lunes, 30 de marzo de 2020

AVISO CONCURSANTES

  Con la publicación de los últimos poemas recibidos se da por finalizado el plazo de recepción de originales a concurso. Pasamos a la fase de evaluación por el jurado.
         Todos los poemas que han llegado incumpliendo alguna de las normas del certamen no han sido publicados a destacar aquellos que fueron enviados en archivo adjuntos, haciendo hincapié de que éstos no se han podido ni tan siquiera ver.
         El próximo 24 de mayo del presente año, se dará a conocer el fallo del jurado. Suerte a todos.
         Gracias por participar.

La Organización

70. UN FUTURO. De Aurora



El futuro lejano no es incierto
fácil con volver a triste pasado
en hielo y fuego todo un mundo muerto
en un ayer no tan tanto alejado.

La Tierra de humanos era un desierto
mundo de especies se estaba abonando
naturaleza en jurásico abierto
de hombres lejanos un día poblado.

No tan lejano se está de vivir
con la contaminación de la mano
al mundo queremos exterminar.

No saber con planeta convivir
naturaleza con el ser humano
y malas culpas debemos expiar.
Seudonimo: Aurora

69. PARASOMNIA. De Mad Kurlain



Intensos destellos ante mis ojos,
breves y tan fugaces que encandilan,
sus rayos ardientes infrarrojos,
son luces despiadadas que horripilan.
Cuerpos sin rostro, los cabecirrojos
emergen de los suelos e hipnotizan,
vibrantes susurros que descarrilan,
invadiendo nuestro lar de rastrojos.
Acercándose silentes me enfilan
y yo inerte ante dichos seres redrojos,
sin poder moverme, sólo con reojos
presumiendo el negro sino que perfilan.
¡Que quiero mover estos miembros flojos!
y por fin, con el tic-tac del reloj fibrilan,
despertándose de los trampantojos
y expulsando las ánimas: las jubilan.
Seudónimo: Mad Kurlain

68. EL PANZA DE PAPA. De Gugui El Músico



Un solo diente
como el ajo macho.
Un solo diente
y en un ojo el tajo.
Patas de tero,
panza de papa.
Si lo nombras  te atrapa.
Si lo piensas te atrapa.
Si pronuncias su nombre en la noche
te atrapa, te atrapa.
Si lo sueñas estando despierto
te atrapa.
Desde el quinto nivel del infierno
se eleva y te atrapa.
Y te clava su diente en la panza
y te entierra su cuerpo escarlata
y te crecen patitas de tero
y tus dientes se vuelven de lata
que se funde en un solo diente
que hiere, que mata.
Y se hunde tu cuerpo en el suelo
y tu carne se vuelve de papa
y el quintero remueve la tierra
y en un ojo te entierra la pala
y hasta el quinto nivel del infierno
desciende tu alma.
Hasta el quinto nivel de la muerte,
hasta el quinto nivel de la nada,
hasta que alguien te sueñe despierto
o pronuncie tu apodo en la cama.
Seudónimo: Gugui El Músico

67. LABERINTOS. De Laberintos



Laberintos, refugio de seres fantasmales
Mis recuerdos revisten sus muros inalcanzables
Habitado por minúsculos seres frustrados muy poco amigables
Entenderé que la única salida es la razón
Razón que queda secuestrada en mis noches de sueños profundos
En los que soy vulnerable a los cánticos a repetición
Y a miradas sonrientes, que me invitan a quedarme
Entenderé que los laberintos también se forman bajo un sol cualquiera
Laberintos de acceso inmediato y de encierros eternos
Laberintos de cartón, de amalgama, de humo y tierra
Laberintos donde me someto como voluntario ansioso
Ya no espero la noche o un plano silencio
Mi deseo es quedarme en algún pasaje de mi memoria para ser eterno
Ser amigo de esos minúsculos seres sonrientes y de grandes ojos
La vida allá afuera me ha invitado a explorar otros rincones, otros universos
Otros laberintos, que aun no han sido parte de mi encierro
Seudónimo: Laberintos

66. A UN LADO DEL CAMINO. De Descifrador



Otro viaje por estos lugares,
advertencias no me han faltado;
prudencia tener por estos lares,
el coche manejar con cuidado.
Son dominios de la oscuridad,
que asombran al más pintado.
El ambiente es uno de fatalidad,
no existe espacio iluminado.

