martes, 13 de agosto de 2019

AVISO A CONCURSANTES

 Con la publicación del último microcuento se da por finalizado el plazo de recepción de originales a concurso. Pasamos a la fase de evaluación por el jurado.
         Todos los textos que han llegado incumpliendo alguna de las normas del certamen no han sido publicados a destacar aquellos que fueron enviados en archivo adjuntos, haciendo hincapié de que éstos no se han podido ni tan siquiera ver.
         El próximo 5 de octubre del presente año, se dará a conocer el fallo del jurado. Suerte a todos.
         Gracias por participar.

La Organización

228. PSICOTERAPIA. De OwlWoman



La sesión empezó a las 8:05am como era habitual cada jueves con la misma paciente, de 35 años de edad, que venía atendiendo hace 5 años. Ya conocía la rutina de memoria, ya sabía cada palabra, cada gesto que ella haría, y al mismo tiempo, él ya sabía cada respuesta que darle ante cada gesto y cada palabra de su paciente. Habría sido así durante los últimos 3 años de los 5 que tenía de atenderla. 3 años atrás, él consideró que ya podría darle de alta después de creer que había superado la repentina muerte de su esposo, sin embargo, ante la sensación de un nuevo abandono, ella amenazó con suicidarse, no sin antes acabar con la vida de quien nuevamente la intentaba abandonar. Fue entonces cuando el terapeuta, 5 años después, descubrió que el difunto esposo de su paciente, era también un colega, que la conoció 10 años atrás, intentando superar la repentina muerte de un antiguo novio que tuvo, quien era un estudiante de psicología    
Seudónimo: OwlWoman

227. EL DÍA EN QUE HORACIO QUIROGA LLORÓ EN EL REGAZO DE FRANCISCO PIRIA. De Gegén



Sentado al borde de su cama de hospital, con los ojos hundidos en un rostro calavérico, Horacio Quiroga era la encarnación de un espectro dantesco y barbudo. Tenía la mirada perdida en un  horizonte imaginario, y entre las manos huesudas sostenía un vaso con un líquido incoloro e inodoro. En la mesita junto a la cama tenía unas cartas leídas con desgano y unos libros que le aburrían. La ventana de la habitación estaba cerrada en un caluroso día de nubes grisáceas. El hombre del vaso de cianuro frunció el ceño, acusando un pico de dolor, y cerró los ojos.
Sintió con el oído unos pasos, claramente de varón, y al abrir los ojos, vio parado frente a él a un hombre de bigote inglés, moño gris, traje y chaleco marrones. El recién llegado estiró el brazo buscando estrechar la mano de Quiroga. Con voz de quien es dueño de su destino se presentó: «Soy Francisco Piria, y es un gusto conocerlo en persona».
Sentado al borde de todo, el enfermo no pestañó. Había tenido noticia unos años antes de la extraña desaparición del afamado empresario. No podía ser él, y sin embargo, ahí estaba. Poco le interesaba a Quiroga entender a qué se debía esta visión. Levantó el vaso en señal de brindis, pero antes de poder ingerir el elixir de la muerte, Piria le comentó:
—Lo que viene ahora es en lo sumo desagradable. Dilatación de los ojos, enfriamiento del cuerpo, aceleración del ritmo cardíaco, mucha desesperación por respirar. Ah, y las convulsiones son atroces.
—Es que no doy más… —contestó Quiroga con la voz apagada y miró el vaso.
Piria se acercó, con cuidado le sacó el vaso de veneno de la mano y se sentó a su lado. Quiroga apoyó la cabeza en el regazo de su interlocutor y sollozó largamente.
—Horacio Quiroga, sepa que su Magna Obra está por comenzar. El Universo tiene más que libros para usted. Tenemos por delante la forja del tiempo.
Fue así que el 19 de febrero de 1937 Horacio Quiroga se unió al implacable cuerpo de correctores del tiempo llamado Cofradía Metatemporal. Sus aventuras fueron épicas.
Seudónimo: Gegén

226. FANTASMAS. De José Petricor



Cuando abrí los ojos. Gonzalo se bajaba del camión maldiciendo. Era oscuridad absoluta sujetada por un montón de estrellas muertas. Llegué hasta el otro lado del camión, Gonzalo sonreía con un cigarrillo en la boca desamarrando algo de la carga y comenta: Se calentó esta vieja máquina, debo ir por agua. Unos kilómetros más adelante hay una casa donde podré conseguir agua para este viejo radiador", y luego me pide que me quede cuidando el camión. Antes de salir con el bidón rumbo a la nada misma me entregó un revolver en donde me señala que es una 38 especial y también me pasó un emparedado y entre risas se marchó. Arme mi cigarrillo roto - lo encendí y de pronto en la soledad máxima sentí ruidos, como si una persona se acercara hacia mí. Fue allí donde mire hacia la parte sur del camión estacionado y no se veía nadie, de pronto veo las piernas de alguien por abajo del camión en donde aquella persona caminaba tranquilo y alguien lo seguía. Pensé que estas personas querían llevarse el camión así que tome el revolver, corrí hacia el otro lado y mire otra vez por debajo… lejos del camión se escuchaban voces que decían ¡Ven, ayúdanos!, eran palabras tan perfectas, imposible confundirlas con el viento. Me estaba armando de valor para correr directo hacia las voces y vi del otro lado a una anciana, escuché que dijo; ¡Oiga! Usted no vaya a las voces, ellos quieren que mueras de frío. Mi piel se puso de gallina y vi avanzar los pies de la abuela del otro lado del camión.  Me metí dentro de la cabina, las voces se volvieron gritos, ya casi amanecía cuando me dormí. Abrieron la puerta y grite, era Gonzalo se largó a reír y me dijo: "¿Por qué esa cara?", no quise contarle, podría pensar que estaba loco, entonces casi a unos 500 metros había muchas grutas junto al camino y le pregunto "¿Qué paso acá?" él contesta que hace dos años un grupo de amigos venían borrachos en una furgoneta y al cometer una imprudencia perdieron el control del vehículo saliéndose del camino y arrollando a una abuela y su nieta que esperaban un aventón, agregó "Todos murieron ese día".     
Seudónimo: José Petricor 

