domingo, 17 de junio de 2018

36. EL CANÍBAL. De Harry Mason



Fue hace ya bastante tiempo en las decadentes calles de Musútl; allá donde el Sol brilla sin ofrecer claridad, allá donde el ser humano ha perdido identidad. El tiempo sigue su marcha incesante y nuestra raza ha llegado a su fin; los Dioses Negros nos subyugan con locura y su estirpe nos depara un futuro ruin. Entre edificios barrocos y chozas de piedra, yo me encontraba en mi campo arando mi inútil e infértil tierra. La Noche Perpetua atrofiaba la mayor parte de mis cosechas, y mi hambre crecía voraz destrozando mis tripas ahora desechas. Tenía que comer para saciar mi apetito; mis sentidos flaqueaban y mi espíritu yacía herido. De repente los miré a ellos bajo un halo luctuoso de insospechado deseo: eran mis vecinos débiles y laceriosos, sufriendo por su miseria y su marginado deshonroso. Mis ojos no podían ver tantos manjares juntos; parecía que yo gozaba mientras ellos se lamentaban por tormentos injustos. No fui capaz de soportarlo más y decidí que debía comerlos, pues mi hambruna era insufrible así como el ocaso en el que nos corrompemos. Cegado entonces por mis instintos y mis bajos sueños, me escabullí entre sombras y me introduje en el recinto de los pequeños. Silenciarlos fue sencillo mientras sus lágrimas corrían por mis manos; un largo machete fue eficaz para dejarlos destazados. Hundí mis dedos en la carne palpitante y tiré con gran fuerza, mientras los huesos y los tendones se desgarraban con absoluta fiereza. Había sangre por todos lados: en mi cara, sobre el piso y burbujeando en la boca de los occisos, y los crujidos de mis masticadas eran como temibles danzas de pueblos derruidos. Los padres se percataron de mi festín y su intromisión significó su obvio fin. Con un suave movimiento de mi muñeca, sus cabezas rodaron rápidas y completamente sangrientas. Sus entrañas chorreantes pronto hartaron mi ingesta; los únicos desechos que quedaron fueron huesos y mucha pulpa desecha. Nadie se enteró de lo que hice en ese cuarto, ya que todos culpan a los vampiros, hijos del Dios Negro desalmado. Ya no puedo retener más estas ansias paganas; mataría más personas para luego descarnarlas.
Seudónimo: Harry Mason

sábado, 16 de junio de 2018

35. LA MARGARITA. De Lovely Dew



"Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, me quiere…"
Y la margarita continuó arrancando brazos y piernas, hasta conseguir el resultado deseado.
Seudónimo: Lovely Dew


jueves, 14 de junio de 2018

34. SOMOS PARTE DEL DOLOR TRATAMOS DE OLVIDAR. De D. de demencia



Subí a mi cuarto y me tumbé en la cama. Quería dormir, descansar un poco. Desde hace meses, por momentos, el corazón me duele cuando palpita y, a veces, golpea. Tomé una almohada, la estrujé, hundí mi cara en ella y cerré los ojos. En unos cuantos minutos se humedeció y, entre sollozos moquietos, recé y pronuncié el nombre de Alma. Suspiré. Abrí los ojos y me quedé mirando la leve capa de polvo que cubría el suelo. Un trueno estremeció los vidrios de la ventana. En un instante se fueron marcando unos pasos. Asustado me levanté y traté de correr. Alguien me abrazó fuerte y dijo: "Amarte es una bendición, no un castigo; libertad, no una prisión. Ama y déjate amar. Te amo". Un ligero aroma a nardos y rosas se quedó en el cuarto. Crujió mi pecho. Un fresco hálito entró en él, y junto con una cálida caricia me arrancó una costra invisible del corazón. Sin limpiarme las lágrimas me acerqué al mueble donde tengo su fotografía. Le di las gracias.
Alma era una amiga que tuve en la adolescencia, y a quien yo apreciaba demasiado. A ella la encontró una bala perdida, cuando tenía quince años.
Sreudónimo: D. de demencia

33. SÉPTIMO CUENTO. De Riful



Creo que es el sexto bosque más frondoso del mundo. Creo que es la quinta vez que voy a una excursión. Creo que es la cuarta vez que veo al guía llorar y hablar solo. Creo que es la tercera noche que pasamos perdidos. Creo que es la segunda vez que le pregunto por los otros turistas que nos acompañaban. Creo que es la primera vez que veo tanta sangre salir de mí. Creo que la sonrisa del guía fue lo último que vi.
Seudónimo: Riful