Unos relámpagos han asomado,
este viento de lluvia no alegra,
también la soledad ha pernoctado
en la denominada carretera negra.
Ahora pienso con afán y temor
que no hay combustible suficiente,
y me invade demasiado resquemor,
pues de esa falla voy consciente.

Era lo único que me faltaba,
mi coche que ya no puede avanzar.
Justo lo que hace rato imaginaba,
de aquí pienso una ciudad alcanzar.
Está muy lejos indica el medidor,
la casa en el camino es la opción,
dijeron que puede ser aturdidor
y la aventura mi exterminación.

Son falsos todos los rumores,
la casa es sumamente acogedora,
de momento pasan mis temores,
pero veo una imagen turbadora,
el ambiente cambia y oscurece,
otra vez comienza la desesperación,
el ruido ahora me ensordece,
algo se acerca como exhalación.

No se aproxima uno solamente,
son pasos, pasos y más pasos.
El sonido también es inclemente,
para mí es el peor de los casos.
Mi gran deseo es sobrevivir,
mas apenas miro por donde huir,
y si de todas maneras voy a morir,
alguien ose esta agonía escribir.
Seudónimo: Descifrador

65. POEMA CYBERPUNK. De Soundtape



La memoria es un parasito blindado
que aúlla en baudios, en hercios, en kilociclos,
dejándote cenizas vibrantes en la boca
mientras daña de a poco tus gráficas senoides.

Hoy he visto a un electroperro
y a un gatopum saltar bajo la lluvia.
Después me encontré con el hombre descifrado,
entre la escoria, bañado de cálidos metadatos.

Me dijo que dormía siempre conectado
y que sus ojos escupían fuego y plásticos.
Viajaba sobre ciudades erosionadas
en el ascensor más rápido del mundo.

Coleccionaba palabras para evitar el olvido,
Si lo pienso aun no tenía el cerebro quemado.
Yo también era un extraño o una sombra,
barajando porciones de silicio y mercurio.

Mi sangre está llena de mensajes cifrados.
En el principio fue La Máquina, luego,
el Hombre Semántico cometió el pecado,
al ignorar que su voz era una huella digital.

La memoria es una diana de titanio,
una caja sin vértices, un tren redundante.
Atravesamos la soledad de los instantes
mientras caemos hacia el final del juego.

He vuelto a soñar con los electroperros
y perseguido un gatopum por las cornisas.
Frente a un sucio espejo desconecto mi sistema
y solo veo un hombre gris bajo la lluvia. 
Seudónimo: Soundtape

64. EN TUS FRÍAS CADERAS. De Z. P. Blackwrite



Entre tus tristes caderas,
Intento guardar mis penas.
Entre tus pútridos labios,
Olvidar malos recuerdos.
Tu rostro, antes bello, hermoso
Me inspiro tantas creencias.
Ahora, un gesto monstruoso
Reafirma viejos dogmas
De los horrorosos seres
Que transitan miserables.
Mera creencia obsesiva
De mi mente depresiva.

II
Entre tus tristes caderas,
Depositar tristes credos.
En tus pútridos labios,
Guardar mis penas ocultas.

III 
Gozo de tus muertos labios,
Gozo de tus muertas manos.
Tu seco y frio cadáver
Todavía me inspira a ver
Que soy uno de esos horrores
Que transitan miserables
Seudónimo: Z. P. Blackwrite

63. LA SILLA. De Bacuñas



No se deja ver. La luz, leve, lo traspasa.
Ya es tarde y das mil vueltas en la cama
y en la silla del rincón del dormitorio
un alguien se ha sentado a vigilarte.
No es cuestión de Fe. Te está mirando.
No es miedo irracional. Es la certeza:
está sentado en la silla de tu cuarto.