lunes, 12 de agosto de 2019

225. QUÉ HACER. De Carlos de Aragón



El Sr. Tomás Down mira angustiado el reluciente teléfono cromado que tiene frente a sí. El cromo del teléfono refleja con fuerza la luz del sol de una mañana por demás hermosa, como él nunca antes había visto. Una tenue brisa le acaricia el rostro, pero él parece no sentirlo. Está el Sr. Down sentado en un sillón ultramoderno, ergonómico y demás, en el cual es imposible estar incómodo. Pero el Sr. Down lo está. Lleva puesta su mejor ropa, todo de la mejor calidad, o por lo menos, la mejor calidad que el Sr. Down conoce. Y si hubiese usado sombrero, el Sr. Down también hubiese llevado el mejor posible. El  teléfono en cuestión está ubicado y fijado en un nicho de un descomunal muro, de unos cincuenta metros de altura; hacia los lados, el muro se pierde de vista a derecha e izquierda del atormentado Sr. Down. Cada cierto número de metros está marcado por la presencia de uno de estos nichos, cada uno con su teléfono cromado, y frente a éste, su respectivo y ergonómico sillón; pero no había señal alguna de puerta o algo similar en el extraordinario muro. Hasta donde alcanzaba a ver el Sr. Down, solo él está frente a un teléfono. El resto de los sillones que la distancia y la suave bruma, que tendía a reflejar la luz, le permitían ver, estaban vacíos. Jamás el Sr. Down había tenido noción exacta del significado de la expresión estar solo hasta ese momento. Aprensivamente, el Sr. Down toma de nuevo el teléfono...
—Lo siento, Sr. Down, pero le he dicho que TODOS los creados ya estamos del lado adentro del Cielo, y que USTED no está en la lista —tras lo cual la voz cuelga del otro lado.
El Sr. Down cuelga el reluciente y cromado teléfono y, con los ojos vidriosos, mira el fantástico muro. Realmente no sabe qué hacer.
Seudónimo: Carlos de Aragón

224. COPELITA. De Copelita



"¿Ya vas a sacarme a bailar o qué?"
Sus torsos pegados a la pared, uno junto al otro, sentados en la roja tiniebla.
"Pues por mí, sí; pero no hay música".
Huele mal, pero no es por mí: es ella.
"¿Y entonces qué se escucha?"
...Quiero que sepa que no aguanto la tristeza…
que por su ausencia su recuerdo hasta me pesa… Ésa sí me la sé.
"¿Ahora sí?"
"Pues sí. Pero no se pueden todos los pasos."
"¿Y quién te está pidiendo todos? Tú nomás escúrreme."
"¿Otra vez? ¿Ahora dónde los dejaste?"
"¡Yo qué! Tú me descuajaste. Acuérdate.
Los primeros pasos para levantarse: mojados, pringosos. Las suelas son navíos carmesíes en el mar de la oscuridad. Tres pasos. Gira a la derecha: a tientas encuentra la perilla del baño.
Cada vez huele peor. ¿A quién se le antoja bailar antes de pudrirse?
La perilla gira.
Un quejido suave.
"Sí están, ¿verdad?"
Dos leños carnosos bailan flotando: escurren su racimo de flagelos rojos sobre la oscilante, bermeja tiniebla.
"Te apestan las piernas, mamá. ¿Para qué bailaste con ese señor?"
El tronco pútrido de la señora espera sentado junto a la puerta del baño.
"Tú nomás escúrreme", gritan las dos cuencas vacías de su cabeza.
..."no aguanto la tristeza"...
Seudónimo: Copelita

223. GATO SOLITARIO. De Corben



FGH533 era un tipo extraño, pero curioso. A menudo se quedaba mirando los gatos silenciosos volviendo al amanecer, retornando desde recónditos lugares. Su andar cauteloso, por repetir adjetivos, como de boxeador volviendo al rincón luego del primer round. Las delgadas orejas tiesas y los bigotes hacia atrás. Los observaba cruzar las calles con aparente descuido, descendiendo desde lugares imposibles, con un destino prefijado y enigmático. Quizás volvieran desde las estrellas, o de la luna. Todos sus movimientos carentes de sonidos y de peso. FGH533 los espiaba desde pequeños agujeros practicados en las ventanas. Dentro de su casa era dueño de su soledad y nadie lo molestaba. Muchas veces también, soñaba con galaxias espirales y viajes interplanetarios, y miraba desconsolado a su alrededor al despertarse. Sufría con infantil congoja, al observar el destino ocioso de algunos muebles. La mesa, por ejemplo, había estado más de cien años en el mismo lugar, al igual que el armario de negro roble, un sobreviviente de los años de la tempestad. Durante las vacaciones, pudo hacerse con algo de dinero y juntando coraje, fue hasta la ferretería cercana donde entre charlas de media lengua con el dueño le compró a buen precio, todo un remanente de cinturones cohete y rezagos de propulsores militares. En el camino de vuelta un viento imaginario le ayudó a esquivar hombres y miradas. FGH533 estuvo tres semanas encerrado en la casa, los vecinos solo oyeron los golpes del martillo y el ronquido de la sierra, y vieron, a través de las ventanas, los relámpagos cerúleos de la vieja máquina de soldar. Tampoco se salvó el piano, que con sus inmensas patas había permanecido en la salita del living desde antes de los tiempos de su abuelo. Muy grande fue la sorpresa para JKL222 en el pequeño satélite del planeta IXX, solo habitado por gatos, cuando vio caer a escasa distancia de su sombra al enorme piano proveniente del infinito cielo azul.
Seudónimo: Corben

222. LA MALDICIÓN DE BRICK ROAD. De Eleazar Santana



Corría el año 1845 cuando el Sr. Higgins desahució a Barton Stocks de una de sus propiedades de la calle Brick Road.
El pobre diablo perdió el trabajo después de haber comenzado a desarrollar alguna enfermedad en la piel que le fue cubriendo de manchas todo el cuerpo. Primero fueron pequeñas motas marrones en el cuello y las extremidades que no desaparecían por mucho que las lavara. Luego de esto, surgieron pústulas y bultos que en poco menos de tres meses transformaron a Barton en una especie de engendro andante.
En toda la ciudad se hablaba sobre su mala fortuna y de como los médicos no habían podido hacer nada, aunque nadie le había visto desde que decidió recluirse en su hogar.
Al Sr. Higgins no le gustaban los cotilleos y le horrorizaba sobremanera que pudieran relacionarle de alguna forma con una historia de tal calibre, así que se personó en la casa que arrendaba a Barton Stocks dispuesto a obtener una respuesta.
Estaba siendo una temporada de invierno especialmente fría y cuando llegó apurado a la puerta no reparó en abrirla con su llave, sin tocar previamente a modo de cortesía. Más le hubiera valido hacerlo, porque junto a la chimenea halló un ser con forma humana cubierto de bultos supurantes. Reconoció en ella a Barton, pero la repugnancia y el temor fueron tan grandes que huyó despavorido. Más tarde, se personó con un par de hombres que con una mezcla entre odio y asco ante aquella grotesca deformidad, comenzaron a golpearlo y arrastrarlo fuera de la propiedad mientras el Sr. Higgins daba ordenes de como proceder, haciendo oídos sordos ante las súplicas y lloros de Barton. Esa misma noche lo abandonaron en el bosque para que muriera.
Días después, el Sr. Higgins leía en el diario la noticia sobre un cuerpo hallado en el bosque. Estaba preocupado, pero no por ese motivo, sino por las extrañas manchas aparecidas esa mañana por toda su casa y que por más que las criadas frotaban no se iban. Mientras cogía su taza de té, reparó en una mancha en el reverso de su mano.
Seudónimo: Eleazar Santana

