viernes, 5 de octubre de 2018

Acta del Jurado del XVI Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2018




ACTA DEL JURADO DEL XVI CERTAMEN INTERNACIONAL DE MICROCUENTO FANTÁSTICO miNatura 2018


Reunidos los votos del Jurado del XVI Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2018, formado por: 
Manel Aljama (Narrador, España)
Elaine Vilar Madruga (Narradora y poeta, Cuba)
Antonio Mora Vélez (Narrador y poeta, Colombia)
José Miguel Sánchez “Yoss” (Narrador, ensayista, conferenciante, Cuba)
Carmen Rosa Signes U. (Narradora, España)
Ricardo Acevedo Esplugas (Poeta y narrador, Cuba)

Tras la lectura de los 244 cuentos, que provenientes de diferentes nacionalidades, a saber:

39 argentinos
1 argentino-italiano
2 bolivianos
10 chilenos
12 colombianos
1 costarricense
7 cubanos
108 españoles
1 hispano-estadounidense
1 estadounidense
1 hondureño
1 italiano
30 mexicanos
2 nicaragüenses
6 peruanos
1 puertorriqueño
1 dominicano
1 rumano
6 uruguayos
13 venezolanos


La Organización quiere agradecer la dedicación del jurado que con esfuerzo y dedicación logran resaltar con sus votos  los mejores textos. En esta ocasión se ha tenido muy en cuenta el adecuado uso de nuestro idioma común: ortografía, gramática y sintaxis y la utilización correcta del género al que está dedicado el certamen: el género fantástico (ciencia ficción, fantasía, terror).
El jurado del XVI Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2018 proclama como ganador al cuento:
COSAS DE NIÑOS   Seudónimo: Oh Hamlet   Autor: Alfons Ruano Cruz (España)
En palabras de Carmen Rosa Signes directora de la revista miNatura y miembro del jurado: Cosas de niños de Alfons Ruano Cruz destaca por su sencillez. Estamos rodeados de elementos perturbadores, pero son aquellos que rodean a los niños los que más nos impactan. El aura de inocencia y naturalidad, que convierte los hechos cotidianos en experiencias sinceras cargadas de credibilidad, consiguen siempre conmovernos,  y cuando estos hechos escapan a la lógica natural son capaces de estremecernos y hacer que un escalofrío recorra nuestra espalda. Es eso lo que logra este cuento cuyo final impactante,  unido a la sencillez de su historia, lo hace merecedor de ser destacado por el jurado.

El jurado destaca como finalistas los siguientes textos (la ordenación no implica puesto clasificatorio alguno debido a que los nombres de los autores aparecen por riguroso orden alfabético):
EN CASO DE TORMENTA, ACUDIR A PAPÁ   Seudónimo: Harley Quinn  Autor: Hernán Darío España Cruz (Colombia)
TERROR   Seudónimo: Lores Martin  Autora: Dolo Espinosa  (España)
LA MARGARITA  Seudónimo: Lovely Dew   Autora: Rocio Fuentes Ortea (España)
EL LIBRO PROHIBIDO Seudónimo: Salinas Autora: Soledad García Garrido (España)
EL NOCTÁMBULO  Seudónimo: Suiseki Autor: Antonio García-Catalán Barchino (España)
EL DÍA QUE LA HUMANIDAD METIÓ LA PATA Seudónimo: El Penúltimo Hombre Vivo  Autor: Pere J. Martínez Marqués  (España)
DURAMÁTER Seudónimo: Julián Soler  Autor: Rafael Novoa Blanco (España)
INSOMNIO   Seudónimo: El silbido del afilador  Autora: Patricia Richmond (España)
RONDA   Seudónimo: Salem   Autora: Adriana Azucena Rodríguez (México)