Es la historia temida de la infancia.
El cuento evocado a la luz de una vela.
Las ropas en un bulto polimorfo.
La puerta de un desván impenetrable.

Ya es tarde y hay un alguien en la silla.
No es miedo irracional: te está mirando
con ojos de pescado 
Se inquietan sus manos de pergamino
agita sus rodillas como un acordeón 
aprieta sus dientes de navajas.
Te está mirando
Te está sonriendo.
Te muestra las encías.
Seudónimo: Bacuñas

62. LA PUERTA. De Terry Soler


Se fue cerrando,
la vieja puerta
de la eternidad.
Se fue cerrando
y bajo una luz de luna
de un cielo de ceniza
las lágrimas del viento
me vieron marchar.
Sólo quedó una lágrima
y un último beso al aire.
Y esa odiosa puerta
me empujó a la calle.
Y empecé a vivir,
sin encontrar sentido
a mi existencia,
me perdí por la niebla
de la calle
sin mirar jamás atrás.
Cuantas veces ahora
me he sentido cerca
de la puerta…
Sería fácil volver
con un poco de valor,
pero sé
que cruzado el umbral
ya no se vuelve
y hay tanto
por hacer aquí…
Amigos de un pasado
inexistente,
no es aún mi tiempo,
pero esperad,
presiento que no tardaré
en volver.

Seudónimo: Terry Soler

domingo, 29 de marzo de 2020

61. MIRÉ ATRÁS Y VI DRAGONES. De Abril Bach




Ella está aquí y en el bosque
en el bosque que nadie conocía
en el bosque donde venden alegría
y hacen que tu cuerpo se enrosque

Ella camina, no encuentra sus alas
y pregunta al agua cristalina
Ella parece tener una sonrisa divina
y saber donde se ocultan las hadas

Ella a veces, llora a mares
y a su bosque quiero llevarla
pero no sé animarla
a que me comparta los lugares

Donde se esconden sus criaturas
su bosque y su desierto
su montaña, su pueblo incierto,
y sus épicas aventuras

Ella está aquí, pero menos,
desaparece más a menudo
y siento entonces un nudo
mientras oigo los truenos

Pero si vuelve sonriente
en dragón o camello
siento algo bello
renovador y caliente

Será magia, me responde
sonriente, a mi pregunta
mientras así misma se unta
con la fuerza que esconde

Ella está en el bosque y no aquí
en el bosque que yo conocía
en el bosque donde me prometía
que sería siempre la que fuí
Seudónimo: Abril Bach

60. LA NOCHE MÁS OSCURA. De Duende3



Se abre paso a empujones
a través del ruido ensordecedor
de una turba de enajenados.
La noche se deshace en una tormenta
de arañazos, llamas, ladridos humanos.

Lleva un par de horas caminando
a la deriva, esquivando golpes
y las piedras que los locos lanzan
contra sus propias ventanas. 
En su bolsillo, algo de dinero
para comprar cualquier cosa que encuentre
a aquel que la quiera vender.
Pero no queda nada.
Han saqueado la vida.

Desvía la mirada cuando ve
a los buitres borrosos
desenterrar las raíces de los árboles.
Decide volver a casa.

Allí se deja abrazar
por el silencio
y se quita las vendas
con las que había envuelto su rostro.
El espejo le devuelve
una imagen confusa, pálida,
de ojeras gigantescas
y pelo desordenado.
Pero sigue siendo ella.
Aunque no sepa muy bien
qué significa ser
la esperanza.

Allí está
el brillo asomando
en el fondo de sus ojos,
como una hoguera
en las profundidades de un abismo.
Y su voz, susurrando:
"Esperanza…"

En medio del salón
el Viento del Norte,
maniatado y amordazado,
implora su perdón
con los ojos desorbitados
en la noche más oscura.
Seudónimo: Duende3

59. LA BRUJA. De Ruinas góticas



Tan ridícula y tan aterradora.
Conspira con las sombras de las cosas,
opaca mi espectro cromático,
y conjura mis rotos amaneceres .

Recuerdo el espantoso día,
en que se escapó con risas infernales
de entre las páginas de mi libro azul
para habitar en historias reales.

