miércoles, 31 de mayo de 2017

22. OJOS DESORBITADOS. De Pulpo


Nunca pensé que los ojos podían salir de sus orbitas a voluntad. Quizás fue el susto de verle lo que provocó que mis lóbulos oculares quedaran colgando de mis mejillas. El corazón me late enloquecido cuando pienso en las imágenes fragmentadas que llegaban a mí cerebro mientras corría presa del pánico, sosteniendo delicadamente mis balanceantes ojos.
No debí mirar. Siempre sospeche que vivía dentro de aquel jarrón de flores. Extrañas señales me advirtieron de su presencia: muchedumbres de insectos entrando y saliendo diariamente como si recibiesen órdenes, y aquel olor penetrante a carne podrida.   
Por la noche el tropel era mayor. No podía conciliar el sueño ni hartándome de somníferos. Así que me llene de valor. Pasada las dos de la madrugada me desplace descalzo en la oscuridad y con agilidad prendí la linterna y mis ojos se colaron en el interior del jarrón.
Una maraña de antenas y patas me erizó la piel y desee gritar a todo pulmón pero no pude. Entre el enjambre vi aquel par de ojos descoloridos que ejercieron presión sobre los míos como un gran imán. Volví a mirar a mi odiada esposa a la que creí lejos de mi vida para siempre.
Su dedo medio con el anillo de piedra azul era transportado por un enjambre de hormigas hacia el interior del florero. En ese instante supe que regresaba a la vida recomponiéndose pieza a pieza. Solo arrancándome los ojos dejaría de verla deambulando nuevamente por la casa.

Seudónimo: Pulpo

martes, 30 de mayo de 2017

21. GIROS. De Helerda


El bosquecillo estaba a la vista, tal vez a doscientos metros. Si podía llegar y ocultarse en el mismo, seguramente estaría a salvo. Pero en esos doscientos metros no había refugio ni escondite. "¿Qué hacer: arriesgarse en una corrida o esperar a la oscuridad?".
Mientras recuperaba el aliento, trató de recordar cómo había llegado hasta ese lugar. Esa mañana estaba dictando su clase habitual en la Universidad cuando súbitamente se interrumpió la energía eléctrica, enmudecieron los teléfonos móviles y el tránsito en la calle se volvió caótico. Sus alumnos abandonaron el aula en tropel y a los gritos, y quedó solo, boquiabierto y en penumbras.
De alguna manera había llegado a la autopista, pero cuando la misma se vació de vehículos, comenzó a caminar por un trigal hasta que vio la pequeña colina en cuya cima se encontraba en ese preciso momento.
"¿Y si el bosquecillo era una trampa?". Tal vez lo estaban esperando y solo les estaba facilitando la tarea. Era imprescindible adoptar una actitud diferente, rebelde, inesperada.
Lentamente comenzó a quitarse la ropa y a doblar las prendas con sumo cuidado. Las apoyó sobre el piso y desnudo se sentó sobre ellas.
Cuando los vio llegar, se levantó, colocó los brazos en cruz y comenzó a girar despacio: tres giros en un sentido, tres en el otro, tres giros en un sentido, tres en el otro…
Mientras seguía girando, una breve sonrisa apareció en su rostro: su extraña conducta generaría discusiones y un montón de hipótesis erróneas. ¿Cuántas, cuáles?, no lo sabía, pero seguía girando.

 Seudónimo: Helerda

20. SUPERVIVENCIA. De H. Melville


Aquella fue una época difícil. Los meses de constante nevisca hacían que escasearan los alimentos y la oportunidad de conseguirlos. La gente subsistía a como diera lugar. Eran tiempos de supervivencia. Nosotros habíamos logrado extender las escasas provisiones por varias semanas, pero ya comenzaban a disminuir. Nos sentábamos a la mesa y descubríamos en nuestros rostros el miedo, la cada vez más creciente preocupación por los días venideros. El frío y el hambre amenazaban con arrasar nuestra existencia. Fue entonces que —para sorpresa y angustia de todos— la abuela cayó en cama abatida por una depresión. Desesperanzada ante aquellas condiciones que nos habían tocado vivir, aseguró que la muerte era todo cuanto necesitaba para terminar con su arruinada vida. Esa misma tarde preparamos la cena más fastuosa que nuestros suministros nos permitieron. Durante el banquete la observábamos y sonreíamos al tiempo que nos abrazaba la certeza de poder sobrevivir, al menos, otro invierno. Eran tiempos de supervivencia y aquella noche, la querida abuela, no cesaba de agradecernos por la enorme bondad que albergábamos en nuestros corazones.