221. EL ESPEJO DE MI HABITACIÓN. De Úrsula M. A.



Algo pasa con el espejo de mi habitación. Es o era un espejo de pie convencional. Veo mi reflejo en él, pero sé que no soy yo. Cada día intento descubrir por qué siento que es alguien más.
A veces me mira como si estuviera juzgándome; otras como si esperara algo. Me quedo inmóvil, dando por hecho que va a hablar. Pero no dice nada. Parecemos dos almas que no se pueden tocar, separadas por una frontera de cristal.
A pesar de dar por hecho que es una fantasía, acerco lentamente una mano hasta tocar el espejo con la punta de mis dedos. Mi reflejo, obviamente hace lo mismo, con la excepción de que en ese preciso instante noto su tacto. Su mano estaba fría, igual que la mía.
Nos miramos con asombro. Entonces decido hacerlo de nuevo; confío plenamente en que algo extraordinario pasará. Y ocurre algo increíble: nuestras manos se agarran, como dos personas que se han extrañado por mucho tiempo. No titubeo, me cuelo en el espejo y nos volvemos dos almas gemelas inseparables.
Seudónimo: Úrsula M. A.

domingo, 11 de agosto de 2019

220. CIUDAD RUINAS. De UBIK



Todos le temen a las réplicas. El más mínimo rechinido, sirena de ambulancia o sonido distorsionado nos estruja el corazón. Nadie imaginó que los edificios seguirían derrumbándose en los días posteriores al terremoto.
Nos estacionamos junto a un refugio callejero donde la gente celebra que trajimos chocolate caliente y pan dulce. Forman una fila entusiasta. Un chico se acerca llorando. Su hermano se perdió. Se lo llevó una señora. O eso parecía, no estaba seguro, su cara era algo masculina. Alta, hombros anchos, muy delgada, pelo rubio y tez grisácea. Se ajusta a mi descripción, lo cual me incomoda. Nos dividimos en pares para encontrarlo. Conseguimos bicicletas y compartimos fotos por nuestros celulares para saber a quién buscamos.
Alguien llora, le digo a mi amigo. Escuchamos con atención. Mi amigo señala calle abajo. Las bicicletas no pueden pasar. La calle está deforme, como si algo hubiera intentado succionarla hacia abajo. Tiro la bicicleta y corro al interior de un edificio abandonado. El niño forcejea con la señora, quien lo jala hacia el pasillo oscuro lleno de piedras sueltas y paredes cuarteadas. Tomo al niño de la mano y ambas tiramos en sentidos opuestos. La señora sisea. Me araña el hombro y me muerde la mano cuando escuchamos el sonido de la muerte: la alarma sísmica. ¡Es otro temblor!, grita mi amigo, buscándonos con la luz  de su linterna. El suelo se mueve, las paredes saltan de un lado a otro, pequeñas piedras caen del techo. La señora grita y salta sobre la pared. El edificio cruje en una cacofonía ensordecedora. La criatura repta por el techo y se cuela por una grieta en la pared. Salimos gritando del edificio cubiertos de polvo.
Caminamos con las bicicletas, temblorosos, de vuelta al refugio. Consolamos al niño con promesas de chocolate caliente y pan dulce y que su hermano lo está buscando. La calle se siente aún más retorcida y durante toda la noche más y más edificios colapsan, despertando a los monstruos del pasado.
Seudónimo: UBIK

219. LOS PRIMEROS HOMBRES. De El Cojo Gascón



En los atardeceres eternos, David y Abraham se sentaban a tomar aguardiente y mirar el pueblo en miniatura. Los musólidos volaban cometas de fuego y saltaban los tejados.
No habían tenido tanta suerte en toda su vida. Llegaron al asteroide por casualidad, y llevándose a más de un patrullero por delante. Sabían que si volvían a casa los matarían, pero esto era lo más parecido al paraíso.
Antes de irse a dormir se acercaban a los arbustos infinitos y comían frutas enormes que colgaban a la altura de la vista. De camino a la cama a veces aplastaban medio dormidos a algún musólido despistado que jugaba a beber aguardiente de mentira entre las rocas.
- Esa piedra de ahí parece iridio- dijo David, o Abraham, una noche - ¿Tú crees...?
Poco después estaban dando gritos de alegría cogidos de las manos. Los musólidos les imitaban bailando en corros y recibiendo alguna patada furtiva.
Se pusieron manos a la obra. Pronto tenían un ejército de imitadores sudorosos que cantaban y buscaban iridio sin entender. En el suelo apropiado, no fue difícil construir minas sobre planos, esencia que los musólidos captaron con facilidad pasmosa.
Así acumularon toneladas de metal. Un atardecer, borrachos como cubas y recelosos, David y Abraham llegaron a las manos. A puñetazo limpio, como en los viejos tiempos. Los musólidos dejaron de bailar y clavaron en la cómica escena sus ojillos de gato.
La mañana siguiente se levantaron con las paces hechas pero amoratados y de resaca. Los grititos anunciaron que los musólidos estaban montando una pelea en cada esquina del pueblo. Se dieron cuenta demasiado tarde de que les rodeaban, juguetones.
Les costó muchas vidas a los musólidos trepar por sus cuerpos y llegar a las cabezas. Lo consiguieron, por fin, y las llenaron de miles de lindísimos y minúsculos puñetazos. Los siguientes atardeceres jugaron a toboganes por sus piernas y fabricaron palas brillantes y blanquísimas con sus huesos, con las que recogían iridio mientras silbaban canciones cada vez más tristes en minas cada vez más hondas, cada vez más sucias. 
Seudónimo: El Cojo Gascón

218. ALEX Y DANI. De DaviDianD



Dani empezaba a encontrarse incomoda. Una franja del sol de la tarde entraba por la ventana y le golpeaba en el lado izquierdo del cuello. Estaba a punto de levantarse a correr la cortina pero Alex, como siempre, se le adelantó.
Cerro la cortina e hizo que sonara su canción preferida, se acercó a Dani agarrándola de ambas manos y las dos comenzaron a bailar. No era un baile muy ortodoxo, simplemente se movían como les apetecía y no paraban de reír. Como siempre.
En ese momento el padre de Dani se asomó por la puerta de la habitación interrumpiendo a las dos niñas.
—¡Dani! Deja a Alex. Al final te vas a quedar sin ella, ya verás. — le dijo su padre levantando la voz mientras apagaba la música —¡siempre lo mismo! Alex no es un juguete. Tiene que hacer primero sus tareas, para eso la compramos. Luego ya podréis jugar hasta la hora de cenar. — El padre de Dani, miró a Alex con severidad y salió de la habitación cerrando la puerta.
Dani miraba al suelo, el comportamiento de su padre le hacía sentir vergüenza. El silencio empezó a hacérsele insoportable. Alex, la androide, una vez más se le adelantó y reinició la canción desde el principio. Volvió a agarrar a Dani y comenzaron a bailar de nuevo.
Alex ya no se reía. Dani la miro a los ojos y la besó en la mejilla mientras le apretaba ligeramente ambas manos. La androide le devolvió el beso y le sonrió, aunque sus ojos estaban llenos de tristeza.  
Decidió que ese sería su último día con Dani.
Le invadió un profundo pesar que en seguida dejó paso a un sentimiento extraño. Según las definiciones de su base de datos, debía ser algo parecido a la esperanza.
Dejó de pensar, se concentró en aquella canción que le encantaba, hizo girar a Dani sobre sí misma y ambas volvieron a reír a carcajadas.
Seudónimo: DaviDianD