miércoles, 13 de junio de 2018

32. LA MANO DE IRINA. De Jihane



El viejo Arquímedes asesinó a su amante por infiel y la enterró en el jardín. A la amante de Arquímedes, Irina, casi nadie la conocía en persona. Era una mujer extranjera hermosísima, quizá rusa. Desde que la mató Arquímedes no podía dormir. No era, sin embargo, remordimiento, sino que extrañaba el contacto de la mano de Irina sobre su mejilla durante las noches. Así, la desenterró y le cortó la mano para poder sentirla y conciliar el sueño. A la mañana siguiente Arquímedes comprobó que la mano no estaba abierta sino que había doblado el dedo pulgar, marcando el número cuatro. Intentó devolverla a su forma original pero no pudo. Rigor mortis, se diría, y no pensó más en ello. Al  despertar el próximo día la mano había doblado otro dedo, mostrando ahora el número tres. Tal vez la estaba estropeando al dormir con ella, de manera que esa noche la metió en una caja, la cerró con llave y la colocó junto a su almohada. A la mañana siguiente, no obstante, cuando sacó la mano de la caja pudo comprobar que esta tenía todos los dedos doblados excepto dos. Ahí fue cuando empezó a preocuparse y dejó constancia de todo en su diario, incluso del asesinato. Cómo le había clavado el puñal por la espalda, mientras dormía, y cómo Irina lo miró a los ojos y le dijo que ella nunca le haría algo así, que ella al menos le daría una oportunidad de escapar. Esa noche Arquímedes se propuso no cerrar los ojos durante toda la noche. Situó la mano de Irina sobre la chimenea y se sentó a contemplarla en el sofá, dispuesto a resolver el misterio. Pero el cuerpo humano es débil y Arquímedes se quedó dormido. Al abrir los ojos vio el dedo índice extendido, señalando hacia el cielo, y no supo qué hacer. Aquella tarde lo avistaron en el pueblo comprando un caballo. Fue la última vez que se lo vio con vida. Al viejo Arquímedes lo encontraron muerto en su casa semanas más tarde. Se lo estaban comiendo los gatos. Sobre su rostro, casi plácido, hallaron intacta una mano de mujer, los cinco dedos extendidos, amorosamente apoyada sobre su mejilla.
Seudónimo: Jihane

31. POR LA MAÑANA PIENSA EN MÍ. De Oriandux



Desde que su esposa murió se le ve al viudo cada mañana alimentar a las aves en el parque. Es un ritual que repite todos los días desde hace dos semanas: se acerca caminando lentamente a la banca que se encuentra bajo el roble que se presume fue traído de Europa a mediados del siglo pasado, se sienta y acomoda su pierna derecha sobre la izquierda silbando una melodía que evoca una tristeza profunda y luego saca del bolsillo del saco una bolsa de papel conteniendo migas de pan. Los niños ven maravillados como las aves descienden para alimentarse a su alrededor, mientras el viudo mueve la mano elegantemente como un mago que espera se le brinde un gran aplauso.
Es cierto que desde hace un mes hay una ordenanza municipal que prohíbe alimentar a las aves por razones de seguridad sanitaria y prevención de la salud pública, así como evitar el deterioro del ornato debido a los componentes ácidos de sus deposiciones, pero esto el viudo parece desconocerlo o no acatarlo. Ningún vecino le hace mención de esta ordenanza y tampoco parece necesario traerla a recordación; pareciera que han sopesado el hecho de contar con la presencia del viudo como algo visualmente positivo para el paisaje por sobre un banco vacío, triste y aburrido.
Esta mañana agentes municipales han forzado al viudo a levantarse de la banca y lo han invitado a retirarse exponiendo las razones de la ordenanza. El viudo se muestra confundido y tembloroso, casi con ganas de llorar. Los vecinos, para evitar problemas con la ley, se han retirado junto a sus niños. Los municipales, al ver que el viudo parece no querer moverse, lo sujetan fuertemente para arrastrarlo. La bolsa de migajas cae al piso y uno de los agentes la pisotea bruscamente soltando una risa cruel. El viudo, impotente, comienza a silbar su triste melodía y agita su mano: las aves alzan vuelo y, convertidas en seres fabulosos, se precipitan salvajemente sobre los tres agentes municipales.
El viudo se retira del lugar, teniendo cuidado de no pisar los charcos de sangre para no ensuciarse los zapatos que su esposa le obsequió la última navidad que pasaron juntos.
Seudónimo: Oriandux

martes, 12 de junio de 2018

30. RONDA. De Salem



Somos tres hermanas. La mayor tiene dientes afilados. La de en medio, tiernas garras de gato. Yo soy la menor y tengo unas pezuñas con las que sigo el ritmo de la música y el baile.
Nuestra familia está medio loca. Los abuelos invocan a Satán como si no supiera que él está demasiado ocupado para tonterías de viejos. Mamá no para de llorar y tejer.
A la mayor le tejió una bufanda.
A la segunda unos guantes.
Y a mí unas calcetas muy altas.
Nos pidió que las usáramos aunque haga calor.
Y volvió a empezar.
Pronto tendremos un hermanito.
—Tendrá cuernos. Y ojos como vidrio derretido.
—Tendrá cola y pelo en todo el cuerpo.
—Tendrá patas de cabra como yo.
Mamá llora y teje. Bufandas, guantes y medias.
—¿No tejerás nada para el bebé?
Ella teje un gorrito y luego una cuerda; un día después de nacer el bebé, se cuelga de ella.
Nadie se interesa en mamá: mi hermanito abre su boquita para bostezar. Sus ojitos apenas se asoman de sus párpados hinchados. Acerca su boquita al cuello de la abuela. Nosotras no paramos de reír, bailar y aplaudir: todas acertamos.
Seudónimo: Salem