Seudónimo: H. Melville

19. JONBAR MUNDIS. De Hawthorne Abendsen


Venía leyendo las últimas páginas mientras se aproximaba a la estación de tren. Fascinación absoluta por "La plaga de la langosta".
Extraordinario, pensó, como a alguien se le pudo ocurrir un mundo así de alternativo pero tan creíble.
Al llegar a la estación levantó la vista pues le encantaba mirar la cúpula. Vio los símbolos nazis y los uniformados. Se espantó por todas las manos derechas en alto.
Se abrió paso a los codazos a diestra y siniestra y se bajó del colectivo. Corrió aterrada hasta que la camioneta la atropelló y quedó tendida. La ambulancia llegó enseguida pues estaba en la misma esquina.
Cuando recuperó la consciencia, notó que un paramédico de cara familiar pero extraña ya le había colocado un cuello. Tenía en una mano el libro que venía leyendo en el bus.
Ella señaló hacia la estación, hacia la doble fila de brazos en alto.
—Entiendo —le dijo él mientras miraba la tapa—. Pero no te asustes tanto, están filmando una película con Brad Pitt, por eso los símbolos nazis.
Ella señaló otra vez hacia arriba.
—Te molesta el sol ¿verdad?.
Él, sostuvo el libro en lo alto con una mano para que le proyectara sombra. Con las otras dos, le acomodó la tabla espinal.0

Seudónimo: Hawthorne Abendsen

domingo, 28 de mayo de 2017

18. MICROCÁPSULA. De Microcápsula


Entro nerviosa e impaciente  en el cuarto de baño. Saco del bolso el minúsculo envoltorio que apenas puedo sostener entre mis manos temblorosas. Me cuesta creer que algo tan pequeño esconda tanto poder.
Fui bien advertida sobre su fragilidad. Debía tener especial cuidado, cualquier golpe podría alterar el compuesto e inutilizarlo por completo. No me atrevo  ni  a considerar siquiera la posibilidad de que algo así ocurra. La sola idea de tener que renunciar a lo que ansío me aterra.
Observo con anhelo el paquete  y, antes de abrirlo, repaso mentalmente las instrucciones recibidas.
"La microcápsula debe ser introducida bajo la uña del dedo pulgar. Después, para facilitar la rápida absorción de los compuestos, debe acostarse. En pocos segundos quedará dormida  y, cuando despierte, el proceso se habrá completado en su totalidad".
El momento que estoy viviendo es tan importante que me demoro adrede en los prolegómenos para gozarlo con mayor intensidad. Por eso ahora me miro en el espejo y observo  por última vez la imagen que me devuelve, la imagen de un rostro perfecto, un artificio esculpido con la maestría de un artista, pero en el que ya nada queda de mi. Mis  ojos buscan un rasgo familiar que no encuentran y, frustrados, van en busca de la cápsula que sostengo entre los dedos.
………..
Sobre la cama yace el cuerpo de una mujer desconocida. Su rostro, surcado de profundas arrugas, casi sonriente  en su hieratismo, recuerda vagamente a alguien. Mientras, en la radio, la voz flegmática de un locutor cualquiera comienza el relato de las noticias:
"La llamada INVERSIÓN DEL PROCESO es un avance científico denostado, rechazado por la mayoría. Hoy por hoy se encuentra en fase experimental, tratando de anular los graves efectos secundarios que, al parecer, puede producir".        

Seudónimo: Microcápsula

jueves, 25 de mayo de 2017

17. ENIAC. De Jota Ese


Una molestia cardíaca hizo que el señor J. Presper dejara en manos de la máquina jefe la gerencia del complejo. Comenzaron entonces los reclamos y el descontento de los operarios. El régimen violaba  los acuerdos laborales existentes y los preceptos de la Convención Interamericana de Derechos Humanos.
Resultado: convocatoria urgente del sindicato para declarar el estado de alerta. La medida ocasiona la calentura del jefe y una sanción disciplinaria colectiva, porque los obreros se fugaron a la reunión tres segundos antes de sonar la sirena. El sindicato designa altos comisionados para entrevistarse con ENIAC, en el departamento de mandos de la empresa, donde se ventilan circunstancias extremas.
El artefacto los recibe con frialdad y altanería. Sus programas y memorias no contemplan piedad, consideración, buenas relaciones con los trabajadores. Él fue instalado para controlar  la firma, sus pertenencias, el personal, los guarismos, la seguridad, la producción, los rendimientos. Todo. En consecuencia, para la adecuada marcha de la factoría los dirigentes del motín quedarán cesantes de inmediato y además… En vista del comportamiento atrabiliario del jefe, uno de los afectados corta los cables de alimentación con el hacha de emergencias. El ataque a mansalva provoca síncope fatal, cortocircuito y deceso inmediato de las neuronas electrónicas. Infortunadamente, nadie sabía que ENIAC controlaba a distancia el marcapasos del señor J. Presper,

Seudónimo: Jota Ese

lunes, 22 de mayo de 2017

16. EL ORIGINARIO. De Sheridan Le Fanu


—Ellos llegaron y descendieron con sus naves sobre nuestro suelo. Con sus trajes blancos y sus escafandras impenetrables se posicionaron, plantaron su bandera para decir: «este mundo y todo lo que hay sobre él ahora nos pertenece»…
—Pero los documentos afirman que no había vida en la Tierra. Es decir, tan solo enormes animales carnívoros y plantas gigantes. ¿Cómo es que no dice nada sobre ustedes? —El entrevistador cruzó las piernas, y lo miró con una mezcla de ironía e indiferencia. El interlocutor sonrió apenas, pero sus ojos oscuros, burlones, decían más que la falsa sonrisa que ensayó en el rostro grisáceo.
—Ustedes solo hablan de vida humana. Lo que no es como ustedes no existe. Por supuesto que no dice nada, nosotros estábamos de más, o nos convertíamos en «humanos» o nos exterminaban con el famoso meteorito… —La sonrisa y la burla desaparecieron, y dieron paso a una expresión feroz en su cara—. Solo yo logré sobrevivir: soy el último de los originarios.
—¿Qué ha estado haciendo durante todos estos milenios que se mantuvo oculto?
—Los estuve observando, estudiando su modo de vida.
—¿Estudiándonos? ¿Por qué? ¿Cómo?
—No se puede modificar lo que no se conoce… He tenido tiempo suficiente para empaparme de conocimientos y técnicas científicas. Pero, cierto… nuestra inteligencia fue lo primero que  subestimaron…
—¿Cuál es el motivo de esta entrevista? —preguntó impaciente el periodista, al ver que la expresión en el otro se tornaba amenazante—. ¿Para qué me buscó? Yo podría haber revelado su paradero… —No pudo continuar, el originario le desgarró el pecho con las zarpas  que luego escondió. La minicámara siguió grabando, para horror del resto de la humanidad que veía cómo aquel era devorado por una pujante generación de originarios.

