trasladaba a los animales en libertad. Así, habían observado que a determinadas horas del día las aves eran capaces de suspender el vuelo al mismo tiempo y reposar durante horas sobre tendidos eléctricos y ramas de árboles, dejando los cielos vacíos de ejemplares.  Era en ese momento donde parecía que se trasladaban la información. Pero, eso, nadie había sido capaza de constatarlo. La gran pregunta era, ¿por qué?

Un ave se acercó sigilosamente a RU753. El piloto a distancia de RU753 activo el sintetizador acústico que hacía las veces de oído y traductor. El ave no se percató de que estaba ante un ser sintético y comenzó a trasladar las instrucciones que le habían dado.

—Mañana atacaremos. ­—RU753 parpadeó para hacer más creíble su naturaleza artificial y no levantar sospechas. Su interlocutor prosiguió—: Mañana reinaremos sobre la Tierra y el hombre morirá. No podemos dejar que nos contagie.

Seudónimo: El Observador Radiante

54. DELECTACIÓN EN LA CARROÑA. De El Observador Radiante

 

 

Conducía su coche, camino del trabajo

Como todos los días

Como todos los días, daba vueltas

Haciendo tiempo, perdido

No queriendo llegar a su destino

Como todos los días aceleraba

Queriendo estrellar su coche contra el árbol

Que abría sus ramas como una mortaja

Frenando antes de llegar

Dejando pasar otra oportunidad

De abrir el paño de lino

Y enterrar su cuerpo en aquel árbol

Aquella mañana, el arcén se convirtió en lienzo

Para pintar una historia macabra

Absorto observó los trazos

Una urraca clavaba su pico en un cuerpo

Muerto

Títere

Dando saltos sobre el asfalto

Y él lo observaba fijamente

Curioso

Absorto

Sin percatarse de su camino

El pico separó la cabeza del cuerpo

Clavándolo por un ojo

Como un guiñapo

El humor vítreo corría hacia su buche

Delectación en la carroña

Chirriar agónico de frenos

El árbol abrió su tronco como un féretro

Y él se vistió con el escapulario de cristal

Silencio

Humo

Su ojo agónico vio a la hurraca

Volando ufana hacia su cara

Seudónimo: El Observador Radiante

151. EL ÚLTIMO HOMBRE SANO. De Costeau

 

 

A través de los ojos entreabiertos, la visión del objeto que nadaba junto a él, le pareció el espectáculo más hermoso que jamás había contemplado.

Se sintió en paz consigo mismo observando como aquel rectángulo flexible y marrón, creaba filigranas en el líquido viscoso y transparente en el que ambos vivían sumergidos.

Parecía un pez minúsculo y atlético. Finísimo. Un pez hecho de un cuero descolorido, con la panza acolchada y blanca.

Seguía al objeto mientras hacía sus giros y cabriolas. En un momento se acercó lo suficiente hasta su cara, inmóvil por el respirador, y pudo reconocerlo como una tirita: Uno de esos apósitos que se ponen sobre las heridas. La mínima expresión del vendaje.

Por un segundo recordó la lejana sensación que producía ver una tirita flotar en la piscina cuando vivía en el mundo externo. Ese asco instintivo que te hacía salpicar con todas tus fuerzas hasta alejarla.

Ahora, en cambio, la tirita le daba envidia. Desearía tener la libertad de moverse por el tanque sin el respirador y los cables, sin los viales que punzaban sus venas y arterias, sin la cadena que lo anclaba al fondo de su acuario particular.

La tirita debía haberse desprendido de su propio cuerpo. De algún modo, era un trozo de sí mismo luchando por su libertad.

Llegó la hora de abrir el museo y, desde el tanque, pudo escuchar la tormenta de pasos acelerados que se acercaban a él. Los rostros deformes y curiosos de niños y grandes que se agolpan contra el cristal.

Cerró los ojos cansados ya de navegar por su pequeño universo amniótico, y el último hombre sano, se dejó llevar por los recuerdos del mundo en el que una vez vivió. Y soñó con lo que llamaban verano. Y soñó que era una tirita y flotaba, bañada de cloro, bajo la luz del sol.

Seudónimo: Costeau

150. NO PENSAR EN NADA. De Ice_Cream

 

 

