jueves, 9 de agosto de 2018

AVISO CONCURSANTES

Con la publicación de los últimos cuentos recibidos correctamente al certamen y dentro del plazo previsto, finaliza la fase de recepción de originales. Ahora le toca al jurado dictaminar su fallo que se dará a conocer el día 5 de octubre de 2018.
Gracias y suerte a todos.

Los organizadores

244. LA TÍA AMELIA. De Seshat



La tía Amelia siempre había sido un poco extraña. Era una persona muy inteligente y talentosa. Pero no se llevaba bien con la gente. Vivía sola, y en su propio mundo. Un día le contó a Karen, su sobrina predilecta, que unos vecinos golpeaban las paredes de su cuarto para molestarla. Y le pidió que, por favor, fuera a dormir a su casa esa noche. La joven lo hizo. No escuchó ni vio nada extraño. Pero alguien le dijo que, a principios de 1900, en el predio de esos vecinos había habido un manicomio. Allí iban personas con enfermedades mentales graves, consideradas un peligro para la sociedad. Pasó un tiempo, y Karen se olvidó del asunto. Pero, poco después, la tía llamó, muy asustada, para decirle que la perseguían y amenazaban. La chica intentó tranquilizarla. Como no lo consiguió, le sugirió consultar a un psiquiatra. Amelia se negó. Después de unos días, Karen fue a su casa. Llamó a la puerta. A través de los visillos de una ventana, vio a su tía, observándola. Cuando estuvo segura de que era ella, le abrió. La chica entró y se dirigió al dormitorio. Cerca de la cama notó que había un enorme cuchillo de cocina, y junto a éste, unas tijeras. Esto la alarmó e inquietó mucho. Poco después, una vecina de Amelia llamó a Karen para avisarle que hacía días que no veía a su tía. Y que la casa estaba muy silenciosa. A pesar de que ya había caído la noche, la chica decidió ir a ver qué sucedía. Llegó y tocó a la puerta. Nadie contestó. Abrió con su llave y entró. La oscuridad era total, y había un olor muy desagradable. Karen sintió un escalofrío. Tomó su celular y encendió la linterna. Apenas cruzó la puerta, notó unas manchas oscuras sobre los muros. Siguió caminando. Llegó a la sala, enfocó la luz, y quedó petrificada. En el piso, y subiendo por las paredes, había cientos de marcas, ensangrentadas, de manos y pies. Se dirigió a la habitación de Amelia. Allí vio a su tía, acurrucada en la cama, temblando. De su mano colgaba el enorme cuchillo, manchado de sangre. Karen pensó que estaba herida. Se acercó a ella y la oyó balbucear -¨ Tuve que defenderme. Ellos querían matarme¨- le susurró la tía Amelia al oído.
Seudónimo: Seshat

243. VALDESPARTERA 1966. De Diego De Marca



-- ¿Sabes cómo me llaman?.
-- Creo que... "el cobra", mi teniente.
-- Hubieses podido hacer la mili como suboficial de complemento, pero lo has rechazado; ¿te avergüenzas del ejército?... Haces lo que te da la gana, y hasta saltas la tapia para no pasar revista, pero... por fin te han cogido. Te quedas sin pase pernocta y ya veremos. No comprendo tu actitud. Dime, ¿qué es para ti la patria?.
Alberto no se daba cuenta de que "el cobra", le estaba buscando la garganta.
-- La patria no es el ejército ni el generalísimo, la patria es mi madre y mis hermanos, por eso necesito el pase pernocta. Tengo que trabajar para llevar algo a casa.
Los ojos grises del teniente centellearon como el acero.
-- Ya has caído, valiente y presumido imbécil. Estás arrestado a perpetuidad, y es posible que pueda mandarte a Mahón.
-- Si me ha declarado la guerra, conviene que sepa cómo me llaman a mí.
-- ¿Si?, y... ¿cómo te llaman?.
-- El patriota.
Seudónimo: Diego De Marca

242. LA NIÑA. De Iria Flavia



Cuando amaneció tenía tres años. Al atardecer tenía siete. Durante el proceso había aprendido todas las memorias de sus antepasados y se las había gravado en su subconsciente. Algunas eran enriquecedoras. Otros eran terribles.
Cuando se fue a dormir, su ventana abierta dejaba entrar una tenue brisa. Con el sueño finalizaría su aprendizaje y nacería su vida imaginaria.
Cuando despertó, su marido la miró con extrañeza.
A partir de ese momento debería entrar en una realidad que no había elegido.
Y quiso volver a ser niña.
Seudónimo: Iria Flavia