  Seudónimo: Sheridan Le Fanu  

15. CONVERSACIONES BAJO LA MESA. De Catulo


El puntero nunca se movía. Intacto permanecía bajo la mesa. El tablero estaba escondido. La abuela lo había ocultado para que ninguno de mis amigos se pudiera mofar de esas cosas tan respetuosas. Mis amigos eran muy educados y jamás se habrían burlado de nadie, pero esa tarde teníamos ganas de jugar. Como por arte de magia hallaron el tablero y debajo de la mesa nos pusimos manos a la obra.
Era simple. Las reglas estaban claras. Nos situábamos dos a la derecha y dos a la izquierda. Unos hacían preguntas, otros contestaban de manera estrafalaria montando un conjunto de sinsentidos, que hubieran provocado paranoia a cualquiera que lo hubiera leído. Pero lo que de verdad hizo especial esa tarde fue la llegada de mi abuela, que decidió jugar con nosotros. Era la primera vez que hacía el juego de la copa conmigo, por eso me extrañó, siempre me había dicho que ese juego no era cosa de niños.
Ya estábamos terminando cuando mamá me llamó:
-¡Alfonso!-.
-¡Estoy en la cocina, mamá!-.
Mi madre, que me conocía perfectamente, se acercó y levantó el roído mantel negruzco que mantenía la mesa en pie.
-¿Ya estás otra vez aquí? ¡Venga! ¡Termina de vestirte! Nos tenemos que ir al hospital. La abuela está malita. Tranquilo, no es nada...-.
Me levanté y sonreí "a mis amigos". Mientras yo me iba a mi dormitorio, mamá veía boquiabierta como ellos movían el puntero debajo de una mesa vacía.

Seudónimo: Catulo

14. SIN PENA NI GLORIA. De Dragones de Artemisa


 Siempre pensé que te necesitaba, y fui a buscarte. Te encontré una tarde solitaria y te quise.  Tu brillo me enloqueció y sumisa, tan oscura, entre mis brazos, te cobijé. Me diste todo lo que te pedí y nunca pensé que en la cama íbamos a pasar tanto tiempo. No me cansaba de
mirarte y de tocar tus negras formas.
Planeé viajes para disfrutar juntos en la penumbra de mis pensamientos. Mi vida iba a
cambiar y era mejor contigo, ya no me imaginaba el mundo con tu ausencia, y solo me aseguré de que estuvieras siempre bien, fría a mi lado, como nadie  estuvo jamás.
Tu compañía sería mi puerto, mi sangre en las noches, mi apacible música, mi lazo con el más allá. No había nada más. Y sin embargo, algo pasó, no sé qué, pero pasó.
Nuestros primeros días fueron gloriosos y casi pude ver un sendero de felicidad que nos
unía, pero por alguna razón que no comprendí, una mañana me miraste displicente desde tu
cara angulosa y bella, y no me hablaste. Mis caricias no te estremecían, nada te complacía.
Te pedí por favor, lloré por ti, y por mí, con un miedo tremendo. Tanto tiempo esperando por vos y ahora que te tenía, mi cariño no te importaba nada. Solo querías morir, sin mí.En una desazón inconmensurable me deshice en ruegos. Solo una explicación, solo una te pedí, pero nada. Una palabra, un destello, pero nada. Y nada te conmovió de mí y me pregunté si me había equivocado tanto ¿Qué fue, qué te hice, soy yo? Nada. Tu silencio me dolió hasta la médula, y vi todos mis planes por tierra, solo por vos, por tu cruel abandono. Pasaron las horas y dar vueltas a tu alrededor no resultó, ni tocarte, ni hablarte, ni gritarte cuando ya mis nervios estaban destrozados. Los ojos inflamados y la voz quebrada, y vos nada. Los rituales no te trajeron de vuelta, ni los sacrificios, ni la magia, ni vender mi alma. ¿Cómo pudiste hacerme ésto, no tenías derecho. Yo te quería, aún sabiéndote sin corazón. Ya está, no importa, yo resucitaré, como hice siempre, como siempre me levanté del fondo de mis angustias, y en mi soledad continué con mi vida. Porque es mi vida, y nadie, ninguna como vos, ni vos, me van a joder la vida ¡maldita tablet!