La lluvia no se detenía y los pasos apresurados de aquellos que intentaban protegerse, se convertían en una melodía nocturna; Michael, logró llegar al metro subterráneo, tenía que esperar, no solo a que cesase la lluvia, sino a que llegara su tren. Pasó casi media hora y por alguna extraña razón, el tren no llegaba; algún accidente tal vez, pensó para sí mismo; de la nada, el eco de un extraño sonido lo despertó de su trance, el sonido se hacía más y más fuerte, la curiosidad tomó el control de su cuerpo, el sonido nacía del baño de mujeres, cuando se disponía a alejarse, pues se podría tratar de alguna pareja, escuchó una voz que pedía ayuda, la voz era débil, nuevamente su cuerpo se movió solo. Al entrar, se encontró con una mujer, rodeada por una bata semitransparente, el cuerpo de la mujer llamó la atención de Michael, el cual no sabía qué hacer, ella se acercó hacia Michael, mostrando su esbelta figura, digna de una modelo, cuando estaban frente a frente, Michael, tragando saliva y conteniéndose, le preguntó si necesitaba ayuda, la respuesta fue muy diferente a la que esperaba, ella lo abrazó con fuerza, sus pechos casi sin cubrir, tocaron su cuerpo. No había vuelta atrás, las manos de la mujer acariciaron cada rincón de su espalda, él también la abrazó; con cada segundo, las cosas subían de nivel, hasta que una voz familiar llegó a sus oídos, ¡ayuda!; nuevamente la palabra que lo había llevado al paraíso, se hacía presente, pero algo no cuadraba, pues en ese momento los labios de la mujer besaban su cuello, detrás de ella, un hombre salía de uno de los baños, arrastrándose por un chaco carmesí. Intentó alejarse, pero no pudo, pues ya no tenía fuerzas para lograrlo, la sensación de cansancio lo rodeo; bajó la mirada en dirección a la mujer, horrorizado observó, como su rostro pasaba a ser un grotesco cumulo de insectos, los cuales se escapaban de sus ojos, oídos y boca, sus movimientos eran inútiles, ya que sus extremidades estaba rodeadas de insectos, sentía como su piel era arrancada y la sensación de que desaparecía, ahora eso era en lo único que pensaba.

Seudónimo: Ice_Cream

53. ALMA DEL BOSQUE. De Anuk

 

 

El rugido lejano de un cuerno

da inicio a la cacería.

Los hombres buscan un tiro certero;

los animales, su guarida.

Un ave de alas blancas

es el premio más deseado.

Todos ansían disparar sus flechas

y alcanzar su corazón dorado.

Grandioso es su volar,

cubre todo el firmamento.

Su cuerpo es colosal,

todos la quieren como trofeo.

Los hombres han de mantener el paso

y seguir el brillante rastro.

O eso creen en su inmensa ignorancia,

pues ella sabe todo cuanto pasa.

Encaramada en una rama,

con la mirada llena de calma,

observa a los humanos

codiciosos y desesperados.

Con la convicción de su corazón

y la sabiduría de la eternidad,

se entrega al encuentro

con templada paz y serenidad.

Las cuerdas se tensan,

las flechas salen.

Los árboles lloran

y se vierte la sangre.

Y de dentro de su vientre,

una chica florece.

Cabellos áureos,

labios rosados.

Es la hija del bosque.

La que protege y cuida la vida.

La que nace y nunca muere.

Seudónimo: Anuk

52. MURMULLO DE ENTE. De Calhumugus

 

 

Presiento que la nocturna atmósfera, me ahoga

Todo se acabó, deje la última flor entre la maleza

Sé que está noche,vendrás a mi lecho

Majestuosamente arderas como siempre

Lujuria y deseo, mordisco y sangre

Susurras el nombre tan apetecido

Alondra y Gaviota raspando las garras

Contorsión de dígitos pélvicos

Olor y perfume del mármol congelado

Esta noche, como todos los nocturnos

A siete días de la partida traerás la cal

Que amortajo el vino tinto de los intestinos

Vibro con el péndulo erecto de formol

Los pectorales de habitantes reptando

Cosquillean los senos excitados gusanos rojizos

Putrefacto aliento de ósculos simulan ostras

Deseo la mirada de ojos ausentes de brillo

Sin cornea ni luz de retinas apagadas

Beso de pestaña a pestaña ventanal de cortina

Beso con dedos mojando los contornos

Saboreó la pus de la descomposición

Quiero el liquido bendito que contrae la matriz

Solo recibo sanguaza de semen pútrido.

 

Murmuro el nombre amado de besos lúgubres

Vendrás con la mortaja enigmática de la oscuridad

Beberás los enigmas de la feminidad.

Te visitaré en la tumba, escondida, espiando

Siendo la sombra que percibe el aleteo de la novia eterna

Ahí esta ella, la dulce y piadosa, fiel y recogiendo la memoria

Del santo consorte que juro amor eterno

A ella también irá cada noche luego de volver

De la maratón de luces que resplandece de desenfreno

A ella voluptuosa, liviandad, impúdica, frívola darás a Eros.

 

Murmuro el nombre apasionada

Como ente llegas cada noche al postre

Pero esta cita debo confesarte

Ella la cándida, honrada, inocente, moral y delicada

Corre por los pastos del paraíso y camposanto

Al pie del osario con el nuevo amante

Sabes que descarnaste y no emocionas

Debes partir ya no volveré a espiar la morada

Te murmuro ente

Ella y yo nos envolvemos

Con sensual libertinaje a nombre del deshonesto

Sin hediondez lubricamos sueños obscenos.

 

Te murmuro ente

¡adiós púdrete en el rectángulo, prisionero del instinto!

Seudónimo: Calhumugus