Maldita bruja.
Merodea con insistencia mi cuarto,
espía sigilosa detrás de las paredes,
y toca mi espalda en las penumbras,
para llenar mis venas de temores.

Maldita bruja.
Se esconde tiesa debajo de la cama,
para sentir mis latidos que se disparan
como tambores de ecos pavorosos,
con su respiración allí, tan cercana.

La maldita...maldita bruja.
Se mete en mi cabeza, por Dios!
y amenaza cada día con matarme,
Se apodera con saña maliciosa,
de mi cuerpo cansado y tan endeble.

La maldita...maldita..maldita bruja
Me mira y sonríe perversamente
una vez y otras miles de veces,
con su dientes amarillos y terribles,
desde el delirio sádico de mi mente.
Seudónimo: Ruinas góticas

58. EL OCCISO DE HIERBA. De Patricio Alejandro



El bibliotecario archiva plantas mediterráneas,
las guarda entre libracos añejos,
esos que disecan de una mosca sus alas
y de un hombre las pulgas.
Sus estanterías son cultivo de herbarios
donde las páginas se asolean en invernaderos
y al botánico cintas de semilla despoja
para usarlas como marcadores de lectura.

Los lectores no conocen su locura,
esa que al bibliotecario con plantas alucina
¡Algún otro! ¡Algún otro habrá leído bajo la sombra de un abeto!
mientras los restos de coníferas
pasaban de deslizarse por su cabellera
a incrustarse en la tarlatana
ignorando así que quien de libros proveía
de un jardín usufructuaba.

Páginas eran leídas
hojas de hierba al techo eran lanzadas
y el suelo golpeaban.
Lectores que riegan letras y secan plantas
semillas al suelo
solapas abren, solapas cierran
ante la mirada mohosa de las dos hornacinas
que agujerean la cara granulosa
del viejo árbol que los libros sombrean.

Terror en la biblioteca;
un cadáver cubre sus llagas con flores de vainilla
que oxidan sus ojos de acero,
va deshilachándose la carne caustica usando
una daga envenenada que brota del espinazo;
siendo cadáver es arbusto secándose,
siendo occiso es maleza de calle.

¿Qué hace un cadáver en la biblioteca?
¿Qué hace un árbol secándose entre los estantes?
Los encargados no saben si en casos como el presente
llamar a los detectives se debe
o con fumigadores de malas hierbas
y máscaras herbicidas entrar se tiene.

El bibliotecario transpira a borbotones
si el muerto es hombre, él es asesino
si el muerto es hierba, él es bioterrorista;
pero los lectores hacen callar el estruendo de
las gotas saladas en el escritorio.
Aquel estúpido hombre no calla su miedo,
es un escritor perdido
que sin tener un hijo, que sin haber publicado
planta malezas en libro ajeno
estorbando a los pragmáticos lectores
que van construyendo arboles que nunca son humanos
que van plantando humanos que nunca son árboles.
 Seudónimo: Patricio Alejandro 

57. MÚSICA. De Jerónimus



El payaso gira la manivela
y una melodía cubre la plaza

la colorida cajita se abre

salen un oso y una muñeca
y bailan

una niña se acerca
también un anciano
una maestra
un policía

la melodía se extiende por las calles
y mas allá de la ciudad
recorre los campos
los ríos y los valles nevados
la selva y los desiertos
pasea por los océanos
las bahías y los estuarios

y cuando la tarde se aleja

se va la niña
el anciano
la maestra
el policía

caen con acierto
algunas monedas
en el sombrero dado vuelta

el payaso detiene la manivela

el oso y la muñeca
regresan a la cajita
y la melodía desaparece

el mundo vuelve a girar.
Seudónimo: Jerónimus

56. FIEBRE. De Axel Moor



Exacto a las 6.54 horas de la tarde,
justo a seis minutos del anochecer,
una fiebre de cuarentitantos grados
atacaba mi firme deseo de escribir.

Cogí mi lápiz, aturdido e irreflexivo,
con el temor de trazar versos
delirantes, de los cuales más
tarde, me podría arrepentir.