Seudónimo: Dragones de Artemisa

jueves, 18 de mayo de 2017

13. PLAN B. De Magopitágoras


"¡Maldito trabajo!", pensó Rod mientras contemplaba como el misionero bajaba de la nave espacial y se adentraba en la espesura de la selva. Durante el último mes había sido testigo de la misma escena una docena de veces y sabía que siempre finalizaba dramáticamente. Él elegía para aterrizar un lugar no explorado de aquel enorme y boscoso planeta y allí abandonaba a su suerte a un religioso cuyo objetivo era expandir la palabra de su dios por todo el universo. Rod ni siquiera conocía para qué ser divino estaba trabajando; había muchos en el mercado. En todo caso, no le pagaban lo suficiente para soportar mentalmente lo que ocurría allí sin volverse loco. Y es que en cuanto los indígenas localizaban al misionero lo mataban a sangre fría, lo sacrificaban probablemente en honor a otro dios diferente y se lo comían. ¡Bárbaros caníbales! Daba igual si el lugar de aterrizaje se encontraba a miles de kilómetros del anterior, si era costa o montaña, selva o desierto. Todo el planeta se hallaba infestado de caníbales. ¡Y todo el universo parecía lleno de misioneros lo suficientemente estúpidos para dejarse devorar en nombre de su dios! El voluntario de turno, esta vez una mujer, se giró y le saludó antes de perderse entre la vegetación. Parecía feliz. A Rod se le escapó una lágrima por ella.
Lo que el piloto desconocía era que los misioneros no fallecían en vano. Por su sangre circulaban millones de nanorobots que se encargaban primero de insuflar en ellos la euforia necesaria para atreverse a realizar tan gran sacrificio y después, ya dentro del organismo de los caníbales, provocaban en ellos visiones oníricas y delirios religiosos que se convertirían más tarde en la semilla de una nueva religión. Dios siempre disponía de un plan B.

Seudónimo: Magopitágoras

12. EL SEGUNDO ADVENIMIENTO. De H. Hellpop


"Cuando Walter Elias Disney despertó del sueño criogénico, miles de Sus criaturas antropomorfas- endriagos de la ingeniería genética- se congregaban en el templo aguardando el segundo advenimiento que por fin les redimiría. En la fecha y hora fijadas la capsula de criogenización se abrió y Disney resucitó, como vaticinaban los libros proféticos. Le cubría hasta los pies una túnica blanca con bordados de oro y un fulgor de luz láser le rodeaba como un halo. La parte humana de la híbrida naturaleza de los engendros les obligó a postrarse al unísono ante la presencia de su Señor. Los incensarios apenas paliaban el espantoso hedor de la congregación. Algunos devotos de las primeras filas se arrastraron de rodillas para besar con el hocico el pliegue de Su túnica. Mansamente se fueron acercando decenas de feligreses que pugnaban por abrirse paso hasta Él. Poco a poco cientos de criaturas asediaban suplicantes a su Hacedor. Él impuso la mano sobre la cabeza de uno de ellos, un remedo atroz de Mickey Mouse, que al contacto de la mano que lo diseñó gruñó y se revolvió mordiéndole como si estuviera rabioso. Roja sangre manó de la herida y excitó la parte animal de los engendros. Un estremecimiento recorrió toda la congregación y se alzó en el templo un rumor salvaje de bramidos. De repente las reverenciantes criaturas se tornaron feroces, se arrojaron sobre su Redentor, lo despedazaron y lo devoraron en una eucaristía bestial y desenfrenada. Así se cumplía la última profecía de la Iglesia de Disney y Sus criaturas fueron redimidas.    
 A TRV"  
Seudónimo: H. Hellpop


11. S/T. De Papasoto


El Mago esperó la oscuridad para efectuar el ritual. Sosteniendo mi espada hacia el fuego, empezó el conjuro, lo observé instantes antes de caer inconsciente.  El  dolor era insoportable, mis labios estaban resecos, el sol caía lentamente sobre mi despojos, traté de levantarme y el mundo giró sobre mí, cayendo de nuevo al suelo, el Mago ya no estaba a mi lado, mi espada clavada en la tierra quedó, todo empezó a oscurecerse y volví a desfallecer. La lluvia devolvió mi alma al cuerpo, observé alrededor, amanecía cuando logré incorporarme, tambaleante busqué mi espada, el Mago desapareció sin dejar rastro, sólo el estigma en el suelo, toqué mis heridas, sorprendentemente estaban casi curadas, siendo profundas y graves, deben haber pasado muchos días, pensé, así que debía apurarme, mi  ejercito debe estar muy lejos y debo llegar con ellos a la batalla contra Zohor. Busqué mi caballo en la espesura del bosque, estaba amarrado cerca del lugar donde acampé estos últimos días, estaba alimentado y listo para partir, el Mago se había encargado de mantenerlo presto para el viaje, monté el majestuoso animal, emprendí el viaje a todo  galope.  Los caminos parecían laberintos, pero mi instinto me guiaba directamente a mi destino, cruzaba ríos, saltaba obstáculos, y en ese afán por llegar a tiempo, estuve cabalgando sin parar durante días, me detuve unas horas para que el  caballo descansara y pudiera continuar. Anochece, estoy cerca del castillo de Amilonht, donde mis hombres combaten las fuerzas del malvado Zohor; un fuerte torbellino me obliga a parar mi galope, entre la turbulencia aparece el Mago, dice que levante mi  espada y la mire. Dime: ¿Qué refleja su metálica hoja? observo la gran espada dorada.  Anciano, la espada refleja para lo que fue hecha, es la guía que abrirá el camino hacia la luz y la esperanza. No se doblegará ante ningún enemigo, si la sostiene un alma íntegra y un corazón justiciero. Un ser impío no podría ni levantarla pues su peso es la medida de su verdad. El anciano levantó lentamente su mano, desapareció tras una lluvia de estrellas. Antes del crepúsculo voy al encuentro de los desencuentros.

