martes, 1 de agosto de 2017

AVISO CONCURSANTES


Con la publicación de los últimos cuentos recibidos correctamente al certamen, finaliza la fase de recepción de originales. Ahora le toca al jurado dictaminar su fallo que se dará a conocer el día 5 de octubre de 2017.
Gracias y suerte a todos.

Los organizadores

190. ¿TODO FUE UN SUEÑO? De Zyan07


Al principio, el sueño comenzó como siempre. Los colores dieron paso a las figuras y estas a su vez dejaron ver un par de recuerdos de lo que había vivido la tarde pasada.
Sin poner especial atención a ello, la niña siguió descansando sin interrupciones. A veces veía a su perrito lamiéndole la mano, en otras ocasiones podía observar a un par de amiguitos jugando junto a ella.
Todo como siempre. Ni una imagen o gesto fuera de lugar, hasta que sus ojos se desviaron y vieron una cara asomada por entre los arboles de su sueño.
Fue ahí donde todo se terminó. El cielo se oscureció y las risas de la pequeña se volvieron inspiraciones marcadas que no tardaron en soltar uno que otro jadeo.
De repente, las imágenes a su alrededor cambiaron. Ya no estaba en el parque, o en su casa, o en el salón de clases. Se encontraba corriendo por un largo pasillo, al tiempo que escuchaba las risotadas por detrás de ella. Se acercaba. Estaba casi encima.
Los paisajes a su alrededor cambiaban, pero ella no se daba cuenta. Solo podía huir de su perseguidor.
De repente, su pie quedó enganchado a una rama imaginaria y cayó con un estrepitoso sonido. Sus manos azotaron en la húmeda tierra y su cara terminó manchada por el barro.
Tenía que levantarse. Pronto. Antes de que él…
Una mano se cerró en torno a su hombro y, antes de que pudiera voltearse, despertó.
La niña se reclinó sobre las sabanas, con el rostro brillando por el sudor. Ese había sido un sueño horrible. Uno de los más feos que había tenido hasta el momento.
Bien. Qué bueno que pensaba eso. Odio comer sin aquella pizca de sabor que da el miedo.

Seudónimo: Zyan07

189. INCORPÓREA DESDICHA. De Jason Vorhees Viernes 13


Siempre estuve acosado por el temor a los fantasmas, hasta que me di cuenta de que no podían tocarme, ni yo a ellos; éramos intangibles, cuando intentábamos ponernos una mano encima, esta atravesaba nuestro ser. Con el tiempo dejé de tenerles miedo a los aparecidos; también surgió en mí la tristeza, la gran pena de no poder acercarme a alguno para darle un beso.

Seudónimo: Jason Vorhees Viernes 13

188. AMOR PUTREFACTO. De Harmunah


Ernest retiró las escasas pertenencias del cadáver. Miró a su alrededor antes de guardarse la paga extra en su bolsa, más por costumbre que porque temiese que lo descubrieran. Era de los pocos que aún se atrevía a estar en contacto con los muertos. Desde que estos habían comenzado a levantarse y a comerse a sus familiares y amigos en pleno velatorio, los forenses y enterradores escaseaban.
El ataúd desapareció en el horno crematorio. Otro que no regresaría. La plaga había sido casi erradicada, pero la incineración aún era la forma más eficaz de controlar el pánico.
Anochecía cuando salió al exterior. Nadie se acercó a él en el bus, como si intuyesen a qué se dedicaba, o su aspecto fuese un reflejo de sus pensamientos.
La irritación se esfumó en cuanto entró en su piso, donde Ángel lo esperaba recostado en el sofá. El batín medio abierto mostraba infinitos centímetros de piel pálida.
―¿Ya has vuelto? ―El joven esbozó una sonrisa lánguida y abrió sus brazos para él. No huyó cuando Ernest se inclinó sobre su cuerpo esbelto, ni se apartó mientras besaba sus cabellos, sus párpados, sus dedos. Amó con toda la intensidad de su pasión a aquella criatura hermosa, y el éxtasis le hizo olvidar el resto de su penosa vida.
Minutos después Ángel se sentó a horcajadas sobre él, complaciente.
―¿Lo he hecho bien?  ―Esperó a que Ernest asintiese―. ¿Y mi premio?
El hombre señaló la bolsa del suelo, y contempló al joven gatear hasta ella y extraer su contenido con movimientos ansiosos, con sus hambrientos ojos inyectados en sangre. Hincó los dientes en la mano amputada, devorando carne y hueso con fruición.
Un breve escalofrío recordó a Ernest la noche en la que había robado el cuerpo de Ángel del crematorio. ¿Cómo podía destruir algo tan bello? ¿Cómo condenarlo tras regresar a la vida, si era el único que lo miraba sin repulsión? Que lo hacía sentir amado.
La expresión extasiada de su amante lo colmó de paz. Era anormal y repulsivo, pensó mientras lo abrazaba. Que fuese incapaz de renunciar a ese, su amor putrefacto.

Seudónimo: Harmunah