En breve verá la luz el dossier especial de la Revista Digital miNatura dedicado al XVI Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2018 (Revista Digital miNatura 164) en el que se podrán leer tanto el cuento ganador como los finalistas, todos ellos recibirán por correo electrónico, diploma acreditativo de su participación en el certamen.
Todos aquellos trabajos que no han sido seleccionados por el jurado serán destruidos, de forma que, en los próximos días, desaparecerán del blog quedando tan sólo en él el cuento ganador y demás textos destacados en esta edición del certamen, tal y como viene dispuesto en las bases del mismo.
Nuestro más sincero agradecimiento a los participantes. Os esperamos el año próximo en la edición número 17 de este certamen. Gracias a todos.
Ricardo Acevedo Esplugas
Carmen Rosa Signes U.
Directores de la Revista Digital miNatura
San Juan de Moró a 5 de octubre de 2018


jueves, 9 de agosto de 2018

AVISO CONCURSANTES

Con la publicación de los últimos cuentos recibidos correctamente al certamen y dentro del plazo previsto, finaliza la fase de recepción de originales. Ahora le toca al jurado dictaminar su fallo que se dará a conocer el día 5 de octubre de 2018.
Gracias y suerte a todos.

Los organizadores

miércoles, 8 de agosto de 2018

200. EN CASO DE TORMENTA, ACUDIR A PAPÁ. De Harley Quinn



Papá ya ha cumplido con el sacro ritual de la lectura en voz alta y la pequeña Diana se ha subido la cobija hasta la barbilla, dispuesta a dormir. No tiene miedo, a pesar de sus cortos tres años; echa un rápido vistazo para comprobar que  la docena de muñecos de peluche al final de su cama sigue allí para brindarle compañía. Pero hay algo nuevo en la rutina; papá ha escuchado el viento afuera en la noche rugiendo amenazadoramente. Diana escucha con atención la explicación de la naturaleza de los truenos y la recomendación de no asustarse, entonces, si se despierta en medio de la tormenta. Papá lo sabe todo, piensa la niña con admiración y amor. Y para rematar el trabajo pedagógico, este humano héroe toma uno de los muñecos de la cama, el osito Dany, y le encomienda con fingida seriedad que le recuerde a Diana estas palabras en caso de que lo necesitara. Luego, el ritual sigue su curso cotidiano con el beso de las buenas noches. "Recuerda, cariño", le dice papá esbozando una sonrisa cálida antes de apagar la luz y salir del cuarto, "no hay razón para tener miedo".
Posteriormente, en algún momento de la madrugada, la tormenta estalla con furia. Diana está despierta. Los relámpagos y truenos se suceden como si quisieran romper el firmamento. A ella no le asusta este concierto apocalíptico. Su papá le explicó muy bien; el mejor papá del mundo. El terror que le invade, el que amenaza con cortarle la respiración y hacer estallar su corazoncito no tiene nada que ver con el fiero clima, no. En medio de la penumbra de la habitación no le quita la mirada de encima al osito Dany, que igualmente le vigila fijamente desde cerca a sus pies. La niña suplica en silencio para que su muñeco entienda que ella no tiene miedo de la tormenta; que no hay razón para que se acerque a ella con pequeños pasos sobre el colchón y, siguiendo la petición de papá, abra su boca de felpa y con voz desconocida hasta ahora trate de calmarle. Mientras tanto, los relámpagos siguen dotando de brillo intenso los ojos muertos del osito.  
Seudónimo: Harley Quinn

199. EL DÍA QUE LA HUMANIDAD METIÓ LA PATA. De El Penúltimo Hombre Vivo



Las primeras imágenes del objeto las tomó la sonda Hayabusa 2 cuando este pasó calmoso cerca del asteroide Ryugu, en el verano de 2018. Con toda la celeridad los astrofísicos comenzaron a hacer cálculos y conjeturas. Pronto concluyeron que el artefacto pasaría a 50.000 km. de la Tierra. Más cerca que la Luna. Y digo "artefacto" correctamente, pues la espectrometría mostró una composición de aleaciones imposibles y los estudios de trayectoria revelaron que corregía la fuerza gravitacional de los objetos celestes que debían influenciarle. Si no se remediaba su destino sería el Sol.
El mundo se entusiasmó con la idea de haber encontrado otra inteligencia en el Universo. Se creó una Organización Internacional para el Estudio y Rescate del Visitante –pues así fue llamado– y todos los países quisieron participar. Teóricos y alarmistas se multiplicaron exponencialmente en todos los medios de comunicación conocidos. Desde dioses que venían a salvarnos hasta feroces criaturas que venían a esclavizarnos y/o devorarnos, pasando por los descendientes de los atlantes que volvían a casa; las especulaciones sobre quién viajaba en aquella nave eran de todos los colores.
El día llegó. Con las últimas tecnologías espaciales se atrapó e inmovilizó al Visitante. Grande como la más grande de las montañas, su exterior no desveló ningún dato sobre lo que ocultaba su interior. Más de un año estuvieron investigando por dónde entrar en aquella curiosidad cósmica. Tras mucha polémica se practicó un agujero por el que introdujeron un robot, del que no se supo nada. Metieron más robots y la incógnita siguió sin ser desvelada. Hasta que un héroe voluntario se ofreció a investigar.
Cuando el astronauta entró, el Visitante se resquebrajó y estalló en silencio soltando al espacio millones de toneladas de desperdicios químicos, radioactivos y biológicos. La gravedad hizo el resto. Nunca debimos tocar lo que no era nuestro.
Ahora la Tierra es el vertedero de una especie superior y los humanos nos morimos intoxicados… igual que los animales que agonizaron con nuestra basura.
Seudónimo: El Penúltimo Hombre Vivo