29. DISTÓPICO. De Nigra Sum



Muy seguro de sí mismo, espera impaciente e ilusionado que se cumpla el plazo de los nueve meses establecidos para presentar ante los acreditados matemáticos de Cambridge, en el momento oportuno, un contraejemplo a la Conjetura de Hodge y los ciclos algebraicos. Pero su anhelo nunca llega a concretarse: su madre lo aborta a los tres meses, tras un diagnóstico de malformación cerebral congénita.
Seudónimo: Nigra Sum

jueves, 7 de junio de 2018

28. EXTRAÑO REFLEJO. De Inconexa



Alejandra se miró en el espejo y sacudió la cabeza. Algo no estaba bien. Limpió el cristal por si estaba sucio. No, no era una distorsión producto de un espejo empañado. «Estoy demasiado cansada», pensó, metiéndose en la cama a dormir. En la mañana corrió al baño y se espantó al ver que su piel era oscura y sus ojos azules parecían casi negros. Pero esto solo se percibía cuando miraba su rostro de soslayo. Si enfocaba su vista, todo se veía normal.
Se obsesionó con  contemplarse en cuanto objeto reflectante hubiera a su paso. Se miraba en las ventanas, espejos, y hasta en el monitor apagado de su computadora. Y sí, era ella, pero no era ella al mismo tiempo. Empezó a temer por su cordura al percibir gestos que no le eran propios. Mas  no alcanzaba a verlos de frente. La intrusa se esfumaba apenas ella fijaba la vista en su imagen. Era como si, la otra, notase que ella la estaba observando.
De noche no podía dormir sintiendo que tenía a alguien más dentro. Pronto comenzó a tomar sedantes y a mezclarlos con alcohol.
«Tomarme una fotografía de frente, eso tengo que hacer», se dijo.
Sus manos temblaban cuando miró su teléfono móvil para ver la selfie que  se había sacado. El celular cayó al piso astillándose parte del cristal. Claramente se veía la cara de la intrusa de piel oscura, de su rostro ya no quedaba nada.
Con un trozo de vidrio comenzó a cortar sus ojos, su boca, su cuello. Gritaba a la vez que seguía mutilándose. Cayó al piso en medio de un charco de sangre.
— ¡No sé que le pasó! Escuché gritos y llamé al 911. Con esa piel tan blanca y esos ojos azules, aún muerta sigue siendo bella —dijo una vecina a los policías.
Seudónimo: Inconexa

27. LA LEYENDA DEL GRIFO. De Lancelot




El viejo rey y su hijo caminaban por los jardines del palacio mientras sostenían una acalorada conversación.
—¡Son todas habladurías, hijo! ¡Leyendas! No existen más que en la imaginación. No existen los grifos, como tampoco los dragones, las hadas ni las sirenas.
—¡Padre! ¡Lo he visto volando! ¡Es majestuoso! ¡He visto brillar sus plumas bajo el sol! Y no iré a combatirlo ¡No! Sólo iré a pedirle una de sus plumas de oro. Dicen que ellas conceden la inmortalidad ¿Sabes tú lo que significa? ¡Ser inmortal!
—La búsqueda de la inmortalidad ya ha matado a muchos guerreros hijo. Vive tu vida tal como es ¡No busques lo imposible¡ ¡No existe nada que te hará inmortal!
—Está decidido, padre —dijo el príncipe con voz firme—. Partiré al amanecer. Aguarda mi regreso. ¡Juro que hallaré a ese grifo!
Apenas despuntó el alba, el príncipe montó un negro corcel de pura sangre real y emprendió el camino.
En la cueva de una milenaria montaña, el grifo limpiaba sus áureas plumas con el filoso gancho de su pico mientras observaba la diminuta silueta del príncipe que comenzaba su ascenso por la escarpada ladera.
Entrecerrando los ojos con un gesto de satisfacción, recordaba otros tiempos, hace miles de años ya, cuando tuvo la brillante idea de crear la mentira de la inmortalidad que concedían sus plumas. La estupidez humana hizo el resto, difundiendo a través de los siglos la leyenda que, año tras año, atraía a jóvenes valientes y ambiciosos ante su presencia. Hombres que buscaban la inmortalidad. Igual que él, que para ser inmortal debía alimentarse de carne de caballo.
Y luego, para no estropear la leyenda, devoraba también al jinete.
Seudónimo: Lancelot