217. EL ÚLTIMO HOMBRE. De Dolor fantasma



CLOCK. CLOCK. CLOCK. Ya está otra vez. Me persigue. Nunca desaparece el sonido metálico de mi cabeza. Me atormenta que haga tanto ruido cuando me arrastro costosamente al caminar. Me pesa tanto….  Siento con ironía que el peso de mi cráneo es mayor  que el de mi conciencia. Mi gran cabeza se ha comido al mundo. De nada me sirve comprobar con agrado que mis mejillas se encuentran ahora más hundidas y esqueléticas. Esa maldita cabeza sigue pesando toneladas.
Los pocos momentos donde no siento deseos de autodestrucción me consuelo contemplando la tierra. Mi madre. Veo en ella origen y abismo. Observo el fangoso suelo donde brota  un flujo negro que se desliza venosamente por la tierra estancada  y vacía de vida.  La nada es ahora el todo. Ya sólo quedamos ella y yo. Y me veo a mí,  ojos vagos, vacíos, vientre plano, ulceroso, descarnado y consumido.  Mi piel agrietada y descompuesta,  invadida por escamas desérticas, parece querer olvidar  que hubo un momento en que fui un hombre. Y esa gran cabeza de tamaño colosal que contrariamente no deja de crecer al mismo ritmo en el que mi cuerpo disminuye.
Es en esos momentos cuando la esperanza recorre mi ser anhelando  la llegada de una noche sin aurora.
Seudónimo: Dolor fantasma

216. SÚBITO. De JAC



Se despertó a las 5:37am como todos los días una vez sonó su despertador. La rutina era la misma, Bañarse, vestirse, desayunar en familia con su esposa e hijos y salir para el trabajo. Ese día en particular iba muy contento, si todo salía como estaba presupuestado, al final de la tarde estaría estrenando la nueva Ford Scape modelo 2020 azul, con la que tanto había soñado. Últimamente su suerte había cambiado por completo, tenía un trabajo estupendo, con un sueldo de ensueño, una familia muy amorosa y todos sus sueños se estaban empezando a hacer realidad uno a uno. Deseaba que pasara el tiempo rápido para que fueran las 4:00pm e ir a recoger su nuevo juguete. Salió de su casa después del desayuno con el mejor ánimo, se subió al autobus que lo llevaría a su lugar de trabajo por última vez y en el camino solo iba pensando en los viajes que haría con la nueva adquisición familiar. Estaba tan absorto en estos pensamientos, que no se percataba de nada de lo que pasaba a su alrededor. Lo último que vio en centésimas de segundos fueron extrañas luces amarillas, rojas y blancas, hasta que todo finalmente quedó oscuro. Ahora estaba en todos los noticieros, a las 7:15am una persona abordó el autobus de la ruta A94 cargado de explosivos y se inmoló, provocando la mayor tragedia terrorista hasta ahora registrada en la ciudad, sin ningún sobreviviente del mismo.
Seudónimo: JAC

215. CHICO NUEVO. De Xandris



Llevaba una semana preocupada. Cada vez que se miraba en el espejo se veía desdibujada, la cara sin definir y las ojeras cada vez más profundas. No era cosa de su vista, lo había comprobado, y dormir, dormía de un tirón. Se desnudó y se miró en el espejo de cuerpo entero. Su pequeño tatuaje, fruto de una noche loca, refulgía en su antebrazo en todo su esplendor, mostrando las escamas hasta su más mínimo detalle. Había perdido peso y los músculos de los brazos le colgaban fláccidos, lo cual no tenía explicación pues iba al gimnasio de forma regular. ¿No tendría alguna enfermedad? Últimamente tenía ronquera, y ni fumaba ni estaba resfriada. Le iba a entrar un ataque de ansiedad pero pensó que había quedado con su nuevo novio, Will, el chico de la oficina tan guapo, así que dejó de mirarse y se apresuró a vestirse y maquillarse, casi de  memoria porque cuanto más se miraba más rara se veía. No tardo en oír el timbre y se apresuró a bajar al portal donde Will la esperaba. Este, aun sorprendido de su aspecto, no le dijo nada y se dirigieron a una pizzería en donde ella pidió un carpaccio a pesar de ser vegetariana. Después de la cena, fueron a pasear por la playa, iluminada por la luna, aunque la conversación entre ellos estaba llena de silencios: ella se sentía extraña y él no comprendía el cambio tan repentino en su aspecto. De pronto, ella no podía respirar, tenía mucho calor, se mareaba. Will le ayudó a sentarse en la arena, estaba preocupado y no sabía que hacer. Notó que la proporción de sus rasgos faciales habían cambiado, eran angulosos. Le tocó la frente: ardía. Y tenía algo en la espalda ¿qué era? El tatuaje a la luz de la luna brillaba y parecía querer surgir del brazo. Repentinamente ella desapareció y Will solo pudo ver un dragón que le fulminó en un instante. Al día siguiente, al llegar a la oficina pensaba en el extraño sueño que había tenido. Quería ver a su chico y contárselo. Nadie le volvió a ver.
Seudónimo: Xandris