lunes, 6 de agosto de 2018

172. EL NOCTÁMBULO. De Suiseki



La esposa casi temblaba de pavor cuando caía el sol. No le gustaba que su marido saliese de noche, sobre todo porque nunca supo a dónde iba ni qué hacía. Pero su mayor miedo era que una de esas noches él no volviese a casa, que la dejase sola; que no tuviera a quién abrazar en la madrugada.
Muchas de esas noches las pasaba en vela, inmóvil en la cama, atenta a escuchar los pasos del marido subiendo las escaleras. De madrugada ya, los pasos sonaban tan arrulladores que sus ojos se cerraban y caía en un dulce y rápido letargo. El sueño la vencía tan rápidamente que no llegaba a notar cómo su marido se desvestía, sin mucho cuidado de que el cinturón no golpeara en la mesita. No notaba cuando se sentaba, o se caía, violentamente en la cama para quitarse los zapatos. Ni sentía el frío cuando levantaba las mantas para meterse debajo.
Incluso alguna noche que no venía muy borracho conseguía hacerle el amor a trancas y barrancas, entre eructos ardientes de coñac, pies fríos de sudor y aliento de tabaco rancio. Pero ella estaba feliz, porque por fin lo tenía en casa.
"Vuelve siempre y no me dejes nunca", le susurraba. Y él siempre cumplió su promesa.
Sin embargo, ahora lo que más la asustaba era que él volviese cada noche; que se metiera en la cama y que la abrazara, como había hecho tantas madrugadas. Después de cinco años viuda, los regresos de su marido ya no eran cálidos despertares entre sábanas tibias. La muerte y salir de noche de su tumba lo habían desmejorado mucho.
Seudónimo: Suiseki

jueves, 2 de agosto de 2018

123. COSAS DE NIÑOS. De Oh Hamlet



Aún recuerdo aquel verano del 68. Con tan solo ocho años y en compañía de mis padres, visitamos el pueblo de la tía Amalia, muy lejos de la ciudad.
Recuerdo las tardes de juegos con aquellos niños, detrás de la escuela.
Recuerdo sus ropas descuidadas, sus caras sucias, las sonrisas breves y las atentas miradas cuando les contaba anécdotas de mis compañeros de colegio, los programas preferidos de la tele y mis sueños de cohetes y astronautas; solo interrumpidos por los gritos lejanos de mi madre llamándome para cenar.
Recuerdo una gran tristeza el día en que terminaron los juegos. No comprendía la insistencia de mi padre para que dejara de inventar cosas, porque, decía, en el pueblo ya no había niños desde hacía mucho tiempo. Tampoco debía acercarme a la antigua escuela, porque, decía, estaba ya abandonada y podía caerme en alguno de los grandes agujeros marcados con un desdibujado cartel que indicaba "fosa común de la guerra".
Seudonimo: Oh Hamlet


lunes, 30 de julio de 2018

AVISO A CONCURSANTES


Les recordamos que para poder participar en el certamen, tanto el microcuento como los datos personales deben enviarse pegados en el cuerpo del mensaje.  Gracias.
La Organización