241. EL FOSIL. De El Fósil



Coleccionista compulsivo de amonitas, Primitivo Pedraza se sentía orgulloso mientras contemplaba la mejor pieza de su pasatiempo. Se trataba de un espécimen de tres metros de diámetro y sin ninguna fractura en su armazón. No obstante, lo más particular era la consistencia de su estructura, que en lugar de arcilla endurecida, parecía hecha de nácar. Diríase que aquel ejemplar estaba vivo.
Por ser el mejor hallazgo de su colección, conformada por más de dos mil piezas, con magnitudes inferiores a los quince centímetros de radio, el fósil ocupaba la mejor alcoba de su casa, rodeado de luces, dentro de una enorme vitrina. Primitivo por su lado, dormía incomodo, en la sala, felizmente inmerso en su fantasía jurásica.
Una noche, Primitivo escuchó ruidos en la recamara. Intrigado por el arcano decidió adentrarse al interior pensando en la posibilidad de que su objeto preferido fuera dañado por algún ladrón o algún animal, ignorante de su valor. Al abrir la puerta se encontró con una visión espantosa: El molusco se había desenrollado, cambiando su forma de caracol, metamorfoseándose en un enorme gusano surgido de la capa irisada, crisálida de la bestial criatura. Primitivo, incapaz de  reaccionar, fue atrapado por el verme, que poniendo una asquerosa ventosa sobre su rostro, a través de la cual expulsaba una baba corrosiva, lo fue succionando, hasta que tan solo quedaron los zapatos, impregnados de un asqueroso líquido verde.
Seudónimo: El Fósil

240. EL VIAJE DEL ALBA. De Bryan E. Gaytán



Los 17 años eran el momento más importante en el reino de Ceres. La princesa Mercy lloró por días antes de su cumpleaños y rogó a sus padres que cambiaran las leyes, pero se negaron. Todos los jóvenes a esa edad debían emprender El viaje del alba. Algunos no volvían y los que sí, eran más fuertes y sabios. Los reyes lo consideraban fundamental en la formación, en especial de una futura gobernante.
Las trompetas reales llamaron a todo el reino al castillo. La princesa apareció seguida por sus padres. Vestía un grueso abrigo, pantalón de piel y unas botas grandes en lugar de sus elegantes vestidos. Tenía los ojos enrojecidos. Los habitantes aplaudían y vitoreaban cada paso hasta llegar a un hermoso caballo blanco que flotaba. Subió ayudada por dos guardias. Todos estallaron en gritos de la emoción.
—No lo voy a hacer —dijo Mercy— No pueden obligarme, ¡es una tradición estúpida!
Sus padres y los habitantes enmudecieron. Era la primera persona en la historia que se oponía.
—¿Cree que por ser usted no va a ir? —dijo una anciana delgada —Yo perdí a dos de mis hijos en el viaje. Los reyes lo hicieron y volvieron, usted es una cobarde.
La princesa intento bajar. No le importaba el rechazo de las personas, no quería morir. El rey chasqueó los dedos y el caballo saltó. Ella se sostuvo y quedó de nuevo en posición de montar. Se elevaron a altura que una caída en ese momento sería mortal. Trotaron en el aire hacia una colina.
El viaje comenzaba contra su voluntad y nadie aplaudía. Lloró. Sus lágrimas se convirtieron en luces que le daban más velocidad a su caballo. Llegaron a la cima. El caballo se impulsó en él firmamento y dio un gran salto que atravesó las nubes. Se convirtieron en una estrella fugaz que se vio en el cielo de todos los reinos cercanos.
Seudónimo: Bryan E. Gaytán

239. EL LECTOR. De Silísade



Se estaba quedando muy flaco, mientras recordaba aquello de :"del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio". Pero estaba seguro de que en estos tiempos de sobreestimulación sensorial brutal eso ya no pasaba. Así que humedeciendose la yema del dedo pasó una página más y siguió leyendo.
Desde que tenía la librería había leido sin parar.  Pero sin duda lo que mas le llamaba la atención era saber que por mucho que leyera nunca podría leerlo todo. Porque leerlo todo es imposible, ya que las editoriales vomitan sus novedades en esta y en todas las librerías continuamente. Pero sobre todo porque para leerlo todo habría que ser inmortal y de sobra sabía él que la inmortalidad no era posible, no en su mundo.
Bajó la vista al libro de nuevo, pero … no estaba en el mostrador. No había mostrador. Ni librería… Del mucho leer había terminado por traspasar la barrera… ahora estaba dentro del libro ¡Sería inmortal!¡Podría leerlo todo!...pero
No! Ahora no era mas que un personaje atrapado en un libro…nunca más podría volver a leer…
Seudónimo: Silísade