214. LA MUJER ROJA. De Mirlo Negro



Hace varias semanas resolví que debía ir al médico. La soledad no me está haciendo bien y mis crisis de ansiedad se suceden cada vez con más frecuencia. El doctor me recetó unas pastillas nuevas, recién salidas al mercado, que le han dado muy buenos resultados con otros clientes. Le dicen que se sienten como si hubieran encontrado el amor de su vida.
Son curiosas, estas pastillas. Quizás sean imaginaciones mías, pero desde que las tomo tengo la impresión de que alguien más vive en mi casa. Lo sé con la certeza difusa con que uno sabe dónde se hallan los cuerpos físicos, con ese sexto sentido que intuye la topografía del espacio y el calor. A veces, cuando regreso del trabajo, mis sábanas están tibias y revueltas, flota en el aire un perfume femenino y veo de soslayo, en el espejo, un reflejo rojizo que me sigue como un ángel de la guarda. Ahora saludo al aire cada vez que llego a casa. En cierta forma, me siento reconfortado.
Quizás esté delirando. Pero en mi cepillo he encontrado cabellos finos y rojos, que no pertenecen a nadie conocido, y desde hace unos días despierto bañado por una miríada de diminutas gotas de sangre, como un rocío escarlata, que proceden de los arañazos que me recorren el cuerpo. Huele a hierro en toda la casa y el hedor es insoportable… La presencia es cada vez más palpable y ahora, cada vez que me miro en el espejo, la veo sonreír. La vigilia se extiende hasta el amanecer mientras tiemblo como una rata cobarde, esperando a ver qué tiene reservado para mí. No puedo huir: tengo la certeza de que me seguiría.
Llevo días sin dormir y me duele la cabeza como si alguien la martilleara desde dentro. La oigo reír, con un sonido de cristales rotos. No lo soporto más. Trastabillo hacia el baño y saco una hoja de afeitar del cajón. Dos cortes, uno en cada brazo. Vuelve el olor a hierro. Todo se vuelve rojo y creo verla, altísima, bajo la luz trémula del lavabo. Ya tiene lo que quiere… Por fin estaré en paz.
Seudónimo: Mirlo Negro

213. ESPECIES QUE DESPIERTAN ASOMBRO. De LBR



Bienvenidos al museo de historia universal; En el día de hoy abriremos una nueva exposición sobre una primitiva forma de vida del cosmos basada en carbono, oxigeno, hidrogeno y nitrógeno.
En la sala Alpha encontraran taxidermizados a un amplio conjunto de especímenes, junto con sus sistemas rudimentarios  de supervivencia encargados de funciones básicas como: procesar nutrientes mediante la acción de jugos gástricos, su absorción y consiguiente excreción; además se puede apreciar una unidad orgánica de procesamiento encargada de las funciones vegetativas, motoras y  psíquicas de estos organismos, entre otros sistemas que fueron descubiertos hace eones tras su extinción.
En la sala Beta hallaran muestras de tejidos óseos, musculares, epiteliales y por supuesto ejemplares completos con curiosas características morfológicas para la diversión y el aprendizaje de la familia.
Los historiadores afirman que estos primates llegaron a su extinción debido a las luchas entre clanes por el control de los recursos, el dominio del territorio y la explotación de su planeta por la búsqueda de metales blandos del grupo 11, presentes en la corteza del mismo. Debido a lo inverosímil de las causas que conllevaron a esta civilización antigua a su destrucción masiva, muchos académicos debaten el grado de desarrollo cognitivo de su masa de tejido nervioso, quedando en duda si se trataba de una especie evolucionada o no.
Algunos restos arqueológicos dejaron ver muestras de crueldad, violencia y salvajismo presentes en esta raza, conductas que fueron erradicadas de las castas superiores hace milenios.  Es una especie peculiar y primaria que vale la pena visitar.
- Publicidad para la nueva exposición del espécimen homo sapiens. Realizada por el traductorLk3000 en la lengua muerta de estos mamíferos.
Seudónimo: LBR

212. CATERVA. De El Jardín Misterioso



Nuestra casa se había convertido en un auténtico peligro, casi no había habitaciones libres de entidades malignas, si seguía esa racha, pronto mi hermana y yo, no tendríamos donde dormir. En el cuarto que compartíamos  apenas cabía un camarote, antes usábamos ese cuarto para guardar los artículos de limpieza, y ahora se había convertido en nuestro único refugio para no morir despedazados o ser poseídos. Por las mañanas todo era tranquilo, podíamos disponer de toda la casa, pero a las tres de la mañana de cada día, sentíamos que toda la casa de llenaba de una aterradora multitud; en la sala la temperatura descendía insoportablemente y aparecían sombras esquivas detrás de las cortinas; mientras tanto en la cocina, objetos se movían por todas partes, se prendía el horno eléctricos y se apagaba intermitentemente  como si algo las animara desde su interior; en el pasillo del segundo piso que conectaba a todas la habitaciones, brotaban horribles protuberancias de las paredes, como manos y rostros que quisieran penetrarlas desde algún lugar paralelo; en mi habitación aparecía un hombre sin piel sentado en posición de flor de loto, portando un enorme cuchillo entre sus manos y hacia un ruido gutural propio de una profunda meditación; todas las muñecas de porcelana del cuarto de mi hermana habían cobrado vida, con sus miras insidiosas hacían escalofriantes cada segundo en ese lugar. Por si fuera poco, en el cuarto de mis padres un profano aquelarre se llevaba a cabo cada madrugada, según mi hermana, ella pudo ver al mismísimo Satanás en medio de un sequito de seres oscuros y tétricos.
Aún nos queda este pequeño cuarto de limpieza, para poder hacer un último intento de invertir una conjuración de invocación. Nunca debimos intentar llamar a nuestros difuntos padres sin la supervisión de un adulto.
Seudónimo: El Jardín Misterioso

211. EL FAVOR De Sepnunliz



Pasó que para esos días de colegio donde se juntan los exámenes finales y se esta jugando la graduación, cuando se siente la presión de profesores, papás y familiares, cuando los centros de estudios van y vienen, y nos damos cuenta que falta un montón de cosas por aprender, muchos temas que no se han abarcado, se cae en el error de acostarse tarde y tratar de levantarse temprano porque según dicen los que saben en la madrugada es la mejor hora para estudiar pues la mayoría duerme, por lo que se cuenta con menos distractores y es entonces que aparecen las recetas para mantenerse despiertos de noche y de día, café con quero parmesano, café con huevo, bebidas energéticas y toda la gama que se pueda utilizar para esos menesteres.
Sin embargo, llega el momento que ya el cuerpo no reacciona con nada y estando en ese punto me llego la luz de una historia que había escuchado a mi abuela: -Cuando ocupe levantarse pídaselo a las almas del purgatorio y le ofrece una oración a cambio de sus favores-, y los consejos de los abuelos siempre son de lo mejor. El día llegó ya no podía despertarme sola ni con ayuda, entonces esa noche me acosté  y le pedí a las almas del purgatorio que me levantaran a las 4 am, les recé y me dormí, descansé con la seguridad que no me fallarian y así fue, a las 4 am en punto durmiendo boca arriba sentí que un montón de dedos congelados con ese frío que quema penetraron mis músculos y llegaron a mis huesos, me agarraron de la cintura y me metieron doblada dentro del colchón, voltee mi cabeza y ahí estaban todas esas figuras humanas sin cara, el lamento llegaba como un solo gemido a mis oídos, me aferre con la punta de mis dedos a la orilla del colchón y así como me empujaron hacia adentro me tiraron una vez se convencieron que estuviera despierta, me encontraba de pie en la mitad de mi cuarto a unos pasos de mi cama con los latidos del corazón a una velocidad vertiginosa, cuando le conté a mi abuela lo sucedido después de la regañada de rigor me explicó que se les pide ayuda no que lo hagan!!
Seudónimo: Sepnunliz