Seudónimo: Papasoto

10. ALTA FIDELIDAD. De Arácnido


Se agachó a recoger el pedazo más grande de su corazón destrozado. Curioso, lo miraba como si no fuera algo suyo, como carne barata y medio podrida. Al fondo, una chica lloraba lágrimas de metal, con otro pedazo de corazón en las manos. ¿Se habrían visto alguna vez anteriormente? Algo parecido a un amor de tuercas enmohecidas se abría paso. Sin saber qué hacer, solidarizándose en la amargura, unieron los restos mecánicos con una mirada. Encajaban perfectamente. Un mecanismo de alta fidelidad.

Seudónimo: Arácnido

lunes, 15 de mayo de 2017

9. IMAGINE. De El otro Beatle


Este piano que ves aquí no se parece demasiado al Steinway de pared con el que John Lennon compuso la canción de Imagine en 1971 y que, años después de su muerte, se vendió en una subasta en el Hard Rock Café de Londres por algo más de dos millones de euros. De hecho, para ser una réplica, es una pésima imitación. No. Desde luego que este piano no es el auténtico, pero tienes que conseguir que alguien lo quiera y se lo lleve a su casa por propia voluntad porque está sometido a una maldición.
Por las noches, cuando toda la casa permanece en silencio, comienza a sonar Imagine. Pero más que la canción en sí, el piano repite la composición; las mil y una veces que Lennon la practicó hasta que, por fin, consiguió terminarla. Las que suelen salir bien son las notas del principio: sol, sol, sol, sol, si, si, la. El resto son notas inconexas que, a menudo, acaban de forma abrupta tras un acorde estruendoso.
Solo puedes librarte de la maldición, si consigues que alguien se lo lleve de forma voluntaria. Tarea que, advierto, no es nada fácil. El piano está viejo, desafinado, prácticamente roto por los múltiples maltratos que ha sufrido a lo largo de su baqueteada vida. A los arañazos y al recital de golpes recibidos para que calle, se añade el poco cuidado de los trabajadores de mudanza que lo trasladan de un lugar a otro.
La primera vez que comienza a sonar, es necesario estar solo. Si hay alguien más a tu lado, el piano no suena. Por eso, a veces, ha pasado desapercibido. Parece ideal para casados, pero si uno de los dos abandona el hogar, y deja al otro pasar, aunque sea, una noche solo, el piano empezará a tocar. Siempre las mismas notas. Sol, sol, sol, sol, si, si, la. Y al final, un acorde estruendoso. De nada te servirán ya los tapones, ni marcharte de casa. Una vez que hayas escuchado la canción, te acompañará, a ti y solo a ti, todas las noches, aunque estés rodeado de gente, en una discoteca o embarcado en un ballenero, a mil kilómetros de distancia.

Seudónimo: El otro Beatle

8. EL TORBELLINO. De Longobardo


En los archivos de mi parroquia, se guardaba un antiguo manuscrito con relatos de procesos de brujas. Describía a personas como la vieja Jerónima, viviendo en una choza, junto con un cuervo y dos gatos negros. Un día, Jerónima halló a una chica en el bosque que "caminaba sin dejar huellas, sin siquiera tocar el suelo con los pies". Si Jerónima fuera una mujer piadosa, encerrada en una celda del convento, su visión hubiera sido clasificada como celestial… ¿Pero una mujer desamparada que ve fantasmas, lo que podría esperar? La picota, la tortura, tal vez el fuego...
Estaba estudiando el manuscrito, una noche de invierno, en la sacristía desierta. Me tomó un trago de sueño, sin falta perdí la noción del tiempo. Me encontré solo en la iglesia, en la primera luz de la mañana. Entró una mujer atraendo mi atención. No sé por cual razón la seguí, saliendo a la calle cubierta de nieve. Era una vieja mujer de hacer agradable, su nombre era Teresa, una experta en pociones, sabía hacer caldos y tónicos, había conocido a Jerónima y se ofreció a acompañarme en el campo, hasta el lugar de la aparición. No era fácil caminar en la nieve alta, derretida por el sol y luego endurecida por el frío de la noche. Mis pies estaban mojados y fríos. De repente, un torbellino apareció, asumiendo la forma de una chica etérea, demacrada, fría, cubierta de una larga camisa blanca, un lazo rosado en su pelo largo, pies desnudos fuera de la nieve. Me quedé paralizado por la sorpresa. Cuando me giré, Teresa había desaparecido. El torbellino se desvaneció, la niña diáfana desapareció. Una pequeña cinta de color rosa flotaba en el aire. La agarré. Distante, inalcanzable, veía el bosque de robles y los tejados de la ciudad, con sus torres y campanarios, cubiertos por la nieve.
La mañana, me despertó el sacristán. Yo estaba con la cabeza apoyada en la mesa. Una cinta rosada, húmeda y descolorida, estaba apoyada contra el lado del libro, en el punto que describía la visión de Jerónima.