Raudas, cual saetas de cazador,
las ideas llegaban a mi mente,
y cual suicidas gotas de sudor,
morían al rodar sobre mi frente.

Pero ahí estaba mi pulso, luchador,
tratando en total desvarío,
de expulsar un poco de dolor.

6.59 horas de la tarde;
ya oscureció, han muerto los sonidos.

Y empezaron a formarse figuras
fantasmales, de ojos rojos,
negras aves, agresivas e infernales,
y colmillos de dantescos animales.

Todo en mi habitación huyó despavorido;
sólo mi corazón, sofocado, siguió latiendo.

Dando un alarido salió por mi ventana,
el papel que iba a contener mis versos,
y fue devorado por las sombras del bosque,
dibujadas por sus árboles perversos.

El reloj contaba sus minutos; abrí la puerta
y salí de la cabaña, perdido entre las tinieblas
de la fiebre; sin rumbo, sin orientación.

De repente, en una curva del camino,
dos ojos diabólicos, torvos,
tragándose el horizonte, llegaban a mí,
colmando mi alma de terror.

Formé una cruz con mis brazos,
Indefenso; la fiebre y el sudor callaron,
y fue inevitable y doloroso;
aquellos diabólicos ojos, me arrollaron.

Como arrolla a un roedor un maldito coche.

Y allí quedaron mis delirios;
en las voraces fauces de la noche,
y mis afiebrados versos;
entre el camino y los árboles, muertos, dispersos…
Seudónimo: Axel Moor

55. EN LA ADOLESCENCIA. De Desolation Williams



en la adolescencia
bradbury
me aconsejó no ir a marte

y bowie insistía
con que mejor
no frecuentara al mayor tom

no obstante eso
insistí
con mis fantasías y pronto

empecé a gravitar
en este grano del cosmos
que llamamos tierra

cuántas veces subí
cuántas bajé
y cuántas simulé estar no estando

cuántos anillos de saturno
me mordieron la herida
en esa calesita a la distancia

hasta que al fin dije un día
voy a marte
a bañarme en sus tormentas

hace tanto ya de eso
que hasta el sabor del polvo
se me ha extraviado

y ahora hay cientos como yo
de aquí a la nubes
en suspenso en sus saltos

brillantes astronautas
girando sobre el abismo
de esta rojiza soledad.
Seudónimo: Desolation Williams

54. VIAJE ASTRAL. De "Vikingo" Manuel Cerdera



ACTO I - Pecados:
Beber del cuerno de la abundancia
Comerme la manzana prohibida
Hedonismo de placeres y su fragancia
La magia y aurora del druida
Desde la quimera brota el fuego y su elegancia
Nos enseña los vaivenes de la vida

ACTO II - Vida y amor:
Las hadas encienden el lucero de la noche
La espada nos enseña la ley del más fuerte
Los volcanes activan la lucidez y su derroche
Mi musa y mi corazón superviviente solo al verte
Mi sol místico abrillanta el camino sin reproche
Los azahares y jazmines , mi quererte
La luna llena desata mi amor a medianoche
Y el mar mi universo donde tenerte

ACTO III - Creencias y dogmas de fe.
El ocaso de los dioses
El alba de lo humano
Libros sagrados para evitar los acoses
Paradojas existenciales de lo mundano
Su fe y su gloria hasta que reboses
Y la gloria libertaria , mi esencia de ser pagano

ACTO IV- Muerte
La libertad emana como las cenizas al fuego
Sentimientos dolorosos como la frialdad del hielo
Llantos, lloros y semblantes de ruego
Clamando paraísos , glorias y cielo
El amor de tu gente, ese amor ciego
Palabras, honores y lamentos del duelo.
Seudónimo: "Vikingo" Manuel Cerdera 

53. LOS ÚLTIMOS, LOS PRIMEROS. De Vagabond



El verano germina desde las montañas
la nieve derretida encharca mi sombra
como un sucio nimbo que preludia monzones.
Al extender la mirada sobre este mundo vacío
la maravilla está allí, la huella imperfecta
en el barrizal de los tiempos muertos
un hueco relieve que se incrusta en mis ojos
cual puñal que viene a desgarrar mi tiempo