210. LIBERTAD 2.0 De Eco1



En 3 semanas se inauguraría el primer centro modelo del innovador proyecto gubernamental: "Libertad 2.0"; ya se instalaron los barrotes con sensores de apertura automática, se probaron los comandos de voz de los agentes penitenciarios para activación de cámaras y cierre de perímetros, las nuevas cerraduras llevan huella ocular y se colocó pintura de auto-preservación en las paredes que disuelve cualquier marca de un interno tratando de señalar los días que tienen condenados o mensajes subversivos que atenten contra el orden. La directora finalizó la inspección y se iría hoy más temprano, porque tenía trabajadores en su apartamento recién comprado instalándole hierros de seguridad en las ventanas, cambiando las cerraduras de las puertas, y dando los toques finales de pintura para la conclusión de su proyecto personal: "tener casa propia", justo premio de sus ahorros de 20 años trabajando en el sistema de prisiones. Para no olvidarlo, tomó la última factura pendiente de pago y la colocó con un imán en una pizarrita magnética en la cocina, justo al lado del calendario anual en el que estaban tachados los días transcurridos y al que solo le faltaban 3 meses para completar el tiempo de su esperada jubilación. 
Seudónimo: Eco1

209. EQUIVOCADO. De TonyPi



Cristien entró al castillo como el rey le había ordenado. Se batió a duelo con el monstruo un largo rato y, justo cuando lo derribaba, escuchó el llanto. 
Rompió la puerta de la prisión y allí estaba su amada, pero era tarde. Sangre fresca despedía su cuello. Sus ojos, tras sus párpados, aún temblaban. Cristien la abrazó llorando y miró al cielo. Desde allí, bien a salvo de su ira, dos almas se le burlaban.
Seudónimo: TonyPi

208. CRISANTEMOS. De Boris



En los cementerios de Europa aparecen crisantemos, no como flor de luto, sino como signo de inmortalidad, como testimonio de que los hombres se vuelven flores después de la muerte.
Seudónimo: Boris

207. SOMBRÍO DESPERTAR. De F.R.Write Mark



Luego de una siesta, Ariel se levantó adormilado, al mirar por la ventana vio que ya era de noche.Camino tambaleante al escritorio, allí, tomó su celular. _La una_dijo lamentándose, revisó sus mensajes y entró en pánico, había quedado de reunirse hace dos horas atrás. Se acercó a la ventana y contempló,como la lluvia intensa golpeaba los cristales, no era relajante como siempre, sino lúgubre. Ariel se puso nervioso en la oscura habitación, entonces empezó a sentir una presencia ahí en alguna parte, se apresuró a encender la luz, ahora con la iluminación, su tranquilidad regresó y también la prisa. Se vistió tan rápido como pudo,dejando todo tirado a su paso. Sintió un leve ruido en el armario, clavó la vista en él y sentado en la cama se dispuso a calzarse.De repente con un chirrido una de las puertas se abrió. Paralizado de miedo se levantó,y al pasar frente a un espejo, su reflejo era tétrico y oscuro, palideció, abrió la puerta de su cuarto tembloroso y salió al pasillo,_bueno, _hora de irse_,dijo para si mismo. Las tablas del piso rechinaban mientras caminaba en cuclillas para no ser descubierto por su padre. Al llegar a las escaleras miró hacia abajo. La luz de la tv iluminaba un poco el sofá y a quién estaba sentado allí mirando la pantalla. Las sombras bailoteaban inquietas por la sala. De repente sintió una mano en el hombro, casi se lanza escaleras abajo, pero se contuvo y con la mano tapó su voca evitando gritar. Al mirar atrás, de pie y estática estaba su hermana Olivia. _Shh, voi a salir, pero está papá abajo_,dijo susurrando Ariel, _no le digas nada_, ella con su rostro pálido y la mirada perdida, solo negó con la cabeza,luego se perdió en la penumbra,dejando escapar una escalofriante risita. Rápidamente bajó para cruzar la sala sin ser descubierto. Cuando estuvo frente a la puerta, volvió la mirada hacia la sala y un escalofrío recorrió su cuerpo,al ver que las sombras no se movían sino que lo miraban expectante y quién él creía ser su hermana, lo observaba con los pies pegados al techo,arriba de la escalera,abrió la puerta y se lanzó a través de ella,siendo recibido por su padre y Olivia.
Seudónimo: F.R.Write Mark

206. MIS ÚLTIMAS LÁGRIMAS. De Cuarenta y Siete



Nadie me cree.
Mis amigas me dicen que debo de tener paciencia, que son cosas normales en todas las parejas. Mis padres que soy una exagerada. "No deberías de quejarte tanto, hay gente con problemas peores que los tuyos así que deberías de dar gracias por lo que tienes", me replican con desprecio.
Los puñetazos y las patadas son cada vez más fuertes. El estremecedor sonido de la puerta resquebrajándose hace que se me hiele la sangre. No sé cuánto más aguantará el pestillo.
No siempre fue así. Cuando le conocí era un chico agradable y cortés, detallista como ninguno y romántico como el que más. Me prometió las estrellas y el firmamento en nuestra luna de miel mientras me susurraba al oído que siempre cuidaría de mí.
Ahora a escasos metros me grita que hoy se acaba todo, que ha llegado el día en el que me pondrá en mi sitio.
Lo que más me duele no son los golpes, los insultos o tener que mentir cada vez que voy al hospital. Mi verdadero lamento es el haberle dicho "si" a la persona equivocada.
Desearía haber tenido una segunda oportunidad. 
-Seudónimo: Cuarenta y Siete

sábado, 10 de agosto de 2019

205. SUEÑO PROFUNDO. De Londrain



Hacía frío, estaba aún más helado que ayer, mi padre todavía no volvía, había bajado hacia el pueblo hace dos días, tenía hambre y sed, el fuego de la hoguera se había ido con las últimas dos horas de leña, el pueblo de putú quedaba bastante lejos a caballo, vivíamos en un monte muy arriba, mi padre jamás me había dejado salir de noche, siempre me decía que era peligroso sin embargo nuestro caballo cinzano estaba inquieto hace un rato, me levanté del suelo en donde estaba arropado con unas mantas, abrí la puerta mientras mi caballo se soltaba de su amarre corriendo en la oscuridad de la noche, era hermoso, el cielo estaba tan lleno de estrellas, la luna iluminaba la profunda oscuridad que había en los montes, en aquellos montes llenos de nieve, corrí persiguiendo a nuestro caballo, iba muy veloz entre la nieve y la maleza.
Las pisadas del caballo dejaron de escucharse no sabía hacia qué lado ir, la luna era mi única compañera mientras trataba de escuchar algo, ya había comenzado a tiritar con todo este gélido paisaje, necesito ese caballo, me lo dejo mi madre cuando yo era un bebé, es lo único que me queda de ella, comencé a llorar, baje la voz, perdón mamá.
Seguí caminando a pesar de no saber a qué lado me dirigía, la sangre que corría por mi cuerpo comenzaba a dejar de fluir, se estaba estancando, papá tengo frío, ¿dónde estás?, las piernas comenzaron a dormirse, las dos no reaccionaban y prácticamente en estos momentos eran inútiles, caí de cara a la nieve golpeando mi cabeza en el suelo, la sangre comenzó a salir lentamente por mi cabeza, me di vuelta para quedar de espalda, con mucho esfuerzo lo logré.
Cerré mis ojos, estaban cansados y doloridos, el sonido de las pisadas del caballo volvían a mis oídos, ¿has vuelto amigo?, no podía abrir los ojos, sentí que se puso a mi lado con alguien más, alguien se bajó de cinzano, sentía sus pisadas, me tomó y me puso en su pecho, me abrazo tan fuerte que todo el frío que tenía se fue, ahora no solo viviremos en los montes de la vida sino que viviremos en los montes de los cielos.
Seudonimo: Londrain