Seudónimo: Longobardo

sábado, 13 de mayo de 2017

7. ENCUENTRO PELIGROSO. De Ema Lyn


Beatriz no sabía que existían los hombres-lobo, por eso se entregó sin reservas cuando conoció a Martín, un hombre que trabajaba de noche y amaba de día
Él había pasado media vida tratando de equilibrar sus dos mitades, sin embargo no siempre lo había conseguido. Cuando conoció a Bea, no sabía que existían las mujeres-gatos… Ella era discreta y misteriosa.
Se fueron a vivir juntos y cuando pudieron confesarse sus secretos, ya era tarde para arrepentirse.
Cuentan los vecinos que por las noches se escuchaban corridas, rugidos y maullidos, pero de día eran amorosos amantes lastimados.

 Seudónimo: Ema Lyn

6. RECUERDOS DE MI MANO. De Ortiga


Hace bastante que me corté la mano derecha por escribir demasiadas cosas humanas, perplejo de lo que hacía, usando un hacha de utilería que mi padre había traído a casa de una filmación casera de "Ana Bolena". Fue una estupidez, porque la izquierda escribía mejor ya que soy zurdo y era más humana, si cabe, porque me pertenecía originariamente. La cortada era una descerebrada y por eso más emocional. Escribía cosas tristes a la noche, las más tristes. Trató de hacer un catálogo de estrellas vinculándolas con mujeres que conocí en mis viajes y, si no mujeres, al menos seres que tuvieran sexos complementarios al mío (de paso señalo que, originalmente, nací varón, con tanto de pene y barba y esas cosas). Pero la izquierda asumió, desde la ablación ceremonial, el deber de escribir también cosas humanas, demasiado humanas. Y yo, ay de mí, con una mano perdida, no podía, por supuesto, cortarme la otra.
La enfermera Vitalba vino anoche para el masaje reparador en el muñón astillado y varias veces curado por el Dr. Mc Coy, aunque con las heridas que dejó el hacha de la Bolena fuera imposible, como predijo. Por suerte, ella era del sexo adecuado a nuestras mutuas apetencias y yo podía dejar de escribir cada tanto para repasar con ella algunas ceremonias prohibidas en público. Fue la misma noche en la que el capitán Kirk me pidió que me dejara de joder con la mano que me quedaba y la que me faltaba y empezara a calcular, con todos los tiempos y contratiempos transcurridos, qué edad teníamos cada uno de nosotros. Al estilo del emperador que decapitó a los sabios que dijeron que la distancia entre el emperador y el arco iris era mayor que la del emperador al Sol pero que estaba detrás de él, el comandante quiso degollarme con su cuchillo de abrir cartas cuando dije que mi edad era la del abuelo de Shakespeare si continuara vivo y que él habría podido nacer el año en que Colón todavía estaba analizando los vientos africanos. Él mismo quiso cortarme la mano izquierda, pero ella se lo impidió del peor modo. Ahora sí que estamos perdidos.

Seudónimo: Ortiga

5. BLOQUEADO. De La escriba sentada


—Espejito, espejito. ¿Quién es la más hermosa de este reino?: "Acceso denegado".
—Soplaré, soplaré y la casa tiraré: "Acceso denegado".
Lo mismo una y otra vez. Nos habíamos reído al elegir la contraseña de acceso a la cabina, pero no conseguía recordarla, seguramente a causa de la tensión acumulada tras la avería en el sistema principal de propulsión. A la deriva, avanzábamos hacia el sol, con un capitán que, enajenado y encerrado en la cabina de control, me había negado el permiso para intentar una última maniobra de retroceso. Comprendí que no había ya nada que hacer.
—Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
Apoyé el arma. El estruendo del tiro en mi sien sepultó el chasquido de la cerradura al desbloquearse.

Seudónimo: La escriba sentada

jueves, 11 de mayo de 2017

4. LOS SIRVIENTES DEL HOMBRE. De Arsivad


Cuando el último ser humano murió entre los restos humeantes y tóxicos de la devastación, ya no hubo quién recordara aquel lejano tiempo en que fueron construidos al amparo de inmensas fábricas de altas chimeneas y entrañas de hierro y concreto; con potentes máquinas de monstruosas dimensiones trabajando día y noche, moldeando, ensamblando y conectando, de modo que en pocos días muchos estuvieron listos, cientos de ellos… miles.
Y nadie recordó aquella luminosa mañana de agosto en que, mientras el sol resplandecía orgulloso en el exterior, en las enmarañadas profundidades de las fábricas los autómatas finalmente despertaron. Sus ojos encendiéndose con una luz interior, los enjutos brazos vibrando y zumbando al moverse, los dedos de nervios de alambre crispándose sobre sus articulaciones engrasadas; la energía fluyendo a través de las venas de cobre revestidas de caucho y los microprocesadores trabajando a velocidades inauditas.
Nadie recordó que los autómatas, hechos por la mano del hombre y modelados a semejanza del hombre, impulsados por una vida sintética, se irguieron zumbando, pitando y resonando con chasquidos eléctricos. Y que, a una señal, todos marcharon fuera de las fábricas en huestes ordenadas, como apacibles ríos de mercurio. Y avanzaron reverberando al sol, fluyendo en un mismo movimiento mecánico, serenos, coordinados, obedientes; deslizándose sobre pies de acero hacia las ciudades humanas. Y allí, en los umbrales de las casas, en los balcones y azoteas, o asomándose de las amplias ventanas de los edificios, la gente aguardando con los rostros expectantes, sonrientes y estremecidos de emoción, como el de un niño que espera impaciente su nuevo juguete; irrumpiendo en exclamaciones al oír el crepitar electrónico en el cálido aire estival y vislumbrar los primeros destellos de plata en la distancia sobre los caminos asfaltados, celebrando la llegada de los nuevos sirvientes del Hombre.