Dos siglos ya desde el apocalipsis
las grandes bestias llegaron por el ocaso
barriendo con granizo y fuego nuestra historia
la podredumbre, el desastre, la agonía
nada pudo crecer después de la devastación
nadie pudo cantar la balada de la mortandad.
Entre los miasmas de la sobrevida
fuimos vagando puñados de semillas malditas
hubiera querido acompañar a mis hijos
a las comarcas eternas de los dioses generosos
pero fuimos quedando solos, el cielo y yo
triturando pasto seco y bebiendo lluvias

No sé la causa por la que se me concedió la gracia
única vida de la desolación, eterno respirar
no hubo muerte que me abriera los brazos
ni el veneno, ni la cuerda, ni el barranco.
Desde entonces deambulo por la aridez
una brizna que zarandea la ventisca.
Hasta esta mañana después de la aguanieve
cuando una huella anónima me saluda
un espanto, el escalofrío, una luz
la jornada empedrando mi camino.
Finalmente allá, errante entre las cenizas
la silueta también encuentra al sobreviviente
nos juntamos, sus llagas rozan esta piel
marchita y purulenta, mis manos sin dedos
acarician su hermosa monstruosidad
dos seres deformes en una tierra barrida.
No he sido tan feliz en mucho tiempo.
Seudónimo: Vagabond

sábado, 28 de marzo de 2020

52. TINIEBLAS. De Catalina Taman



                        En la noche tan lúgubre
entre gritos sin cesar,
                        él, con pasos tembloroso
caminaba sin parar,
                        engarzando tantos miedos
en el pecho dolorido
                        cada vez que la sórdida
le susurraba al oído. 

Con su melena de humo
y sus ojos aplomados
atisbaba en la cumbre
de los males invocados,
reina de las tinieblas,
la hermana de la muerte,
arrebatando almas puras
cambiándole la suerte.

Los chasquidos de las hojas
le paraban los latidos,
y grababan en su rostro
huellas fuertes de aullidos,
de las sombras y del viento
en la noche acechando,
de las voces y los llantos
que le estaban atrapando.
  
Y arrancaban su mirada
de los ojos afligidos
enmudeciéndole la boca
con un lóbrego hálito,
y con un furor latente
su ceniza esparcía,
enterrándole en un mundo
de dolor y agonía.
Seudónimo: Catalina Taman

51. LA CIUDAD SIN SALIDA. De William Hughes



Desde lo alto, la ciudad es una superposición
de cubos oscuros, geometrías oscuras, volúmenes tenebrosos.
En otro tiempo, algún ciudadano logró escapar.
Pero fue en otro tiempo. Hoy, de aquello, solo
quedan las madrigueras que los hombres cegados
por el sol y abril cavaron en los perímetros.
Ahora nadie puede abandonar la ciudad.
Algunos lo intentan, conducen sus vehículos
en círculos concéntricos, como los temblores
del agua; hay incluso quien extiende los brazos
y se cree volar, se cree flotar en la niebla impenetrable.
Pero todos al fin se hallan persiguiendo sombras
que tuercen por esquinas y callejones, sombras y sombras
y liviandades arrastradas por el viento, amontonadas
en las alcantarillas, en los ojos eclipsados de los transeúntes.
Afuera, dicen, siguen diciendo, está el campo,
donde no existen cerraduras ni sótanos ocultos.
Pero nadie ha visto el campo. Nadie lo recuerda.
La gente camina por las calles como manchas de carbón,
buscando una salida, conformándose
con la concavidad de las madrigueras, con el útero urbano.
¿De qué sirve esquivar rejas, subir escaleras en penumbra,
conquistar las azoteas para ser testigo
del opaco remolino de sombra, de la espesa danza de las tinieblas,
para comprender las matemáticas imperturbables de la soledad?
No queda, querido ciudadano, más salida que sucumbir...
Seudónimo: William Hughes