204. EL MONSTRUO DE MI CUARTO. De Chocolate



Mi nombre es Delia y tengo 8 años. Tengo una vida normal. Mis padres son muy trabajadores, mi hermano es un poco molesto y mis compañeros de clase son amables conmigo. Se podría decir que no hay nada extraño en mí. Pero sí que lo hay. En este momento, hay un monstruo viviendo en mi cuarto.
Es grande y peludo. La primera vez que lo vi fue cuando saltaba en mi cama. Escuché un ruido que venía de algún lugar de mi habitación. Me asusté y me quedé quieta para escuchar bien. No oí nada. Volví a saltar y lo escuché de nuevo. No había duda, venía de debajo de mi cama.
Temblando, puse los pies en el suelo y me agaché. Ahí estaba. Como cualquier monstruo, no era muy bonito. Tenía muy enredados sus pelos verdes. Sus ojos pequeños voltearon a verme y grité. Grité tan fuerte que él se asustó y empezó a hacer mucho ruido. Sin dejar de gritar, corrí y me quedé pegada a la pared.
Él asomó su cabeza para verme. Me miró sin pestañear y yo dejé de gritar. Nos quedamos en silencio un rato. Luego le dije muy bajito:
-Hola, señor monstruo.- él movió la cabeza y salió de su escondite debajo de mi cama. Se quedó parado sin decir nada. Era muy alto y no parecía malo. Era como un peluche gigante. Volví a hablarle.
-Perdón por asustarte, lo que pasa es que no sabía que estabas ahí.- él sonrió y comenzó a aplaudir y a saltar. Yo también le sonreí. En ese momento, escuché la voz de mi mamá que gritaba desde la cocina para que bajara a merendar algo. La cosa verde corrió a esconderse en el mismo lugar. Yo me agaché para ver si estaba todo bien y el me hizo una seña para que no le contara nada a nadie. Me reí y le dije.
-Desde ahora vivirás aquí, Señor Monstruo.
Seudónimo: Chocolate

203. PASEO NOCTURNO POR TREASURE BEACH. De Feros



Esa noche caminaba junto a mi padre por Treasure Beach, la playa al oeste de Gibson Town. Mirábamos el tono metálico que cobraba el mar bajo las luces de neón del puerto, esas luces que revelaban la verdadera coloración de unas aguas que hacía un siglo habían dejado de ser aptas para los bañistas, cuando advertimos la presencia de un cuerpo tendido sobre la arena negruzca.
Corrimos hasta el cuerpo y nos agachamos junto a él. Al verlo de cerca, comprobamos que se trataba de un niño y que, a juzgar por la hinchazón de su rostro y sus extremidades, se había internado en el mar días atrás y recién ahora el oleaje devolvía a la playa su cuerpo inerte. Mi padre examinó la placa metálica que le cubría el torso.
–Es un… cyborg –dijo, con voz trémula.
Llamamos a la policía del puerto y, tras responder las preguntas de rigor, reanudamos nuestro camino. Mi padre me explicó que hacía décadas los cyborgs habían desaparecido a manos de las emergentes compañías robóticas, compañías que les garantizaban a los diferentes ejércitos un desempeño óptimo en los conflictos bélicos que pudieran suscitarse en el futuro, y que desde entonces no habían ocurrido.
–Cuando tenía tu edad todos los niños del pueblo jugábamos a disfrazarnos de cyborgs, esperando convertirnos algún día en cyborgs de verdad –agregó–. Era la única forma de salir de la pobreza, pero con la llegada de los robots al ejército ya no fue posible. Ver un cyborg en pleno siglo XXIII, y para más señas un niño cyborg, es algo increíble.
De pronto, observamos a un grupo de niños correr hacía nosotros. Hacían un ruido ensordecedor, en donde se mezclaban gritos y lloriqueos altisonantes. Una niña ataviada con un peto de cartón se plantó frente a mí y exclamó entre sollozos:
–¿Has visto a mi hermano? ¡Estoy buscando a mi hermano!
Y sin esperar la respuesta, siguió corriendo detrás de los demás niños. Al voltear, vi cómo las luces de neón del puerto le daban a su peto de cartón un ligero tono metálico.
Seudónimo: Feros

202. VIAJERO EN EL TIEMPO. De El Mecánico



Después de más de dos milenios terrestres desde que lo crucificaran, todavía cuando cambiaba el tiempo le dolían las cicatrices de los clavos. Qué paradoja tan irritante: vivir casi eternamente, viajar a través del espacio desafiando sus dimensiones, ser capaz incluso de cambiar de apariencia a voluntad, y sin embargo, tener que seguir soportando aquellas imperfecciones. Los restos humanos en su herencia genética le jugaban esas malas pasadas. Sus células reaccionaron al dolor generando una pequeña dosis de morfina, suficiente para sumirlo en un estado de somnolencia.
Solía aprovechar estas ocasiones para recorrer, mentalmente, algunos de los momentos de la Historia a los que había sido enviado como observador, y en los que siempre, incumpliendo sus órdenes y las normas básicas de cualquier investigador estelar,  había acabado involucrándose: los días de asedio junto a las murallas de Troya, antes de entrar en la ciudad con el astuto Ulises; la belleza de la gran Tenochtitlan que conoció como soldado de Cortés; el hambre y el frío disputándose la mortandad en Stalingrado… Se detenía en estos u otros acontecimientos sin elegirlos, sin valorar su grado de importancia en el devenir de la Humanidad, de la que a fin de cuentas también su raza procedía. Sin embargo, quizá debido al dolor, nunca pasaba por alto sus tiempos de ladrón en la antigua Galilea, donde acabó crucificado al lado de un profeta que se había hecho demasiado popular. «No parecía mala gente ―se dijo entre sueños―, aunque más le hubiera valido quedarse con su padre aprendiendo el oficio de carpintero».
Seudónimo: El Mecánico