Seudónimo Arsivad

3. OLVIDO. De Molu


—¿Padre?
—¡Hijo mío! ¿Qué te han hecho? Pagaran por esto toda la eternidad.
—¿Por qué cosa, padre?
—Por lo te han hecho. Es horroroso.
—Padre, estoy perfectamente bien. Nada me ha sucedido.
—Las potencias celestiales están indignadas. El oprobio cósmico se transmutará en la naturaleza que sangrará tu sangre hasta el fin de los tiempos.
—Padre, ¿me escuchas? Estoy bien.
—¿Estás en el Gólgota?
—¿En el Gólgota? No, padre. Ese es el lugar al que llevan a los que van a crucificar.
—¿Y tú no estás ahí?
—No, padre. ¿Acaso debería?
—No, no. Igual pagaran...
—Padre, ¿otra vez has olvidado contarme las cosas?
—No lo creo. Aunque no tendría forma de comprobarlo. Si he olvidado algo, no lo recuerdo.
—Olvida lo que quieras, padre… Pero no olvides enviarme el carro de fuego de Elías. No vaya a ser que estos ignorantes se crean la historia del Mesías.
—No lo olvidaré, hijo. Lo juro.

Seudónimo: Molu

miércoles, 10 de mayo de 2017

2. UNA NOCHE EN EL MUSEO. De Amalio


A su paso por los cielos de Córdoba, la Luna Llena aguzó su mirada y no pudo contener una sonrisa: bajo los arcos de medio punto de la galería del Museo correteaba el Cervatillo de Medina Azahará. La diminuta figura de bronce detuvo su loca carrera frente a la estatua de Afrodita, cuyo mármol relucía bajo la blanca luminosidad lunar.
- ¡Madre Afrodita, despierta! - el Cervatillo sonaba apremiante.
- ¡Pero Cervatillo! ¿Qué estás haciendo por aquí a estas horas? – la diosa reprimió un bostezo -  Ya deberías estar durmiendo en la Sala de al-Ándalus...
- Eso hacía, Madre Afrodita - gimió el Cervatillo – ¡Una pesadilla me despertó!
Afrodita experimentó tanta ternura por ese animalito desvalido que, de haber conservado sus brazos, lo habría estrechado fuertemente entre ellos.
- ¡Ay, pequeñín! ¿Y por qué no intentaste volver a dormirte, en lugar de salir a correr por el Museo como un desaforado?
- Intenté hacerlo, Madre Afrodita, pero no pude - musitó el Cervatillo, con voz apenas audible - ¡Era un sueño espantoso!
La diosa lo contempló conmovida: aquel pequeño cuerpo, cuyo bronce parecía haber empalidecido, se estremecía en un continuo temblor.
- Ven aquí - lo invitó con dulzura - Puedes dormir conmigo esta noche...
- ¿En serio, Madre Afrodita? - el Cervatillo no podía creer lo que estaba oyendo.
- Por supuesto que sí. ¿Tengo cara de estar de broma?
Ni lerdo ni perezoso, el pequeño buscó refugio entre los monumentales muslos.
- ¿Ya te sientes mejor? - preguntó Afrodita - Bueno, entonces, ahora puedes contarme cuál es esa pesadilla tan terrible. Dime, Cervatillo ¿qué fue lo que soñaste?
- ¡Ay, Madre Afrodita! - respondió el otro, plañidero - Soñé que el poderoso Dios Mitra quería clavarme su puñal en el cuello, igual que al toro, y yo... ¡ni siquiera tengo cuernos para defenderme! 

Seudónimo: Amalio

1. SIN FECHA. De Litio Sodio Potasio


De entre todas mis amantes, reales e imaginarias, hay una a la que no felicitaré por su cumpleaños, que es mañana. Hasta ayer éramos tres los que estábamos en liza: ella, su dragón y yo. Pero hoy….
Ella de piel tan nívea, él tan lleno de costras, ambos tienen los mismos ojos. No puedo enfrentarme al chorro de llamas del dragón, que mi escudo sabría parar, sin temer por el silencio oscuro que me abrasa la nuca.
Antes no temía a ninguno. Ahora me temo a mi. Por eso suelto el escudo, tiro la espada, el casco, la armadura y ligero como una pluma me abrazo al cuello del dragón. Quizás con un bramido inofensivo alce el vuelo y lejos, muy lejos, me deje caer en el mar.  Yo sé nadar. Sé bucear.
Soy un pez. Cuando la princesita camina sobre las aguas, yo intuyo la huella de sus huellas, los caminos de su camino. En el mar, la sal cauteriza las heridas y descubro con cierta sorpresa que tenía varias bajo mi dura coraza.
Desde tiempo inmemorial, en el espejo roto de un barco hundido, busco el reflejo de mi rostro con la ayuda de la pálida luz de una vela que el agua no quiere apagar. Por eso sé que mis ojos no son sus ojos, ni los del dragón, ni los de ambos.  Nos separa tanto, tanto silencio; nos separa tantísimo mar, que amarla a ella y amarme a mi hace imposible felicitarla por su cumpleaños.
Pues hacerlo sería romper un hechizo que yo mismo he creado.