miércoles, 25 de julio de 2018

95. EL LIBRO PROHIBIDO. De Salinas



El niño abrió el cajón y sacó el libro prohibido. Comprobó que dentro, debajo de la libreta de los deberes, seguía frío el revólver que su padre le había regalado al cumplir los siete años. Así lo mandaba la tradición. Acostumbraba a limpiarlo los domingos, después de la sesión que celebraban los miembros en el vertedero que crecía más allá del polígono industrial. Se trataba de un ritual que, bajo la tutela del Gran Padre, mantenía unida a la Comunidad. Allí, recordaban el credo y practicaban el tiro con las mascotas que desechaban. Algunas, de puro viejas, apenas se movían, por lo que resultaban una diana muy atrayente.
El niño admiraba y temía a su padre a partes iguales. Jamás hubiese aprobado que dedicara las horas que se merecía el aprendizaje de la Doctrina a la lectura de aquellos libros que, a escondidas, se habían salvado de la quema. Debía emplear al menos dos horas diarias en memorizar el texto que desarrollaba los preceptos de la congregación. Esperaba que fuese un digno sucesor suyo, así como él lo había sido de su padre, el fundador del Movimiento.
Retenía en su memoria algunos pasajes para repetírselos al padre en las reuniones. Por ejemplo, el orden de la pirámide que no debía bajo ningún concepto verse alterada: Primero, nosotros; después, el mundo. La limpieza de raza. La seguridad. Instrucciones de uso de tu primer revólver. Confirmación de la Comunidad. Procuraba recitarlos de corrido para que el padre pensase que había puesto buen empeño en aprenderlos.
Pero al acostarse, como esa noche, cuando todos grababan en su mente las normas de la agrupación, el niño hojeaba bajo las sábanas el libro prohibido, aquel que se había librado de las llamas, y se deleitaba con las aventuras de Tom y su amigo Huckleberry en las orillas del Mississippi, y sentía el mismo miedo a convertirse en adulto que sentían los niños del cuento.
Seudónimo: Salinas

lunes, 23 de julio de 2018

89. INSOMNIO. De El silbido del afilador



No sé qué hacer con los brazos cuando duermo. No consigo encajarlos en una postura cómoda y paso toda la noche en vela, dando vueltas, moviéndolos arriba y abajo, sin pegar ojo. El médico aconseja amputar, pero me horroriza la idea de irme a la cama con ocho miembros fantasma.
Seudónimo: El silbido del afilador

lunes, 16 de julio de 2018

72. TERROR. De Lores Martín



La oigo gemir y sollozar. La oigo sorber y jadear. La oigo arrastrar la cama hasta la puerta.
Puedo imaginarla encogida, con los ojos llenos de lágrimas, limpiándose los mocos con la manga del jersey, ese jersey rosa que tanto le gusta.
La oigo moverse por la habitación. Cajones y libros que caen al suelo, monedas que ruedan... Busca algo con lo que defenderse.
No me cuesta imaginar el cabello rubio cayendo sobre su cara, pegajoso de sudor, lágrimas y mucosidad, sus manos intentando colocar los mechones tras la oreja, sus ojos desorbitados por el terror, mordisqueando, ansiosa, el colgante que le regalé hace tres cumpleaños. La oigo abrir la ventana y gemir de terror ante la altura. Por ahí la única escapatoria es la muerte. Una muerte mucho más rápida y piadosa que la que le espera al otro lado de la puerta.
Oigo los golpes, cada vez más seguidos, cada vez más intensos, cada vez más certeros. Oigo su grito, escucho su llanto,  percibo su miedo.
Casi me parece escuchar los latidos de su corazón, tronando en su pecho, tan ensordecedores como los golpes que resuenan en su puerta.
He intentado ayudarla. Lo he intentado con todas mis fuerzas. He luchado cuanto he podido. Pero soy débil. Muy débil. Siempre lo he sido. Por eso estoy aquí.
Golpeando la puerta con los demás.
Tan hambriento como el resto.
Y con los ojos arrasados por las lágrimas.
Sé lo que va a ocurrir cuando esta puerta caiga. Sé que morderé su carne, beberé su sangre, lucharé por sus entrañas como todos los demás
La oigo gemir y sollozar asustada de los monstruos que se agolpan en su puerta.
Asustada de mí.
Seudónimo: Dolo Espinosa