201. LA ENFERMEDAD. De Félix



Abuela está enferma. Su situación ha empeorado recientemente. Lleva en cama, por prescripción médica, unos siete meses. No come, tiene la mirada perdida y cuando habla lo hace en las noches como para rogarle a alguien, o a algo, que le permita hablar con su hijo. Pareciera que, desde antes de la muerte de mi tío, víctima de un accidente de tránsito, ya estuvieran presentes estos terrores nocturnos.
Algunas noches son peores que otras. Suelo sentarme al borde de su cama y la escucho gritar mientras, como calma después de la tempestad, me siente a su lado, después habla conmigo un rato y se tranquiliza.
Hoy no la escucho. Algo anda mal. La veo acostada, inmóvil. La cama empieza a temblar y escucho fuertes ruidos viniendo de toda la habitación. Los gritos son ensordecedores y veo cómo aquellas sombras la agarran y después de un rato se la llevan cargada.
Al salir el cuerpo de la habitación, cargado por el doliente vulgo, aparece ella detrás de mí, intacta, sana. Parece que se va a buscar a mi tío, pienso, pero por algún motivo no puedo acompañarla.
-¡Llévame contigo!
A veces, sólo a veces, me arrepiento de haberme suicidado.  
Seudónimo: Félix

200. AMIGUITO. De Aurora



Sosegué en mi estancia con el vendaval, meciéndome a un límpido ritmo. Así mi cartilla y apostillé algunas vicisitudes, cuando un amiguito se posó en la primera holandesa. Corrió, trató de pirarse a la siguiente hoja y lo evité, obstruyendo el paso con mis pinzas. Pasado un rato, se hastió. Encolerizado, subió a mis tenazas, avanzando encima de mi caparazón. Cuando llegó a mi rostro, cada uno de los hicos que sostenían el tejido, se trozaron. El apolíneo astro que decantaba en la atmósfera voló, dando paso a la visión de los luceros. Sentí un gran peso encima de mí, y la entretela estaba a mil por hora. Podía sentirlo, esa delgadez, esa tez. ¿Sería acaso como lo recordaba, o solo otro delirio más que me consume?
 Seudónimo: Aurora

199. EL SER. De Asret



Hace mucho, mucho tiempo, en tierras lejanas… o no tanto, en un reino, ahora desaparecido, un ser irrumpió en el castillo de la reina, en una oscura noche sin luna ni estrellas. Mientras la reina y sus tres hijas dormían, nadie se dio cuenta de tan maligna presencia hasta que un grito de niña alarmó a la guarnición y demás gentes del bastión. El capitán de la guardia subió a toda prisa las escaleras hasta llegar a los aposentos de la familia real. Su antorcha iluminó las figuras estáticas de las cuatro personas y sus retorcidos gestos de puro horror, esculpidos en sólida roca. Una risa tronó en toda la sala, una brisa apagó la antorcha y un silenció invadió el lugar, mas del capitán no se supo más, sólo arena desperdigada por allí y por allá.
Pasaron doce años y la hija del capitán cumplió los veinte, criada por su madre y su tío, el Deshuesado, que de esgrima nada sabía pero sí de magia olvidada. El reino no era tal, simples feudos diseminados, y el castillo abandonado. Todo transcurría con normalidad hasta que un día, yendo al río a lavar, su padre apareció, pidiendo libertad pues aquel ser malvado su alma y la del resto las retenía con una maldición. Fue así como, ante los sollozos de la madre y la tristeza de su tío, la chica partió hacia el castillo.
El castillo se hallaba en la cima de un monte, invadido por una tupida maleza, tras tantos años deshabitado. La chica se adentró en la fortaleza, sin espada ni lanza, pues de eso poco sabía. Subió las escaleras, hasta la sala de la reina, donde aquel ser le esperaba, apoyado en una estatua. Sin mediar palabra aquella figura, tan oscura como una noche sin luna, se abalanzó contra la chica, la cual a duras penas esquivó el ataque para, acto seguido, lanzarle un hechizo de pura luz que atravesó al ser y lo hizo desaparecer tras un grito de dolor. La maldición terminó, no así sus consecuencias, pues la piedra siguió, así como la arena y la división. La chica a su casa volvió, pero al año se marchó, intuyó que el ser volvería y mil tierras esperaban más allá de donde se ponía el Sol.
 Seudónimo: Asret

198. EL TEMOR DEL SOLDADO. De Cuentista cruda



El día a día del ejército es doloroso. Tienes hambre, cansancio y sed. A todas horas.
En la batalla se siente uno mejor. Todo sacrificio merece la pena si se visualiza el objetivo.
Lo peor son las noches. La hora de las pesadillas; tanta sangre, tantos muertos, tantos miembros descuartizados… ¿para qué?
Si al final, nadie sabrá que fui yo. 
Seudónimo: Cuentista cruda

197. IGUALES. De Avibook



Como cada tarde, fui a caminar por las extensas praderas esperando que en esta isla perdida en el pacifico, algo interrumpiera la eterna tranquilidad que la gobernaba y así fue. Desde el cielo pude ver descender frente a mí una pequeña nave mientras los demás, encerrados en sus casas, ignoraban lo que estaba pasando.
-Viajan en naves, ¡iguales a nosotros!  -exclamé apenas los vi-. Salvo que en mi casa, el auto viejo de papá solo sirve para acumular polvo, pero podía considerarse una nave -pensé.
Se supone que debía sentir miedo, pero en aquella pradera donde vivía, el vecino más cercano estaba a un kilómetro así que al notar que los forasteros estaban ubicando su nave a menos de 500 metros de la mía, me parecía fantástico por lo que corrí a saludarlos.
-¡Son iguales a mí! -exclamé con alegría al ver bajar por una rampla a tres seres-, salvo por los tentáculos, los ojos negros y su piel gris y aparentemente viscosa –reflexioné.
Al tenerlos frente a mí, los saludé con una reverencia y luego les tendí mi mano en son de saludo. Tras hablar entre ellos en un dialecto extraño, uno de ellos extendió su tentáculo y rodeó mi muñeca, para luego soltarme y darle paso al siguiente.
Estaba tan emocionado que de inmediato los invité a cenar aunque no sabía lo que comían. Mi madre casi lloró de miedo al verlos y mi padre, ni con eso, dejó de leer un viejo libro. Cuando se fueron me dormí feliz y entusiasmado de verlos al día siguiente. Lamentablemente para mí, los seres tocaron la puerta de mi casa y de inmediato noté que dejaron de lado su lenguaje para hablar como nosotros, cubrieron su piel gris por un moreno similar al mío y ni hablar de tentáculos porque ahora tenían brazos y piernas.
Una vez dentro de casa, uno se sentó junto a mi madre para hablar de ropa y los otros dos se sentaron junto a mi padre para leer un libro.
Ya no éramos iguales.
Seudónimo: Avibook