Seudónimo: Litio Sodio Potasio

lunes, 8 de mayo de 2017

Bases del XV Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2017


XV CERTAMEN INTERNACIONAL DE MICROCUENTO FANTÁSTICO miNatura 2017


BASES DEL CERTAMEN
1. Podrán concursar todos los interesados sin límite de edad, posean o no libros publicados dentro del género.
2. Los trabajos deberán presentarse en castellano. El tema del microcuento deberá ser afín a la literatura fantástica, la ciencia ficción o el terror.
3. Los textos tienen que enviarse a la siguiente dirección: revistadigitalminatura.certamenesliterarios@blogger.com
4. Los trabajos deberán ir precedidos de los siguientes datos: seudónimo obligatorio (que aparecerá publicado junto al microcuento para su evaluación, de no enviarlo se le asignará el título del texto), nombre completo, nacionalidad, edad, e-mail de contacto y un breve currículum literario en caso de poseerlo (estos datos no serán publicados).
5. Se aceptará un único cuento por participante. La publicación del mismo en las horas posteriores al envío dentro del blog Certámenes Literarios miNatura (http://certamenesliterariosminatura.blogspot.com.es/) previa moderación, hará las veces de acuse de recibo.
IMPORTANTE: La cuenta de correo dispuesta para el recibo de los microcuentos no ofrece la posibilidad de mantener correspondencia con los participantes, ni tan siquiera queda reflejada la dirección del remitente, de ahí la obligatoriedad de incluir un mail de contacto en el cuerpo del mensaje.
6. Cualquier consulta sobre el certamen o el envío del microcuento deberá hacerse a la siguiente dirección de correo electrónico: revistadigitalminatura@gmail.com
7. Los microcuentos tendrán una extensión máxima de 25 líneas. Y deberá ser enviado sin formatos añadidos de ningún tipo (justificación, interlineado, negrita, cursiva o subrayado, inclusión de imágenes, cuadros de texto, etc). De poseerlos éstos serán borrados para su inmediata publicación en el blog.
IMPORTANTE: Para comprobar que la extensión del microcuento no excede las 25 líneas y cumple con los requisitos, se utilizará una plantilla normal de documento de Word tamaño de papel Din-A4 con tres centímetros de margen a cada lado, sobre la que se pegará el texto presentado con tipografía Time New Roman puntaje 12. (El microcuento puede enviarse en cualquier otro tipo y tamaño de tipografía siempre y cuando se haya comprobado que cumple con los requisitos que acabamos de exponer).
8. Tanto la participación como los datos personales, deberán ir integrados en el cuerpo del mensaje.
IMPORTANTE: No se admiten adjuntos de ningún tipo. Recordamos que todos los mensajes que incluyan adjunto y que no tengan escrito nada en el cuerpo del mensaje llegan en blanco y sin dirección de origen.
9. Aquellos cuentos que, pese a llegar correctamente, no cumplan con las bases del certamen no serán etiquetados como ADMITIDO A CONCURSO (Aparecerán sin etiquetar en el blog).
IMPORTANTE: Los cuentos que queden fuera dispondrán de una única oportunidad dentro del plazo de recepción de originales para modificar su envío y que su texto pueda entrar a concurso. (Si no aparece publicado en dos o tres días, pueden escribir a la dirección de consulta incluida en el punto número 6 de estas bases).
10. Las obras no deberán estar pendientes de valoración en ningún otro concurso.
11. En el asunto deberá indicarse: XV Certamen Internacional De Microcuento Fantástico miNatura 2017. (No se abrirán los trabajos recibidos con otro asunto).
12. Se otorgará un único primer premio por el jurado consistente en la publicación del microcuento ganador en nuestra revista digital y diploma. Así mismo se otorgarán las menciones que el jurado estime convenientes que serán igualmente publicadas en el número especial de la Revista Digital miNatura dedicado al certamen y obtendrán diploma acreditativo que será remitido vía e-mail en formato jpg a la dirección de correo electrónico que nos hayan facilitado.
13. El primer premio no podrá quedar desierto.
14. Los trabajos presentados serán eliminados del blog una vez se haya hecho público el fallo del certamen y tan sólo quedarán en él aquellos cuentos que resulten destacados en el mismo.
15. En ningún supuesto los autores pierden los derechos de autor sobre sus obras.
16. El jurado estará integrado por miembros de nuestro equipo y reconocidos escritores del género.
17. El fallo del jurado será inapelable y se dará a conocer el 5 de octubre  de 2017 y podrá ser consultado a partir de ese mismo día en nuestros blogs (Revista Digital miNaturaAsociación cultural miNatura Soterrània y Certámenes literarios miNatura). También será publicado en páginas afines y en el grupo Revista Digital miNatura en Facebook: ( http://www.facebook.com/groups/126601580699605/ ).
18. La participación en el certamen supone la total aceptación de sus bases.
19. El plazo de admisión comenzará el 10 de mayo de 2017 y finalizará el día 31 de julio de 2017 a las 12 de la noche hora española.

Ricardo Acevedo E. y Carmen Rosa Signes U.
Directores de la Revista Digital miNatura