238. SALTA. De Chris White



-¿Quieres que acabe el dolor?
Era una voz suave y amable, como la voz de un anciano.
-No quiero seguir sufriendo...
En su voz se notaba esa sensación de ahogarse, ese sentimiento de que ya no puedes seguir y por mas que busques no encuentras una salida, como estar encerrado en un ataúd, sin luz, sin aire, sin esperanza.
-Entonces se libre...
La caída rápidamente alcanzo una velocidad elevada, Axel sabia que era el final, ya no habría más dolor, no habría más soledad, por fin se acabaría. Pero las lágrimas no paraban.
-¿De verdad quieres que se acabe aquí?
La voz parecía hablarle al alma más que al oído. 
-Quiero vivir…
El susurro de Axel fue escuchado.
Nunca se había sentido así antes, esa sensación de libertad, el viento secando su cara, era frío, pero no importaba , lo único que podía hacer era contemplarlas. Eran magníficas, el tono rojizo de las plumas mezclado con la luz de la luna las hacia brillar como rubíes. Las magníficas alas que ahora salían de su espalda hicieron brillar sus ojos por primera vez desde aquel día. Nunca hubiese pensado que el destino le concedería una razón para sonreír, lastima que olvidara que todo en la vida tiene un precio…
Seudónimo: Chris White

237. EN LOS BRAZOS DE MORFEO. De Jzzz



David estaba soñando que se encontraba en una celda oscura, le invadía una extraña sensación de peligro, cuando de repente, le despertaron los gritos de su madre. Corrió hasta su habitación y la halló vociferando con los ojos abiertos, pero aún dormida. Había estado enferma hace unos meses, pero desde que el médico le formuló las inyecciones, no tuvo más dolor, aunque dormía más horas al día. Trató de despertarla pero fue inútil, tuvo que verla retorcerse bajo las cobijas mientras sus chillidos se intercalaban con el susurro de su nombre y el de sus pequeñas hermanas. Los gritos eran cada vez más intensos, no sabía qué hacer, la tomó por los brazos, la sacudió con fuerza mientras irónicamente le pedía que se calmara, pero ella seguía contorsionándose y gimiendo agónicamente "Aaaaghghgh!", David lloraba, y no podía evitar gritar también, la angustia le impedía hacer otra cosa, paralizado, pudo ver como en 5 segundos el rostro de su madre palideció y de su boca empezó a brotar sangre al ritmo de su propio corazón, los coágulos se aglomeraban tan rápido que tuvo que sacarlos con sus propias manos para evitar que ella se ahogara, pero pese a todo,  las sacudidas empeoraron y un par de minutos después ella yacía muerta frente a él.
Todo fue tan rápido que no hubo tiempo para el desespero, necesitaba ayuda. El médico les había dejado su tarjeta, dijo que le consultaran en caso de cualquier problema; pese a que ya era demasiado tarde, se dirigió a la sala, y le llamó. Al segundo intento, alguien levantó el teléfono, con la voz aún carrasposa por el sueño atinó a preguntar -¿Hola?¿quién habla?. - Soy David, mamá, acaba… acaba de morir, había mucha sangre- dijo y sintió la calidez de las primeras lágrimas que bañaban su rostro. –Perfecto! Respondió el médico riendo en tono alegre. Recordó con pavor la consulta familiar en que vacunaron a sus hermanas, quiso ir a verlas pero tenía demasiado sueño; dejó caer la bocina  y desde el otro lado de la línea una carcajada horrible le arrulló mientras se hundía en los brazos de Morfeo.
Seudónimo: Jzzz

236. VERTIGO. De Mr. Smith



Todo ocurrió muy rápido. Yo  ni lo recuerdo. Se que todo fue planeado. La dimensión oculta se abrió poco a poco, sin saberlo.
Recuerdo haber despertado ese día con un fuerte dolor de cabeza, no obstante todo eso paso cuando me di cuenta que todo a alrededor había cambiado.
Mi esposa no lo era y los niños que estaban en el parque tampoco me pertenecían. Eran parte de una dimensión desconocida. Lo confirme al verificar mi nombre como
Eduardo-x, una versión dañina de  mí.
Las siguientes semanas actué o intente actuar como mi yo. Hice  todo lo contrario  y salió perfecto. Durante varias semanas estuvo a salvo.
Un día  2 hombres me agarrón y me metieron al bus. Al cavo de unos 5 minutos me encontraba en un paraje solitario.
Camine durante algunos minutos, no obstante algo paso.
Un cosmos se apareció frente a mí y me cubrió con todas sus fuerzas.
Por varios minutos no supe nada de mí.
Al despertar me encontré en una celda. Junto a mi estaba la siguiente nota.
Usted será eliminado pronto. Poco a poco se le sacara del sistema.
Nada será igual, todo terminara pronto.
Cuando abrí los ojos lo primero que vi fue una diáfana luz llegando a su fin.
Seudónimo: Mr. Smith